martes, 8 de marzo de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (254)

Preguntas de un ciudadano corriente


Ese ciudadano corriente, nacido en una provincia andaluza y empadronado en El Puerto, tiene curiosidad por conocer lo que sucede, y lee los periódicos digitales de diferentes tendencias, incluso los deportivos –los domingos los compra en papel-, oye la radio cuando puede, y alguna noche busca programas televisivos de debate, a sabiendas de que no informan pero aleccionan bien.  Incluso lee algo de literatura y ensayos. En tiempo electoral ojea,  e incluso lee, algunos aspectos de los diversos programas, con frecuencia poco explícitos, y con promesas atractivas e imposibles que seducen sin resistencia a los que necesitan que se les muestre la luz verdadera.  Todo en nombre del progreso y del cambio, como si fueran pociones mágicas que todo lo sanan, y cuyas fórmulas sólo conocen los elegidos. Cree que palabras, tan atrayentes y milagreras,  significan poco o nada, porque con demasiada frecuencia quienes las pronuncian no las entienden o las oscurecen. Resuenan bien, gustan, y es suficiente. Levantan aplausos y prometen la felicidad. No, gracias.

Ese ciudadano no comprende por qué se anteponen los intereses de los partidos a los del ciudadano, que para servirlo se concibieron, salvo que se  actúe como una gran empresa mal gestionada.Tampoco los pactos forzados y divergentes, pero que  encuentran afinidades inexplicables ante el ciudadano estupefacto. Y menos justifica la obsesión por permanecer clavados en los asientos para siempre.  Duda si la política sirve o se sirve, si es una dedicación momentánea, y en este caso  loable, o profesión duradera, reprobable. Se pregunta, con curiosidad, qué  mueve a la corrupción, a la avaricia y a la acumulación. Respuesta conocida.

No entiende una España vertebrada, en una Europa que unifica, ni comprende las razones de tantísimas vértebras, administraciones públicas y oficinas repetidas, que confunden y entorpecen más que aclaran.  Tampoco los motivos de tantos planes de estudio en tan escaso tiempo -7 en 33 años-, que debemos interpretar fallidos. Y le apesadumbra ver cómo la universidad renuncia a ser un referente cultural e intelectual, además del formativo. Y este ciudadano, que lleva años paseando por su ciudad, asiste a la muerte silenciosa de su casco histórico y al nacimiento de nuevas vidas en otros espacios. Así debe ser. Pero se pregunta cómo ha revertido tanto impuesto generado, aún en porcentaje mínimo, en su ciudad moribunda, para que respire y pueda ser también fuente de ingresos. El ciudadano piensa en un paro menguante y en un empleo creciente.




Y recuerda a Juan de Mairena-A. Machado (1936),  cuando dicen que“si se tratase de construir una casa, de nada nos aprovecharía que supiéramos tirarnos correctamente los ladrillos a la cabeza. Acaso tampoco, si se tratara de gobernar a un pueblo, nos serviría de mucho una retórica con espolones”. Gracias por tan sensatas y actuales palabras. El ciudadano no comprende tanta inquina y tanto odio como acicates para el progreso de la nada.
Diego Ruiz Mata
Académico de Santa Cecilia

2 comentarios:

  1. Artículo mesurado, sensato y elegante que dice mucho con pocas palabras, lo contrario que hacen nuestros políticos: hablar mucho y decir muy poco.

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  2. Magnífico artículo. Nos viene muy bien a todos los ciudadanos que nos lo recuerdes y zarandees y, magnífico final donde el apócrifo Juan de Mairena, nos advierte, con tan sensata sentencia.

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