lunes, 11 de noviembre de 2013

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (142)

LA MAR: Estados y formas

“El Mar” : Es para aquél que lo ve, mira y observa desde tierra, y
“La Mar” : Para aquél que vive inmerso en ella.
Fue Platón el primero que llamó la atención sobre los marinos, a los que engloba en un tercer estado creado por él y para nosotros.
Decía Platón que el hombre pasaba por tres estados:
“Vivo, Muerto y Navegando”. Aseveración poco menos que simplista, viniendo de tan ilustre pensador, pero que sirve de presentación de los marinos al mundo de los terrícolas, que ha vivido, vive y seguirá viviendo de espaldas al mar, del que tiene un total y vergonzoso desconocimiento.
Para los marinos, La Mar, no es un concepto genérico como expresa la definición de la RAE., pues su extensión se circunscribe al círculo que abarcamos con nuestra mirada cuando nos apoyamos en la regala de nuestro barco, es nuestro horizonte, nuestro mundo; dos tercios de nuestra vida activa transcurren dentro de este círculo que cambia constantemente, unas veces es amplio y diáfano, y otras, oscuro, angosto y tenebroso.
En nuestra relación, como en la de cualquier pareja, hay momentos de calma y de dicha, dulces y sosegados, y otros, tensos, bruscos y turbulentos.

La mar, según su estado, formas y aspecto, los marinos la definimos con adjetivos que, a fuerza de ser usados, algunos de ellos han pasado como grados reglamentados en la escala “Douglas”, que define el estado de la mar según la altura de las olas, clasificándola, de menos a más, con los siguientes calificativos: Mar Calma, Llana, Rizada, Marejadilla, Marejada, Gruesa, Muy Gruesa, Arbolada, Montañosa y Confusa.

Además de estos términos reglamentarios, entre la gente de mar suelen emplearse otros que la definen de forma más expresiva y plástica:
Calma chicha,  Mar de Leva, de Fondo, de Capillo, Tendida, Larga, Sorda, Rodada, Picada, Cavada, Cabrilleada, Ampollada, Encrespada, Mares Encontradas.
Y otros muchos que, de vez en cuando, se le oyen a un viejo capitán ó a un avezado marinero: “Mar de donas”, “Mar de leche”, Mar de sonda”.

Según el rumbo con el que recala la mar a bordo, se le denomina como:
Mar de Proa, de Amura, de Través ó de Costado, de Aleta ó de Anca, y de Popa.

Explicar cómo es y cómo se manifiesta cada una de ellas, sería demasiado prolijo y, a veces, indescriptible, pues la mar se presenta y expresa de mil maneras: es impredecible.
Íntimamente ligado al estado de la mar, está el viento, tanto es así, que éste es su consecuencia, cuya fuerza está tabulada en la escala de “Beaufort”, numerada del cero al doce, y su denominación, como puede observarse, proviene de adjetivos empleados en el lenguaje coloquial marinero: Calma, Ventolino, Flojito, Flojo, Bonancible, Fresquito, Frescachón, Duro, Muy duro, Temporal, Borrasca y Huracán.

Sólo, como anécdota, diré que este afán nuestro, de los marinos, de considerarla femenina, llevó a denominar a los ciclones con nombre de mujer, hasta que una reivindicación del movimiento feminista logró que los nombres, de mujer y de varón, se alternaran cada año, ordenándolos alfabéticamente.

Ignacio Pantojo Vázquez
Socio-colaborador de la Academia

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3 comentarios:

  1. Escrito muy entretenido y muy ilustrativo, nos viene muy bien a los portuenses ahora que estamos viviendo a espaldas de la mar.

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  2. Magnífico manual para conservar y sacarlo a la luz, cada vez que queramos hablar del mar y de la mar. Me gustó mucho.

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