miércoles, 14 de octubre de 2015

04.FENICIOS, TARTESIOS Y GRIEGOS EN OCCIDENTE

¿Fundaron los fenicios Gadir en 1100 a.C.?
Diego Ruiz Mata / Catedrático de Prehistoria y Académico de Sta.Cecilia.
Anno octogésimo post Troiam captam( ..) tyria classis Gades condidit”
Veleyo Patérculo, Historia Romanorum,  I,2,3.

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Veleyo Patérculo, escritor romano de comienzos del siglo I d.C.,  nos transmite en este texto que ochenta años después de la caída de Troya, unos barcos fenicios navegaron a Occidente y fundaron Gadir. Lo que sucedió en 1100 a.C. Lo mismo nos han trasladado el geógrafo griego Estrabón, que escribió en  esa época, recogiendo tradiciones y relatos más antiguos, y algunos autores más. Pero ¿es cierta esta fecha? Es la pregunta de siempre,  repetida cien y mil veces. A  muchos alegra  y conforta decir que sí, pero con la duda de la certeza en el aire, a sabiendas que la contestación puede ser otra. Es decir, posponerla a unos siglos más tarde. Ha sido, y lo es, un tema que  ha engendrado muchas páginas y debates, y levantado pasiones. Procuraré contestar los aspectos esenciales, pues en numerosas ocasiones esta fecha ha arrebatado el puesto al concepto de la verdadera dimensión histórica fenicia en la Bahía.

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Hablando con unos colegas y amigos, nos resultaba paradójico que mientras  aspiramos a parecer y sentirnos más jóvenes, como el eterno niño volador Peter Pan del siglo XXI, o el profesor Gustav von Aschenbach de La muerte en Venecia de T. Mann, tras la visión del joven y hermoso Tadzio, acicalándose hasta el ridículo para aparentar ser más joven porque la vejez, con su firma imborrable, le impedía el goce y acercamiento a la belleza personificada en el adolescente polaco, o Dorian Grey cuyo retrato envejecía por él tras un pacto diabólico por la belleza de la juventud eterna, otros se sientan atraídos por lo viejo y por la vejez,  experimentando el síndrome de Matusalén, en referencia a ese anciano bíblico del Génesis que vivió casi mil años -969, se dice- y que es sinónimo de antigüedad, de larga descendencia y de ancestral.  Creen muchos que cuanto más antiguo sea el acontecimiento, adquiere mayor importancia.  Lo más viejo no es un factor negativo, pero no es siempre lo óptimo o el ideal que debe guiarnos. A veces, dudo incluso de la experiencia y de la sabiduría supuesta que emana en algunos.  O  cuando la  experiencia se emplea sólo como término recurrente de algo inexistente y sin fundamento,  y no como conocimiento  y sentido común o cordura. Giro la cabeza con los  ojos  abiertos y es esto lo que, a veces, veo y percibo muy cerca.

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La búsqueda y comprobación de la fecha antigua para la fundación fenicia de Gadir,  ha constituido el  objetivo científico más importante y casi obsesivo para algunos, quedando rezagado el significado histórico sustancial de las cambios y adaptaciones tecnológicas, sociales, económicas, culturales, religiosas e ideológicas de este evento extraordinario para la Bahía y Occidente. Se trata, en suma, de Oriente y Occidente, del fermento de Europa. Pero ahí está la fecha, 1100 a.C., en un puesto relevante y acaparador. En el fondo, creo que es una competición de afirmación y prestigio, o diría que es una suerte de complejo o quizás de arrogancia, donde la raíz más antigua confiere un plus de superioridad sobre los demás. Es aquí donde la vejez adquiere su importancia. No es infrecuente que algún personaje público  comience su discurso con la antigüedad de sus ancestros, no siempre por convencimiento o reconocimiento, sino por la petulancia del prestigio que concede lo antiguo, la Historia. Pero se le olvida muy pronto, sólo con pasar al siguiente párrafo del discurso.

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Y todo proviene de unos textos tardíos, transmitidos durante siglos sin interés de comprobación, y faltos de evidencias, hasta que la arqueología, más pausada y serena y con materiales menos ilustres en la mano, ha entrado en acción con su propio criterio. El más antiguo procede de Eratóstenes, que vivió entre el 280 y 195 a.C, recogido por Estrabón doscientos años después, y dice así: “…los cuales –los fenicios- navegaron por fuera de las Columnas de Heracles y fundaron ciudades, no sólo allí, y  también en medio de las costas de Libia –África-, poco después de la guerra de Troya”. Y este mismo autor, basándose este vez en Posidonio de Apamea, que anduvo por Cádiz hacia el año 100 a.C., nos informa que las primeras noticias sobre Iberia se deben a los fenicios, “dueños de la mejor parte de Iberia, de la Libia, desde antes de la época de Homero”. Y poco  después, C. Veleyo Patérculo, escribe que “…ochenta años después de la guerra de Troya (…), la escuadra tiria, la más poderosa en el mar, en la región más alejada de España, en el extremo del mundo conocido, fundó Cádiz en una isla rodeada por el océano próxima al continente y separada de él por un estrecho. Pocos años después, los mismos fundaron Utica en África”. Plinio el Viejo, que murió en el auxilio valeroso de unos amigos afectados por el volcán furioso del Vesubio en el año 79 d.C., y Pomponio Mela, nacido en Tingentera, un pueblecito cercano a Algeciras, se refieren a la fundación de Gadir, Utica y Lixus –en Larache- en las fechas indicadas, junto a sus templos dedicados a Melqart, y en referencia a la guerra de Troya. Son los textos más explícitos, causantes del debate, que han dejado cerradas y abiertas muchas preguntas y respuestas.

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Suponiendo que se haya conocido con certeza la fecha en que los aqueos saquearon Troya –cuestión improbable por ahora-, y transcurridos desde aquí ochenta años, los cómputos del tiempo dictaminan que Gadir se fundó hacia 1104-3 a. de C. y poco después Utica, en Túnez, y Lixus en el norte de Africa, más allá de las Columnas de Hércules. Éstas son las cuentas, mal calculadas, que han originado tal desasosiego y confusión. Pero plenas de intenciones.
Desde la época helenística advertimos la tendencia a ennoblecer  el origen de ciertas ciudades occidentales partiendo del episodio mítico o histórico de la caída de Troya, que Homero reflejó en La Ilíada en el siglo VIII a.C. Se ha sobrevalorado al poeta, y a su guerra versificada, como fuente histórica y temporal, lo que ha propiciado la confusión en una  sola las varias tradiciones relativas al extremo Occidente y que se ajusten vagamente las cronologías a la época de los héroes homéricos. Se entremezclan así realidad histórica, ficción y pseudo-erudición. Y el deseo de ensalzar los arriesgados viajes al remoto finisterre occidental en la mitología hizo que la bibliografía helenística se esforzara por hallar héroes epónimos fundadores de colonias. Pero ni conocemos cuándo se produjo el asedio y destrucción de Troya,  ni si  este acontecimiento tuvo realidad histórica. Homero, y su autoridad afianzada durante siglos, ha creado un hito histórico-temporal poco consistente, que ha cimentado la base de las dataciones fundacionales  fenicias occidentales, y entre ellas la de Gadir.  En un momento,  sospecho, en el que convenían estas exaltaciones y anclajes míticos con afanes nacionalistas e imperiales. Todas las ciudades ilustres antiguas debían tener su origen en Troya o en un héroe troyano. Un modelo repetido: la Historia-comodín como pretexto y excusa.

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Y ahora dejemos paso a la arqueología, con sus datos desprovistos de poesía, pero que muestran la mayor realidad posible y más cercana de la verdad. Los podemos tener en nuestras manos, como objetos sin habla aparente, pero con el calor de lo auténtico. Los trabajos arqueológicos en sitios fenicios, y muy pocas dataciones absolutas de C14, han producido respuestas más ajustadas y ciertas  que las de las fuentes escritas. Como conclusión se puede establecer que la presencia fenicia más antigua, hasta ahora conocida por los restos arqueológicos, se ha exhumado en la ciudad de Huelva, y se data al menos a mediados del siglo IX a.C. o poco antes. Lo muestran miles de fragmentos cerámicos tirios, griegos, procedentes de la isla de Eubea y sardos, recogidos en sus depósitos arqueológicos. Y otros contemporáneos se hallaron en la ampliación del aeropuerto de Málaga –Rebanadilla es el nombre del lugar.  Medio siglo después, a finales del siglo IX o a comienzos del VIII a.C. se fechan los restos más antiguos exhumados en el Teatro Cómico de Cádiz sobre el suelo natural y los del Castillo de Doña Blanca. Dataciones  coherentes con otras mediterráneas y la propia fundación de Cartago que, según los antiguos textos tuvo lugar hacia el 814 a.C., y así lo muestran sus restos arqueológicos y el C14.  Por este tiempo se fundó Lixus –Larache-, en la costa norteafricana, y unos años antes Utica en las costas de Túnez. La fecha de 1100 a.C. no deja de ser ahora la bella historia de un sueño que ha despertado, una esperanza rota, mientras sólo contaban los textos escritos. La arqueología ha mostrado que Cádiz y CDB se fundaron hacia el 800 a.C. Creo que los que dijeron “si” a la pregunta inicial, con el uso de los textos, deben decir “no” con la evidencia arqueológica que poseemos.

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Con franqueza, estimado lector, creo que poco importa la conquista de Troya y la fecha de 1100 a.C. para la fundación de Gadir. Lo que hay que resaltar es el comienzo de una época que supuso el origen de la civilización occidental, la vinculación de Oriente, el Mediterráneo y Occidente, a la que se unieron Roma y el Cristianismo más tarde, y que perduran y se transmiten en nuestros genes culturales. Y termino con una frase de Fernand Braudel, muy a propósito y que siempre menciono por concisa y explícita: “Haber sido es una condición de ser”. Qué suerte haber sido, tener la referencia de la Historia. Pero para seguir siendo es preciso haber sido y creerlo con firmeza. La duda irreflexiva, las cortinas de los párpados cerradas al pasado, son los síntomas de un tiempo agonizante y de su falta de  dignidad histórica. No sé si  importa mucho, hoy.

La próxima semana: 

ARTICULO 5 (23 de octubre)

“El vino, sangre de cepas, en Occidente”


1 comentario:

  1. Me ha parecido muy interesante... Me gusta saber la realidad y no lo conveniente o satisfactorio de las cosas... Lo realmente importante es la verdadera secuencia de la Historia, para comprender y admirar su evolución, comprendiendo las circunstancias que encerraba cada momento...

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