martes, 11 de junio de 2013

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (118)

LO SAGRADO Y LO PAGANO


La separación de los contenidos vitales a los que se refieren estas palabras se entiende fácilmente porque repiten ideas consolidadas por la historia; a veces se han presentado como planos separados y contradictorios. No se confirmarían hoy tales diagnósticos por los análisis sociológicos de las comunidades opulentas, e incluso por los estudios teológicos que al menos a partir del Concilio Vaticano II (Vid. Gadium et spes) han propuesto la conveniencia de superar la denuncia de paganización de lo religioso con la propuesta de necesidad de sacralización de lo pagano en todos los aspectos en los que el bien se manifiesta en los elementos integrantes de las estructuras mundanas.  Ni el mundo ni los hombres son por completo malos. La inmensa proporción de bondad que existe en las vivencias paganas tiene que ser también sacralizadas. La dimensión religiosa permanece en lo pagano bueno. La cuestión está en delimitar ambos campos.

Dios es amor: he aquí el criterio esencial para discernir.

El pasado año murió Antonia. El párroco dijo en la homilía que era santa; iba poco a la iglesia porque estaba ayudando a las personas que la necesitaban. Si se organizaran grupos de jóvenes para asistir a desvalidos, ancianos, enfermos… se produciría una gran transformación social. El tiempo de ocio es tan extenso que hábilmente aplicado se convertiría en una fuerza creativa de la riqueza de bien, que es el amor.


Los creyentes en la cristificación evolutiva de la humanidad encuentran a Dios donde hay amor.

Las diferencias en los niveles de la evolución pueden exigir redistribuciones permanentes. El relato indio descubría el bien en el anacoreta que rezaba con errores en las palabras. En la isla cercana lo oía otro anacoreta y fue en su junco a advertirle que se equivocaba en las palabras. Al volver a su isla fue sorprendido por el reprendido que venía caminando sobre las aguas diciéndole: “Hermano: ¿qué palabras eran las correctas en la oración?
Alfonso Pérez Moreno
Académico de Santa Cecilia

No hay comentarios:

Publicar un comentario