miércoles, 18 de noviembre de 2015

Populismo y diccionario

Tanto va el cántaro a la fuente que se rompe. Así dice un dicho popular y así parece que ocurre con el reconocimiento de nuevas palabras por parte de la Real Academia de la Lengua. Esta alta Institución en su empeño por estar a la onda y ahorrarnos esfuerzos, acepta términos que hasta entonces eran barbarismos o coloquialismos.  

Quizás porque vivimos en una época donde se corre más que se anda, donde una imagen vale más que mil palabras, o un millón de ellas, la Academia asume que es más importante el fondo que la forma, el contenido que el continente aunque esto vaya en contra de la misma esencia de su cometido, velar, pulir, preservar, fomentar y proteger nuestro idioma. En su afán por estar con el pueblo, que prefiere el espectáculo vacuo, la diversión instantánea, el morbo y la complacencia de su propia imagen, decide que es mejor evitarnos problemas, y que si no queremos pronunciar todas las letras, o añadirmos de más, no pasa nada. ¡Qué importa una letra de más o de menos! “Asín” se acepta por así, “toballa” que no es por cobaya sino por toalla y otubre como setiembre.

Si me atraganto, Dios no lo quiera, con “almóndigas”, “madalenas” y ”moniatos” mientras digo “crocodilo” las pasaré canutas cuando acuda al “dotor” porque me he dado cuenta que llevo toda la vida pronunciando la “c” sin ser consciente. Puede que sea antigua por estar empeñada en hablar con corrección pero ahora van y ¡plaf! me birlan letras.  

Además nos regalan otras palabras que desconocía como culamen para referirse a una parte de nuestra anatomía posterior con incontables sinónimos como, trasero, posaderas o pandero… Y bluyín, que además de colorida y palabra compuesta, aunque cueste imaginárselo, se refiere a una prenda de vestir conocida también como vaqueros o blue-jeans.  

Porque en esta sociedad de consumo al igual que nos hemos invadido con la comida rápida o fast food hemos elegido la comodidad al esfuerzo, la despreocupación a la perseverancia y la flexibilidad al rigor. Y no deberíamos olvidar, como dice George Orwell que ”si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento”. ¿Se trata de eso?

Rocío Pérez Izquierdo
Colaboradora de la Academia


4 comentarios:

  1. Coincido con todo lo que dice el artículo y creo que la frase de Orwell es completamente cierta. Enhorabuena.

    ResponderEliminar
  2. Como el diccionario tenga como política ir recogiendo todas las barbaridades que decimos pronto no habrá suficiente papel para imprimirlo.

    ResponderEliminar
  3. No puedo estar más de acuerdo contigo, Rocío. Enhorabuena por tu oportuno artículo.

    ResponderEliminar
  4. Estupendo artículo Rocío .Que bien expresas lo que muchos opinamos .

    ResponderEliminar