miércoles, 21 de junio de 2017

STONEHENGE. Solsticio de verano

Hace miles de años, el ser humano empezó a observar las estrellas en busca de patrones y reglas que lo ayudasen a entender el mundo.


En el solsticio de verano, el Sol salía justo atravesando el eje de la construcción, lo que hace suponer que los constructores tenían conocimientos de astronomía. El mismo día, el Sol se ocultaba atravesando el eje del Woodhenge, donde se han encontrado multitud de huesos de animales y objetos que evidencian que se celebraban grandes fiestas, probablemente al anochecer.



Stonehenge, localizado a cien kilómetros al oeste de Londres, en la llanura de Salisbury, se encuentra uno de los monumentos megalíticos, tipo crómlech, de la Edad del Bronce, más inquietantes de la humanidad. Con sus colosales rocas, cuyos pesos varían de dos a treinta y cinco toneladas, es la construcción megalítica más fascinante de la historia. Su construcción se remonta a la noche de los tiempos, a civilizaciones que no dejaron a su paso escritos que nos permitieran conocer con seguridad su origen.

Nadie conoce el origen de este complejo milenario, pero algunos lo fechan sobre 3000 a. C. En la Edad Media, ya existía la creencia popular de que el conjunto era un círculo de gigantes petrificados, de allí que se le conociera como la "Danza de los Gigantes". Pero hay otras leyendas que sugería que las piedras fueron llevadas allí por el Mago Merlin, desde Irlanda, con la ayuda de unos "artefactos", para conmemorar un entierro masivo de bretones. Lo cierto es que el pueblo sajón les recordaba las vigas en las cuales colgaban a los criminales, por lo cual empezaron a conocerlo como "Stonehenge" (La horca de piedra o la piedra del colgado).

Está formado por grandes bloques de piedra distribuidos en cuatro circunferencias concéntricas. La exterior, de treinta metros de diámetro, está formada por grandes piedras rectangulares de  arenisca que, originalmente, estaban coronadas por, dinteles también de piedra, quedando hoy en día sólo siete en su sitio. Dentro de esta hilera exterior se encuentra otro círculo de bloques más pequeños de arenisca azulada. Éste encierra una estructura con forma de herradura construida con piedras de arenisca del mismo color. En su interior permanece una losa de arenisca micácea conocida como «el Altar».

Todo el conjunto está rodeado por un foso circular que mide 104 m de diámetro. Dentro de este espacio se alza un bancal en el que aparecen 56 fosas conocidas como los «agujeros de Aubrey». El bancal y el foso están cortados por «la Avenida», un camino procesional de 23 metros de ancho y 3 kilómetros de longitud, aproximadamente. Cerca se halla la «Piedra del Sacrificio». Enfrente se encuentra la «Piedra Talón». Está compuesto de un gran círculo de grandes megalitos  cuya construcción se fecha hacia el 2500 a. C.   El círculo de arena que rodea los megalitos está considerado la parte más antigua del monumento, habiendo sido datada sobre el 3,100 a. C.

En su comienzo era un monumento circular de carácter ritual rodeado por un talud y un foso, de modo similar a muchos otros situados en el sur de Inglaterra.
Finalmente el monumento tomó su aspecto actual, para lo cual transportaron 32 bloques de arenisca desde las montañas de Preseli, al suroeste de  Gales y la piedra del «Altar» fue traída desde una región cercana a Milford Haven. Se especula actualmente con la posibilidad de que se hubieran movido utilizando bolas de madera o piedra o cojinetes  a modo de rodamientos, y no con troncos como se pensó originalmente.
La finalidad que tuvo la construcción de este gran monumento se ignora, pero se supone que se utilizaba como templo religioso, monumento funerario u observatorio astronómico que servía para predecir las estaciones.



 Han sido encontrados 240 enterramientos de restos humanos previamente cremados, datados entre el año 3030 y 2340 a. C.  Dado el poco número de entierros para un período tan largo, se estima que no se trata de un cementerio para la generalidad de los muertos sino para determinadas personas escogidas. Para los paganos, la piedra era el símbolo de lo eterno; servía para marcar o delimitar puntos energéticos terrenales (telúricos) y hasta para albergar espíritus elementales. Así es que Stonehenge podría haber sido utilizada junto con Woodhenge en ceremonias religiosas de culto a los muertos y a la vida, tal vez simbolizada por el círculo de madera. 

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