martes, 7 de febrero de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (296)

DOS BANDERILLEROS DE POSTÍN

             Estamos en el mes de febrero, no es mes taurino aunque en época no muy lejana era mes de festivales, muchos de los cuales tenían carácter benéfico, y en los que matadores y novilleros se ponían a punto para iniciar la temporada. Estamos más bien en época de carnavales, por lo que vamos a intentar utilizar el “tipo” de banderillero, es decir el traje de banderillero, para hablar de dos personajes muy vinculados a la tauromaquia.


            Hubo “ilustres” de la generación del 27, generación proclive a la fiesta nacional, que hubiesen dado lo que no tenían por pisar el albero, aunque todo quedó en esa especie de suspiro último de una de las letrillas de Benítez Carrasco, “quiso ser un gran torero,/ pudo ser un gran torero/ más grande que los demás,/, pero …”. Ortega y Gasset declaró en una ocasión “hubiera cambiado mi fama por la gloria que sólo es dable a un matador de toros”; también Manuel Machado, sin aspirar a tanto y conformándose con menos, declaró “antes que poeta, hubiera preferido ser un buen banderillero”; por su parte, Federico García Lorca llegó a proclamar “creo que los toros es la fiesta más culta que hay en el mundo”. Ellos expresaron su deseo, pero …

Sin embargo, un portuense de nacimiento y de nombre Rafael, obligado por las circunstancias, se vio obligado por ciertas circunstancias a realizar el paseíllo en una ocasión a las órdenes de su amigo Ignacio Sánchez Mejías; fue el 30 de junio de 1927 en la plaza de Pontevedra. Rafael vistió un traje naranja y negro que Ignacio había utilizado durante el luto por su cuñado. Posteriormente, Alberti escribiría: “con cierto encogimiento de ombligo, desfilé por el ruedo entre sones de pasodobles y ecos de clarines. Después, cuando el primer cornúpeto, tremendo y deslumbrado, se arrancó pasando entre las tablas y mi pecho, comprendí la astronómica distancia que media entre un hombre sentado ante un soneto y otro de pie y a cuerpo limpio bajo el sol, delante de ese mar, ciego rayo sin límite, que es un toro recién salido del chiquero”.




Años más tarde, en 1958, el 25 de mayo se anunció en la plaza francesa de Bayona una corrida con Luis Miguel, Antonio Ordóñez y Guillermo Carvajal con toros de Carlos Núñez. La plaza lucía el cartel de “NO HAY BILLETES” y a un gran aficionado, Carlos Alfonso Mitjans y Fitz James-Stuart, Conde de Tebas, no se le ocurrió otra cosa con tal de asistir a la misma que acudir al hotel donde se vestía Luís Miguel para solicitarle una entrada. No quedaba ninguna y Luís Miguel le ofreció ver la corrida desde el callejón si previamente hacía el paseíllo vistiendo un traje crema y plata que había estrenado la temporada anterior en Madrid. Así se hizo y el Conde de Tebas, elegante, un “gentelman”, uno de los mejores tiradores de perdices y campeón del mundo de tiro a pichón, pisó el albero francés y pudo ver la corrida desde el callejón.

Dos personajes, Rafael Alberti y el Conde de Tebas, ambos vistieron el “tipo” de banderillero sin correr el toro a una mano y sin clavar en lo alto un par de banderillas, dos banderilleros de postín, pero…
Vicente Flores Luque
Académico de Santa Cecilia

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