lunes, 10 de agosto de 2015

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (229)

DON QUIJOTE ENTRE LA NIEBLA

Si ustedes leen algo de lo mucho que se ha escrito sobre El Quijote, seguramente lo primero que se dirán es que no hay dos lectores de esa novela que den la impresión de haber leído el mismo libro, y que ni siquiera los críticos más distinguidos han logrado ponerse todavía de acuerdo en los aspectos fundamentales de la obra. Mientras para unos es sólo una magnífica novela cómica, para otros puede llegar a ser el compendio de los más altos saberes, “la novela en persona, la máscara y la voz del mundo” como la definió José Bergamín.

Un episodio que me parece significativo es el que se relata en el capitulo XXII de la primeraparte, cuando don Quijote se encuentra con esa rueda de presos que llevan a galeras. A mí me parece que en ese encuentro hay una evocación evidente de la Divina Comedia, algo que no parece haber señalado tampoco ningún estudioso. Si nos fijamos, el esquema que sigue el relato de Cervantes es el mismo que el que hace avanzar el gran poema del florentino: pregunta de don Quijote o de Dante, respuesta del condenado y descripción del personaje. La diferencia es que en El Quijote es el hombre el que salva a los condenados y el resultado es que empeora la situación aún más, que esa liberación engendra nuevas injusticias. Es lo que va a ocurrir en la modernidad, con la autonomía moral del hombre y la proclamación de la Razón como única garantía de la libertad. En Dante, por el contrario, el héroe no puede hacer más que apiadarse de los condenados que están ahí por razones que, en última instancia, al hombre se le escapan. Vemos pues, una vez más, la contradicciones en las que Cervantes se mueve. No puede ya aceptar, como Dante, un orden establecido, superior al hombre, pero al mismo tiempo sabe que cualquier intervención, cualquier modificación por parte del hombre de ese orden superior solo originará nuevos males, nuevos abusos de violencia y poder. Sancho resume muy bien lo inútil del empeño justiciero de su caballero –y por ende de todos nuestros salvadores sociales- diciendo que todo lo enredaba más “dando de comer al que ha sed y de beber al que ha hambre”


Otros ejemplos de esta relación problemática que mantiene Cervantes consigo mismo los podemos encontrar en alguno de los viajes al más allá que aparecen en la novela. En tres ocasiones -creo yo- establece Cervantes un diálogo con esa fructífera tradición de visitas al más allá que comienza con Homero, con la entrada de Odiseo en el reino de los muertos, y que continúa con Platón, con Eurípides, con Virgilio, con Cicerón , con Lucano y, por supuesto, con Dante. Estas tres ocasiones son el episodio de la cueva de Montesinos, el relato de Sancho tras haber montado a Clavileño y el relato, ya casi al final del libro, de Altisidora. En ellos Cervantes sigue de nuevo esa estructura de avance y retroceso, de ecos y rectificaciones. En el primero, el que le sucede a don Quijote en la cueva de Montesinos, el narrador se empeña en dejarnos en suspenso, sin que sepa nuestro héroe, ni sepamos nosotros a ciencia cierta, qué hay de verdad y qué de ilusión en ese otro mundo de belleza e idealismo que ve don Quijote en el tiempo que permanece en la cueva.
José Mateos
Escritor, pintor y editor de "Libros Canto y Cuento"

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