domingo, 25 de septiembre de 2016

MÚSICA CLÁSICA EUROPEA: LA ÓPERA (04) "Carmen"


Carmen, opéra cómica en cuatro actos de Georges Bizet
Libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy sobre una narración de Prosper Mérimée
Fue estrenada en la Opéra Comique de París (Salle Favart) en 1875
La acción se sitúa en Andalucía hacia 1820.
ACTO I 

En una plaza de Sevilla, donde se levanta la Fábrica de Tabacos y el cuartel de un regimiento de caballería, un grupo de soldados fuman y comentan la animación de las calles. Entra Micaëla, una bella y tímida muchacha rubia, que pregunta al sargento Moralès por el cabo don José.  Moralès comunica a don José la visita de una joven y bella muchacha –que el soldado identifica rápidamente con Micaëla – don José acaba de llegar a Sevilla, aunque navarro de origen, se ha visto obligado a huir porque en una disputa había herido a un muchacho.
En Sevilla se enroló en el regimiento militar, mientras que su madre, que había recogido de pequeña a Micaëla al quedar huérfana, vivía con ella en los alrededores de Sevilla para estar cerca de su hijo. Las muchachas  de la fábrica de tabacos salen fumando y riendo, y aparece «Carmencita» nuestra protagonista, bella y provocativa. La cigarrera canta la celebérrima «habanera» –«L’amour est un oiseau rebelle.
Al percibir que don José no la ha escuchado, reacciona con irritación y, provocativamente, le tira a la cara la flor prendida en su corpiño, como si de una bala se tratase. Entra de nuevo Micaëla, que lleva a don José noticias, dinero y una carta de su madre. La tierna escena entre el soldado y la ingenua y dulce muchacha cambia la atmósfera y ambos evocan sus orígenes. Micaëla besa con ternura a don José de parte de su madre; después lee la carta, en la que ésta le pide que vuelva y le recomienda casarse con Micaëla.
Carmen y una tal Manuelita han discutido y la gitana es detenida y enviada a la cárcel, utiliza sus artes de seducción para hacer caer a don José y le canta, burlona, la conocida seguidilla «Près des remparts de Séville», en la que le declara que su corazón está libre y dispuesta a quererlo a él. La tierna declaración de la gitana vence la ya casi inexistente resistencia del soldado. Cuando salen hacia la cárcel, ella le propone en voz baja que cuando estén en el camino se deje abatir por ella y que el resto es cosa suya, y pronto desaparece en medio de la sorpresa de todos y las risas de las cigarreras.

 

ACTO I I 

En la taberna de Lillas Pastia, lugar de mala fama y guarida de contrabandistas, aunque también lo frecuentan oficiales del regimiento, vemos a Carmen, con dos amigas gitanas, Mercédès y Frasquita.  Lillas Pastia recuerda a Carmen que el pobre don José, degradado y encarcelado por su comportamiento, salió ayer de la cárcel, afirmación que causa cierta impresión a la gitana. 
Entran dos contrabandistas, el Dancaïre y el Remendado, que se han puesto de acuerdo para trasladar a las montañas unas mercancías desembarcadas secretamente en la costa y consideran que en la expedición deben participar las gitanas, cuyo papel es decisivo para seducir a los aduaneros. Pero Carmen anuncia con firmeza que no piensa ir con ellos, como había hecho siempre, porque está enamorada de don José, encarcelado por su culpa. Los contrabandistas opinan que la solución es que el soldado se una a la cuadrilla.  Se presenta don José en la taberna, pero el soldado hace valer su sentido del honor, que le impide desertar.
En la siguiente escena de amor entre los dos se evidencia la diferencia enorme entre sus caracteres. Ella le despierta unos vivos celos y decide bailar sólo para él. Cuando el soldado detiene el baile para decirle que debe partir irremediablemente al cuartel, tras sonar la retreta, la irritación de la gitana es enorme y le insulta y ridiculiza. La confesión de amor de don José es una página de gran belleza, en que le muestra la flor que ella le había arrojado cuando se encontraron, que guarda en su casaca. Carmen intenta convencerle de que deje el regimiento y huya con ella a las montañas junto con los contrabandistas, pero el soldado rechaza la vergüenza e infamia de desertar de su bandera y, haciendo  un enorme esfuerzo de voluntad, decide dejar a Carmen para siempre. El destino trastoca sus planes y don José ya no tiene otra opción que unirse a Carmen y su gente. Ella lo consuela diciéndole que ya se acostumbrará a la nueva vida y el grupo de las tres mujeres y los contrabandistas reanudan a coro el elogio idealizado de la vida errante de los que están fuera de la ley.



 ACTO I I I 

En un paraje montañoso, pintoresco y salvaje, llegan los contrabandistas con grandes bultos. Una discusión entre Carmen y don José, al margen de los otros, evidencia el gran deterioro de su relación. Él le pide perdón por los reproches e impertinencias, ella no está dispuesta a concedérselo e incluso le dice que le ama mucho menos que antes y que acabará por no amarle. La gitana se va con las otras gitanas que están empezando a interrogar a las cartas para adivinar su futuro y las tres mujeres cantan el célebre «trío de las cartas», que en las amigas tiene un tono juguetón y frívolo, pero que cambia bruscamente cuando es Carmen quien coge la baraja y ve en ellas la muerte.
Comienza una lucha entre el torero Escamillo y don José, el soldado no quiere sino morir o matar y cuando el torero  tiene la mala fortuna de resbalar y caer, se dispone a acabar con él. La llegada de Carmen, que detiene su brazo, salva la vida del torero. Escamillo da las gracias a Carmen, expresa a don José que luchará con él por la mujer otro día y se marcha tras invitarlos a todos –en especial a Carmen– a la corrida de Sevilla. La amenaza de don José a Carmen, al manifestarle que está harto de sufrir, está repleta de amargura.


Cuando se disponen a salir advierten la presencia de Micaëla. La muchacha trae al soldado un mensaje de su madre, que quiere verle. Carmen le aconseja que se vaya con Micaëla, que el oficio de contrabandista no está hecho para él, siendo la reacción de don José de nuevo consecuencia de unos celos enormes, ya que considera que desea verle desaparecer para correr detrás de su nuevo amante. Afirma que la cadena que los une será hasta la muerte, y que no se irá, lanzándose en un nuevo ataque de violencia sobre Carmen y echándola al suelo entre imprecaciones. Micaëla consigue dar la noticia de que en realidad la madre de don José se está muriendo y quiere verle y perdonarlo antes de su final. El soldado se ve así obligado a seguirla, pero aún puede decir a Carmen amenazadoramente que volverán a verse. Don José y Micaëla salen en una dirección y los contrabandistas, con Carmen, por la contraria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario