miércoles, 26 de febrero de 2014

CINE


En 1927 se estrenó “El cantor de jazz”, una película americana sin pretensiones pero que, aparte de varias canciones, incluía una escena, una sola escena, en la que Al Jolson, el protagonista, miraba a la cámara y pronunciaba la primera frase del cine: "¡Esperen un minuto: aún no han oído nada!". Después de esa frase nada fue igual y el cine mudo comenzó a ser algo del pasado. 


La primera totalmente hablada, sin embargo, sería "The lights of New York", de 1928.  Eso supuso una revolución en la historia del cine. Aunque algunos directores, como Chaplin, se negaban a aceptar el invento y se empeñaban en demostrar que las imágenes, y solo las imágenes bastaban para transmitir al espectador la historia que se contaba en la película, lo cierto es que todas las productoras adoptaron el invento y convirtieron sus films en sonoros.  La traumática transición del mudo al sonoro se refleja magníficamente en “Cantando bajo la lluvia de Gene Kelly y Stanley Donen.


En la década de los 30 prácticamente todas las películas son ya sonoras y los directores mas destacables de estos años irrumpen con fuerza en el panorama cinematográfico mundial, directores como Luis Buñuel (“Un perro andaluz”, “La edad de Oro”), William Wellman (“El enemigo público”), Frank Borzage (“Adios a las aemas”), Jean Vigo (“Zero de conduit”), Howard Hawks (“Scarface”), Michael Curtiz (“Casablanca”), Frank Capra (“Sucedió una noche”), William Wyller (“Cumbres borrascosas”), John Ford (“La Diligencia”), Rouben Mamoulian (“La reina Cristina de Suecia”), Ernst Lubitsch (“El bazar de las sorpresas”), Jean Renoir (“La bestia humana”), Raoul Walsh (“Los violentos años 20”), mientras en Japón lo hacía Kenji Michoguchi entre otros y en Rusia S. M. Eisenstein que rodaba Alexander Nevski.


La década de los 40 está marcada por la Segunda Guerra mundial y en ella podríamos decir que nace verdaderamente el cine moderno que reflexiona sobre la identidad de los personajes y en la relación entre ellos y los actores que los representan. Estados Unidos vive bajo los efectos de la Gran Depresión y el cine intenta llevar esperanza a una sociedad que no ve futuro o que el futuro que ve le da miedo. Ernst Lubitsch rueda “Ser o no ser”, Frank Capra, “Arsénico por compasión”, Preston Sturges “Los viajes de Sullivan”, John Ford “Las Uvas de la Ira” y un jovencísimo Orson Welles, proveniente de la radio que reinventaba el cine con su “Ciudadano Kane”. 

 Tras la guerra muchos directores hacen una reflexión sobre las causas que la originaron o el ambiente social que la propició como por ejemplo hizo Charles Chaplin en “El gran Dictador”.   


John Huston rueda “El halcón maltés” con la que inaugura un nuevo género, el “Cine Negro”, Otto Preminger “Laura”, William Wyller “Los mejores años de nuestra vida”, Max Ophuls “Carta a una desconocida”, Nicholas Ray, “Llamad a cualquier puerta”, Joseph L. Mankievich, “Carta a tres esposas” o Anthony Mann, “El gran Flamarión” y mientras tanto en Europa C. T. Dreyer nos ofrecía “Dies Irae” y en una Italia destrozada y arruinada, eclosionaba el movimiento neorrealista con directores como Rossellini (“Roma, cita aperta”), Vittorio de Sica (Ladrón de bicicletas”), Luchino Visconti (“La terra trema”) utilizando todos ellos el cine como una herramienta de comunicación con actores naturales, de la calle, sin estrellas, y en el Japón derrotado por los Aliados, Akira Kurosawa rodaba “La leyenda del gran Judo” y Yasujiro Ozu “Primavera tardía”. 

1 comentario:

  1. Estupendo, verdaderas lecciones de buen cine.

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