viernes, 21 de julio de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA: Capítulo IX, (2). Compositores del Clasicismo.

Luigi Boccherini (1743- 1805)
            Compositor italiano, nacido en la ciudad toscana de Lucca, donde tomó las primeras lecciones de violonchelo de la mano de su padre. A los catorce años ya estudiaba y daba conciertos en Viena. Durante siete años realizó giras junto a su padre por toda Italia antes de obtener un puesto en una orquesta de su ciudad natal. Las crónicas describen al joven Boccherini como un intérprete cautivador y sensible. En sus viajes a Viena, nutrió su formidable talento para componer y desarrolló una especial afinidad hacia la música de cámara que conservaría toda su vida. A los veintisiete años entró al servicio del infante don Luis de Aranjuez, como compositor y virtuoso de cámara, y desde entonces, ya con nacionalidad española, permaneció en España donde ostentó importantes cargos en la corte.     
Entre los numerosos compositores de la historia de la música, pocos fueron violonchelistas, y aún menos virtuosos o notorios intérpretes de este instrumento. La excepción es Luigi Boccherini, compositor que revolucionó la técnica del violonchelo, compuso para él música de cámara de una dificultad sin precedentes y lo elevó al rango de instrumento solista igual que el violín o el piano.
Como compositor tiene gran importancia musical, pues, aunque italiano, durante su estancia en Viena, aprendió y adquirió muchas de las particularidades de la escuela vienesa. Sus sinfonías se parecen mucho a las de Haydn, cuya influencia sobre él fue importantísima, tanto que alguien le puso el mote irónico de <<Sra. Haydn>> por la forma de expresión de su interpretación, mucho más suave y menos viril que la del <<padre de la sinfonía>>.
El famosísimo minueto de Boccherini, perteneciente al Quinteto de cuerda, Op.13, aparte de otras muchas obras, está fuertemente influida por su larga estancia en España. El acompañamiento de guitarra de este quinteto resulta de un bellísimo efecto.

Fue un prolífico compositor cuya obra comprende, nada menos que:
§  Más de noventa cuartetos de cuerda
§  Ciento trece quintetos
§  Veinte sinfonías
§  Una ópera (con libreto del famoso sainetero madrileño don Ramón de la Cruz).
§  Obra religiosa (más de quinientas partituras)
§  Gran cantidad de música de cámara
§  Quinteto de cuerdas nº60 en Do mayor

Esta última es una de las pocas obras programáticas de Boccherini que describe escenas nocturnas familiares para los madrileños.




Wolfang Amadeus Mozart (1756-1791)

           Johannes Chrysostomus Wolfangus Amadeus Mozart, nombre grande para un genio grande, uno de los más grandes compositores de todos los tiempos. A su música se recurre hoy tanto para resolver dificultades en el aprendizaje infantil, como para aumentar la producción lechera de las vacas.

            Nacido en Salzburgo, ya a la edad de tres años mostraba interés por el teclado, lo que su padre aprovechó para incentivar su instrucción, tanto que con sólo cuatro años ya compuso su primera pieza para clavicordio. Mozart era de naturaleza extraordinariamente cariñosa y sensible, amaba muy especialmente a su padre, autor de un método para violín que, aún hoy, sigue siendo muy apreciado. Fue un excelente maestro para su hijo.
            J.A. Schachtner, su amigo de la infancia y trompeta de la corte, poco después de la muerte de Mozart, escribió una carta en la que describe una semblanza de la personalidad de su amigo, cuando todavía eran niños:
<<…Inmediatamente se dedicó a su música, tenía el pensamiento muerto para todo lo demás, y hasta sus juegos infantiles tenían que transcurrir con acompañamiento de música si habían de tener algún interés para él. Cuando nosotros – él y yo - trasladábamos los juguetes de una a otra habitación, el que llevase las manos vacías tenía que cantar o interpretar una marcha al violín… Como sabéis, me tomó tanto afecto que me preguntaba, diez veces al día, si yo le quería, y cuando una vez le contesté “NO” en broma, sus ojos se llenaron de lágrimas. Tan tierno y cariñoso era su corazoncito…>>.
            Después de  tocar en el Palacio Imperial de Viena ante la princesa María Antonieta, el pequeño Wolfang, con  sólo siete años de edad, se declaró con deliciosa franqueza y subiéndose a su falda besó a la emperatriz. Animado por la acogida dispensada, la familia emprendió una gira de más de tres años por Alemania, Francia, Inglaterra, Holanda y Bélgica, en la que él y su hermana María- Anna, tocaron para los reyes Luis XV de Francia, Jorge III de Inglaterra, Guillermo V de Orange, y para el joven Goethe.
Este último lo recuerda: <<…con peluca y espada, improvisaba, añadía la línea del bajo a cualquier melodía, leía música a primera vista y tocaba con los ojos y el teclado tapados con una tela>>.
Durante la gira (1763-1766), Mozart evolucionó musicalmente gracias a su asombroso poder de absorción que, en tan corto periodo de tiempo, había llegado a dominar todos los estilos y formas posibles. En Londres tuvo la suerte de encontrarse con Johann Christian Bach, hijo menor de J.S. Bach, compositor cuya elegancia admiraba y a través del cual conoció las últimas evoluciones musicales.

         Compuso piezas para teclado, música de cámara y sus primeras sinfonías en el estilo de su admirado compositor y amigo. Hay que destacar, también en Londres, el interés que despertó por él el científico inglés Daines Barrington,  quien realizó una investigación completísima sobre las capacidades del genio que Mozart improvisara  arias; que expresara con música sus sentimientos: el amor y la cólera, su tristeza y su alegría; que ejecutara difíciles modulaciones, etc. Quedó tan impresionado por los resultados que escribió un detallado informe sobre su personalidad para el <<Transactions de la Royal Society>>, que lo declaró como << un milagro de la música y un monstruo de la naturaleza>>.

En 1769, padre e hijo, fueron a Italia. En Bolonia, Mozart, recibió sus últimas lecciones de contrapunto del padre Martini, uno de los teóricos más famosos de la época. Durante su estancia, visitó la basílica de San Pedro de Roma, donde escuchó, por primera vez, el famoso miserere de Allegri – cuya partitura se mantenía bajo llave, pues estaba  prohibida su interpretación fuera de San  Pedro pero él transcribió de memoria las ocho partes de las que consta la obra. Al día siguiente, con su manuscrito oculto en el sombrero, volvió para escuchar de nuevo la obra y corregir algunos errores. Este hecho llegó a oídos del Papa que, en vez de disgustarse por haber violado la prohibición, durante su estancia en Roma, le nombró caballero de la Orden de la Espuela de Oro.

Después de su estancia en Italia, regresó a Salzburgo donde llevó una vida tranquila, durante tres o cuatro años, como músico al servicio del arzobispo Colloredo, hombre intransigente que no supo apreciar debidamente su talento. Por esto y porque el ambiente estrecho y aburrido de Salzburgo limitaba su salida profesional, ya no se sentía a gusto, a pesar de ello, el tiempo que pasó en la ciudad fue muy fecundo.

Tras la primera gira de conciertos, Mozart compuso un buen número de misas, arias, sinfonías, serenatas y divertimentos. Los logros más destacados de sus catorce primeros años, fueron las óperas: <<La finta giardiniera>> y <<Bastian y Bastiana>>, que a pesar de ser obras de su infancia dan una clara muestra de la capacidad de Mozart para distinguir entre los dos géneros, pues si la primera es una típica ópera bufa italiana, la segunda es una ópera alemana, en las que revela  un instinto excepcional para la caracterización musical, sobre todo en su obra <<Mitriadate>>, extensa ópera seria que compuso a los catorce años.
En 1777, Mozart, se fue a París con su madre para realizar la que fue su última gira importante del compositor. Durante esta gira tuvo la oportunidad de escuchar la famosa orquesta de Mannheim, y allí, por primera vez, oyó tocar el clarinete, instrumento que, poco a poco, se convirtió en su predilecto, pues consideraba que era el más próximo a la voz humana.

También en París, Mozart, conoció a la joven y encantadora cantante Aloysia Weber, su primer amor al que ella no correspondió, y su relación tuvo un brusco fin. Por este motivo y por el escaso interés que los músicos y melómanos de la ciudad mostraron por él, París fue una amarga desilusión. Esta situación se agravó cuando en el verano de 1778, tras una repentina enfermedad murió su madre, lo que le obligó a regresar inmediatamente a Salzburgo.

Allí volvió como compositor, organista de la iglesia y director del coro, de nuevo al servicio del arzobispo Colloredo. Su relación con el arzobispo se hizo cada vez más difícil, pues seguía sediento de libertad y solicitaba, con demasiada frecuencia, permiso para  realizar giras de conciertos que irritaban al arzobispo. En 1781, lo convocó a Viena donde tuvo lugar una tensa discusión, la última, que desencadenó la expulsión de la habitación y el cese de los cargos del compositor.

A pesar del ambiente tan poco propicio que vivió en Salzburgo, estos últimos años representan la madurez profesional de Mozart. Compuso mucha música religiosa; el Concierto para piano en Mi bemol; la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta; y culminan, en 1780, con el encargo de una ópera para el elector Karl Theodor que acometió con gran entusiasmo. El resultado fue Idomeneo: su primera obra dramática importante que habría de ser su mejor ópera seria.

Ya en Viena, libre e independiente, se sintió de inmediato atraído por el Singspiel especie de ópera alemana que incluye diálogo hablado y compuso    El rapto del serrallo, ópera en tres actos. Entre 1782 y 1786, compuso catorce conciertos para piano que se convirtieron en el paradigma clásico de esa forma instrumental. En 1791 recibió el encargo para componer el Réquiem A eternam, lo aceptó pese a tener que entregar dos óperas y el concierto para clarinete.

En colaboración con el libretista Lorenzo Da Ponte, entre 1785 y 1786, compuso   Lasbodas de Fígaro, la primera de sus tres grandes óperas, basada en la obra teatral <<La folle journée ou le mariage de Fígaro>> de Beaumarchais, en la que representa la antítesis de un gobernante ilustrado, hipócrita que defiende valores progresistas pero conserva los viejos privilegios. Su estreno en Viena fue un éxito, superado al año siguiente en Praga con la premier de Don Giovanni, su segunda ópera con Da Ponte.

En sus últimos años (1789-1790), Mozart produjo una tercera ola de obras maestras de la ópera: Cosi fan tutti, la tercera en colaboración con Da Ponte; La clemenza di Tito, ópera seria a la antigua usanza, y un Singspiel de enorme éxito: La flauta mágica, en la que exponía elementos de la francmasonería. 

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