martes, 20 de octubre de 2015

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (239)

LO QUE IMPORTA ES AÑADIR VIDA A LOS AÑOS Y NO AÑOS A LA VIDA

Hace tiempo que conozco esta expresión pero no a su autor, aunque hay varios que se la atribuyen: Lincoln, Gala…, me la he apropiado porque creo es una de las frases más sugerentes, estimulantes y, a la vez, alteradoras.

En numerosas ocasiones nos hemos preguntado, si añaden años o viven aquellas  personas que, por su decisión o condicionadas por sus circunstancias, se instalan en la rutina. Es como ahormarse en la simplicidad, en la comodidad, sin detenerse a pensar que, transcurridos unos años, al cesar la vida activa, esa rutina dará paso a la ociosidad, a la abulia  y, de ahí, a vegetar como un mueble, hasta que la carcoma lo conduzca al basurero, salvo que se haya conseguido hacer fortuna y, aun así, no sabrá abandonar su inercia.

Son muchos los que en ese discurrir vital encuentran aficiones con las que suavizar su mitológico castigo de Sísifo, alternándolo con deportes, coleccionismo,  lectura, escritura, pintura, escultura, aprendizaje de alguna técnica, turismo etc. y, aunque algunas de estas actividades estén condicionadas por la economía, lo más importante es que nos preparan, para cuando llegue el ineluctable momento de afrontar nuestra jubilación.

         Algunas personas continúan con rutinas cuando cesa su vida laboral y es ahí cuando se empieza a AÑADIR AÑOS A LA VIDA hasta que ésta se extingue, porque deja de tener motivación.

         Cuando se siguen teniendo metas, objetivos e ilusiones, aunque sean siempre a corto plazo, estamos AÑADIENDO VIDA A NUESTROS AÑOS.

Ver el atardecer y soñar con el amanecer, para afrontar algún objetivo, es un buen estímulo con el que llenar de vida nuestra existencia.

         Goya pintó su Lechera de Burdeos con 81 años; a Picasso, le sorprendieron las musas y la parca, pintando a los 93 años, Christopher Lee, el famoso Drácula, seguía trabajando en el cine a los 92 años, Mickey Rooney continuaba activo a los 90… y tantos anónimos que, a esa provecta edad, siguen ocupando su tiempo, porque piensan que morir es inevitable, pero que se comienza a morir cuando no hay nada más que añadir a lo ya realizado, lo dicho o lo conseguido y, como es natural, la ilusión se ha evaporado y, simplemente, añaden años a la vida que les ha sido regalada, para disfrutarla hasta su extinción.
©Alberto Boutellier
Socio colaborador de la Academia

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