martes, 20 de marzo de 2012

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (55)

Lo religioso en la Constitución de Cádiz
Ayer día 19 de marzo fue un día singular: se conmemoró de manera especial el bicentenario de la Constitución de Cádiz.
Sobre ‘lo religioso’ en ella y desde ella se escribe y se habla poco, casi nada, siendo así que, como fenómeno socio-político integrado en una carta magna, puede considerarse cuestión de importancia capital en aquella confusa y compleja coyuntura y de excepcional relieve para la historia de España
Y más aún por la consideración que le otorgaron las fuerzas católicas retrógradas y triunfantes tras el Manifiesto de abrogación del 4 de mayo de 1814 dictado por Fernando VII, y que perdura mayoritariamente en las mentes católicas españolas, como tópicos: su anticlericalismo y su finalidad, la descristianización de España.
La realidad que expresa el texto constitucional fue muy diferente. En síntesis muy apretada y resumiendo al extremo un estudio pormenorizado ya concluido pueden afirmarse las siguientes tesis.
Primera. Por lo que respecta a Dios, al “Dios en sí” de las religiones cristianas, teología radical, la ‘fórmula trinitaria’ del texto constitucional es más correcta, en tanto que religión monoteísta, que las sancionadas por la autoridad eclesiástica en los Credos vigentes, el Símbolo de los apóstoles y el Credo niceno-constantinopolitano. “En el nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, …” frente al “Dios, Padre Todopoderoso, …” de los establecidos. La todopoderosía, como atributo de la divinidad, corresponde a Dios, el Uno único.
Segunda. Por lo que atañe a la religión pregona acerca de la religión católica, nada menos, que: a) en su naturaleza intrínseca, que es “única verdadera”; y b) en su respectividad, la considera componente de la “esencia de la Nación española”. E integrada, así, en el Estado, se la considera un bien a proteger y se adquiere el compromiso de su “defensa y conservación y de no admisión de ninguna otra”.
Y tercera. Por lo que se refiere a la Iglesia, siendo cierto que se reducen privilegios, análogamente a los de la nobleza, por ser contrarios a la condición general de ciudadanos que se establece, se destaca la presencia eclesiástica en las instituciones, se otorga papel relevante a los actos litúrgicos en los aconteceres políticos y se mantiene el papel central y fundamental de la Iglesia en la enseñanza en todos sus grados.
La Constitución de Cádiz exige en la actualidad una mirada limpia de los católicos practicantes, de los católicos sociales y de las autoridades eclesiásticas. ¡Cuánto desearían la ‘Iglesia española’ –expresión tan del gusto de la Constitución gaditana- y la Santa Sede que la Constitución hoy vigente en España, la de 1978, fuera en ‘lo religioso’, en todos sus términos, una reproducción de la Constitución de 1812!

Francisco González de Posada
                                        Académico de Santa Cecilia

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