jueves, 25 de julio de 2013

«Desde 1850»: Olafur Eliasson

      Aquella tarde ─de final de la primera quincena de julio─ costaba hablar de cualquier cosa, hacía calor combinado con una humedad muy alta. No obstante, tuve fuerzas para comentarle a Gustavo que había visto, en mi reciente viaje a Munich, una obra Olafur Eliasson, uno de los artistas más reconocidos del panorama artístico contemporáneo. Le dije que se trataba de la escalera de metal que se encuentra en el patio de entrada del edificio de la firma alemana KPMG en Munich, Alemania, dedicada a servicios de auditoria, fiscales, de asesoramiento financiero y negocios. Esa escalera, llamada Umschreibung (Reescritura),  fue terminada en 2004.


    Mientras le hablaba Gustavo tapaba su boca con el puño derecho apoyándola en el dedo pulgar, miraba, con alguna arruga en la frente, al suelo unos metros por delante de él. Tardó unos segundos en responder pero me pareció que transcurrían varios minutos. Dijo sin cambiar de postura y con habla parsimoniosa:        
      ─El artista persigue la realidad y esta se le escapa siempre angulosa y zigzagueante. La realidad huidiza, su continua exploración, y los modos de percepción de la misma, caracterizan la obra de Olafur Eliasson, nacido en Copenhague en1967.
      Con la alta temperatura, que ni el acondicionador apaciguaba, los intervalos de silencio multiplicaban su duración.  Transcurrida una eternidad Gustavo prosiguió:
      ─A Eliasson podemos denominarlo, sin ambages, «artista visual». Sus exposiciones han sido alabadas por la crítica y muchas de sus obras tienen presencia en los museos más importantes del mundo desde el año 1997. Él suele describir su obra como un conjunto de "instalaciones experimentales" e incluye la fotografía, la escultura, el cine, las instalaciones artísticas, también obras de arquitectura e intervenciones en el espacio público ─Gustavo hizo una pausa larga, y me pareció que tomaba airé con alguna dificultad.
      Cambió el gesto, ahora con la mano acariciaba su barbilla y miraba arriba, al techo. Decía:
      ─En todas sus acciones creativas se observa el esfuerzo del autor en el análisis de las percepciones sensoriales y la fascinación que le provocan tanto los fenómenos naturales como las leyes físicas. ¿Reescritura? ¿Eterno retorno? ¿La escala al infinito? ─se preguntó a sí mismo, para seguir diciendo─: La magia y el simbolismo de la espiral es una meta constante del arte ─hizo otra pausa─. Se me antoja pensar que de modo sugerente el artista trata de hacernos reflexionar en las nociones de tiempo y también sobre las limitaciones humanas.
      Elisa, su esposa, parecía ausente sentada en su pequeño y cómodo sillón. pero escuchaba lo que Gustavo decía con una enorme atención. Pasados unos largos instantes añadió:           
      ─Sí... Los humanos tenemos, como poco, tres formas de concebir el tiempo, la primera, y más sencilla es considerarlo como un movimiento fugaz y direccional que va desde un pasado que se disuelve hasta un futuro imaginario, pasando por un presente imperceptible. Hay una segunda, de carácter místico, en donde el tiempo es un modo de plenitud eterno que lo abarca todo ─calló y respiró con alguna ansia.
      ─¿Y la tercera? ─insistí con visible impaciencia.
      ─Y también existe una tercera descripción de tiempo ─prosiguió diciendo Elisa sin mirar a nadie─   basada en lo que los matemáticos griegos denominaban el gnomón. Aristóteles decía: «Hay ciertas cosas que no sufren alteración salvo en magnitud, cuando crecen...» Se refería al gnomón y al tipo de desarrollo basado en él que se conocía como expansión gnómica. Esa tercera concepción del tiempo, el tiempo como expansión gnómica, es de un crecimiento tras otro, en espiral continua, como una evolución.  La espiral se acerca siempre a dos espacios distintos, opuestos. lo contraído y finito y lo expandido e infinito.
      Otra vez se hizo el cálido silencio.
      Con el calor se me hacía difícil coordinar mis pensamientos; me parecía, sin embargo, que la escalera en espiral es un engaño más, no es tal viaje a la infinitud, ella nos devuelve siempre al mismo sitio, no hay expansión ni contracción, no hay infinito ni finito, la realidad es desconocida, inaprensible, siempre volvemos al mismo lugar. El artista nos recuerda que estamos en la escalera de Roger Penrose, en una perspectiva ilusoria, subimos y bajamos, pero estamos siempre en el mismo lugar, al igual que los monjes que rotan incansables por el edificio de C.M. Escher.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia



Olafur Eliasson: «The Weather Project»

9 comentarios:

  1. Muy bonito y muy interesante, lo voy a leer otra vez, me ha encantado. Los he leído todos los de la colección 1850 y éste me parece de los mejores aunque todos me han gustado.

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  2. Me encanta esta forma de hablar de arte.

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  3. Me parece que el comentarista "riza el rizo". Las cosas son más sencillas;la obra de arte está ahí porque sí.Es bella, y cada uno la interpreta de distinta forma. Pero puestos a opinar,me gusta mucho más tu interpretación, simple y real, con la que estoy totalmente de acuerdo.
    El artículo me parece muy bueno y me encanta la forma de describir la situación y el ambiente en el que se desarrolla la escena.
    Enhorabuena

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  4. Soy de los que delante de una obra de arte moderno digo siempre: -no entiendo de esto-. Me he leído los 18 artículos y me alegro de haberlo hecho, parece que que me voy enterando de algo y que voy viendo por donde se mueve este negocio del arte moderno.

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  5. Lo que entiendo es que en esto del arte moderno es muy difícil separar el polvo de la paja, es lo que yo creo.

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  6. Otra opinión sobre el arte actual:

    ¿Qué es el arte Sr. Saatchi?

    Hay opiniones para todos los gustos.

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  7. Estupendo artículo Ignacio. Olafur Eliasson es uno de mis artistas favoritos, sus instalaciones sean efímeras o no son espectaculares, utilizando elementos efímeros y naturales como la luz, el humo, el agua etc. y materiales industriales como el espejo o el acero crea objetos e instalaciones que invitan a experimentar el tiempo y el espacio, a explorar los límites y el ejercicio de nuestros sentidos, a vivir la experiencia de los fenómenos naturales tanto al aire libre como en los confines de un museo o una galería. Dos de sus instalaciones que me atrajeron por ese intento de llevar la naturaleza a las grandes urbes fueron sus cuatro cascadas gigantes intentando trasladar las famosas cataratas del Niágara, en el norte del estado de Nueva York, a las aguas del East River, en Manhattan y por otra parte su otra instalación también interesantísima y espectacular en la Tate Modern, en donde en su sala de turbinas por medio de un número ingente de pequeñas lámparas, el danés ha creado una gran estructura circular a la manera de un gran sol que ocupa todo el muro del fondo de la sala inundando la totalidad del espacio con su luz anaranjada. Es un gran sol crepuscular cuya luz se cuela hasta por los lugares más recónditos. Eliasson ha añadido una inyección periódica de humo que genera una suerte de neblina que intensifica la atmósfera trasladándola al ámbito de la irrealidad, esta obra gira en torno a la tradicional percepción británica del tiempo. Según Eliasson el tema del tiempo es la conversación más frecuente que tienen los ingleses.

    Teresa Muñoz

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  8. De amigos de la Fundación NMAC27 de julio de 2013, 10:26

    En Vejer de la Frontera, en la provincia de Cádiz, en la «Fundación NMAC», tenemos una obra muy interesante que realizó Olafur Eliasson en el año 2002: Olafur Eliasson en la "Fundación NMAC".

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  9. Fabuloso post. La serie de 1850 me ha descubierto artistas que eran me eran desconocidos y aunque no todos son de " mi gusto", los artículos he han aportado ciertas nociones para saber que interesa hoy en el mundo del arte y que entendemos en la actualidad como tal. Es decir, "la modernidad" es tan grande en estas disciplinas que muchas veces cuesta saber si estamos ante una verdadera obra artística o ante una mera ocurrencia.
    Olafur Eliasson es un descubrimiento, su obra, majestuosa, nos refleja la pequeñez del hombre y a la vez nos involucra en el mensaje de la misma, nos provoca interactuar. La idea de tiempo siempre ha sido una constante en las distintas civilizaciones y es uno de los enigmas que el hombre siempre se ha propuesto descubrir.

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