lunes, 12 de octubre de 2015

CINE

WOODY ALLEN: A RATIONAL MAN

Tras su presentación en el Festival de Cannes y su paseo por otros festivales, se proyecta en nuestras pantallas la última película de Woody Allen. Yo la vi en San Sebastian.  No falla. Cada año el viejo filósofo cinematográfico y clarinetista aficionado, nos ofrece una nueva película para goce y satisfacción de todos cuantos le admiramos en el mundo, que somos muchos. Los demás, aquellos para quienes Woody Allen solo es un buen director, pero uno mas, han recibido la película con agrado, han considerado ¡Faltaría mas!, que es una buena película, pero no se han entusiasmado, sin embargo para los que seguimos y amamos la obra de este profesor despistado, nos ha maravillado. Yo, a la vuelta de San Sebastian, al comprobar que se estaba proyectando aquí, no dudé en volver a verla.


       Cada cierto tiempo Woody Allen decide escribir un guión sobre un asesino sin remordimientos, asesinos sin causa, asesinos que creen no estar cometiendo un acto inmoral, algo que nos recuerda el planteamiento que Hitchcock utilizaba en “La Soga”. Y recordar a Hitchcock en este caso, no es gratuito porque la decisión del protagonista de la película de cometer un crimen sin temor a ser descubierto recuerda mucho al que el mago del suspense nos presentaba en “Extraños en un Tren”, pero Woody Allen no necesita recurrir a otros directores para inspirarse pues puede hacerlo mirándose a sí mismo, observando su propia obra pues  él mismo ya lo había hecho en películas como “Faltas y Delitos”, “Balas sobre Broadway”, “Misterioso asesinato en Manhattan” o “Match Point”.

      De niño le interesaban tres cosas, el béisbol, la magia y los asesinatos y de esto último nos habla en esta película en la que explora la infidelidad y la muerte. 

       Uno los principales aciertos de la película es el estudio de los personajes.  Joaquin Phoenix es un profesor de filosofía cuyo físico es perfecto para retratar a un tipo problemático y confuso porque la expresión corporal de este actor, opina Woody Allen, le hace extremadamente expresivo en todos sus actos, al andar, al hablar o simplemente al sentarse.  Este hombre no ama la vida, pasa por ella sin ilusiones, sin perspectiva, le da lo mismo vivir que morir hasta que un hecho fortuito le hace salir del letargo existencial en el que se encuentra sumido y consigue volver a sentirse vivo y a encontrar un sentido al hecho de vivir.   Emma Stone por su parte es la alumna subyugada ante la personalidad del profesor pero con unos principios morales muy arraigados lo que no le permite entregarse de forma incondicional.  Su novio, interpretado por Jamie Blackley,  es lo decente, lo moral, lo deseable, lo otro no es mas que un fogonazo, un destello momentáneo capaz de cegarla pero solo por un momento.  Parker Posey, por su parte, es la profesora adulta, casada, insatisfecha que ve en Joaquin Phoenix un camino de liberación. La aparente mujer frívola sin prejuicios, nos demuestra según avanza la película que no es en realidad una aventurera, que no busca solamente  sexo, sino una relación que la haga sentirse libre, El “campus” en el que se desarrolla la historia es un lugar cerrado, lleno de cotilleos, maledicencia y envidias. Ella quiere irse a España, quiere un mundo menos autocomplaciente.


El azar es otro de los elementos presentes en muchas de las películas de Woody Allen y aquí también aparece e influye fatalmente en el desenlace de los problemas al igual que ocurría en “Match Point”. Una pequeña linterna cuya luz apenas sirve para poder leer una nota en la oscuridad es capaz de cambiar el desenlace de la historia.

De nuevo Vuelve Woody Allen a darnos una lección de cómo contar cinematográficamente una historia, con sencillez, con inteligencia y con seguridad en sí mismo. Esto lo saben los actores que elige para sus películas que no dudan en acudir a su llamada. Hay pocos proyectos que merezcan la pena y los actores de talento y cuando disponen de dos semanas libres entre superproducción y superproducción, aprovechan para trabajar con él.  Asi lo explicaba el propio Woody Allen.
Jesús Almendros Fernández
Socio Colaborador de la Academia

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