miércoles, 9 de diciembre de 2015

12.FENICIOS, TARTESIOS Y GRIEGOS EN OCCIDENTE

¿Dónde estuvo la ciudad de Tartessos? (I).
Diego Ruiz Mata / Catedrático de Prehistoria y Académico de Sta. Cecilia.
A Heika, C. Klauss, que animó a muchos con su entusiasmo.

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Con Tartessos ocurre como con muchos temas de relevancia de nuestra Historia Antigua. Se conocen por otros y no por nosotros. Hay numerosos ejemplos. Y está muy bien en el terreno de la ciencia y de la investigación, donde no debe haber fronteras, ni temas cerrados de nadie, ni nacionalidades, pero tampoco dejación. He de indicar que escriben de ella, desde hace siglos, eruditos españoles, humanistas notables y con sentido histórico, desde la creación y unificación de España en época de los Reyes Católicos, pero con menos resonancia y rozando el olvido. Razones que explicaremos en otra ocasión.  Sin embargo, la historia de esta ciudad es conocida por la labor de A. Schulten,  un profesor alemán de la universidad de Erlangen, filólogo excelente, historiador y arqueólogo –en realidad, arqueólogo poco aventajado-, quien escribió en 1921 un libro titulado “Tartessos. Contribución a la historia más antigua de Occidente”, en una primera versión en alemán y poco después en español. Un título atrayente y afortunado. Y excava en su hipotética ubicación, porque Tartessos debe ser localizada en un espacio concreto, G. Bonsor (1855-1930), pintor agradable,
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arqueólogo eficaz e historiador, francés de Lille y nacionalizado inglés, que vivió e investigó en Carmona 
gran parte de su vida. Escribió, en 1921, un librito sobre Tartessos, y de 1922 a 1928 los resultados de sus excavaciones en el Cerro del Trigo, en el Coto de Doñana, donde situaba la ciudad con Schulten. Con ellos comienza la verdadera historia de la investigación arqueológica sobre Tartessos. Ambos constituyeron el acicate, que a veces nos falta y necesitamos, para emprender una investigación seria e importante. Y los investigadores españoles de hoy, retomando el tema con ahínco, han dado un vuelco sustancial a estas antiguas teorías, respetables, originando las que más se acercan a su realidad histórica, que ahora desvelamos con datos materiales. Las excavaciones, congresos, monografías y numerosos artículos así lo muestran.

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Pero hay que ser justos, reconocer y agradecer a A. Schulten su interés por Tartessos y por sus fuentes antiguas, como iniciador de la serie de las Fontes Hispaniae  Antiquae -una obra ingente de recogida de textos griegos y romanos-,  y haber espoleado una investigación de tanta trascendencia histórica y arqueólogica. Y lo hizo muy bien al comenzar su famoso y leído libro con los siguientes conceptos: “La pequeña ciudad de Troya ha llegado a poseer, por obra del gran poeta, uno de los más ilustres nombres de la historia. En cambio, Tarschisch-Tartessos, la primera ciudad comercial y el más antiguo centro cultural de Occidente, después de haber sido destruida por la envidia de los cartagineses, quedo envuelta en las sombras de una tradición desfavorable y cayó en el más profundo olvido”. Aquí no falta nada en tan poco espacio escrito. Frases y conceptos de impacto que conducían a Tartessos al olimpo de las ciudades históricas más importantes de la Historia Antigua. Tartessos como ciudad de la categoría y nobleza de la Troya homérica y más importante incluso. Así lo expresa claramente. También tuvo su poeta, R.F. Avieno, no tan famoso ni tan recordado como Homero. Su asimilación y ecuación con la Tarschisch bíblica. Es decir, la Tartessos  hispana es la Tarsis mencionada en el Antiguo Testamento en época de Salomón e Hiram de Tiro en los albores del primer milenio antes de Cristo. En realidad, es lo que despertó el mayor interés en el Occidente cristiano, su introducción en la historia de la Biblia y del mundo hebreo, el pueblo elegido. Más tarde, el interés y las navegaciones griegas samias y foceas, de carácter económico, hacia Tartessos  y sus relaciones diplomáticas y de intercambios con su rey Argantonio. Y después, el drama, la envidia que despierta Tartessos a su rival Cartago, que llevó a cabo la alianza con los etruscos para su derrota y su muerte. La tragedia histórica de la rivalidad y de la envidia. Y finalmente, el olvido, el castigo más terrible de vivir en la nada, de permanecer soterrada en el algún lugar del suroeste peninsular o más distante. Como las fuentes son parcas y confusas, las teorías de su ubicación han sido diversas. Y juntos, Schulten y Bonsor, se sirvieron de las fuentes y de la arqueología que comenzaba a aportar información sin saberlo. No era el momento de hacer otra cosa, en realidad. Así se inicia la historia de su investigación, con los datos escritos sobre la mesa y la búsqueda del lugar en el suelo que ofreciera alguna posibilidad arqueológica de hallar la ciudad.

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Tartessos es un tema siempre recurrente, de actualidad y obligado para el arqueólogo, del que todos hemos escrito y opinado alguna vez sobre su localización o interpretando las crípticas y parcas descripciones que provienen, con preferencia, de R.F. Avieno, quien describió en el siglo IV d.C. toda la costa de la Península Ibérica de tiempos tartésicos, con ciudades que nunca vió, y sirviéndose de textos antiquísimos y desaparecidos, entre los que se hallaba el nombre de Tartessos y su dudosa ubicación. Otros autores más antiguos y posteriores se han referido a él como ciudad, como un reino, como un país, han escrito de sus reyes y alabado sus riquezas, y en un tiempo impreciso, que el arqueólogo pacientemente va desvelando y precisa cada vez con más acierto. Porque como decía un gran aficionado alemán, K.Clauss, cónsul honorario que fue de Huelva, Tartessos es un problema de pico y  pala, de excavación. Y de chanza creó una frase, bien acogida en el Congreso Internacional de Jerez de 1968, que decía “déjate de Avieno y husmea el terreno”, un reclamo directo a investigar en el campo. Su padre colaboró con Schulten y él siempre mantuvo la tesis, sustentada en el deseo, de una Tartessos en Huelva, husmeando cada cabezo, cada solar en el que se efectuasen obras. De ahí han salido materiales inestimables.

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¿Dónde se halla la ciudad?. Es la pregunta que durante siglos numerosos estudiosos han pretendido responder y se continúa debatiendo, pero en el sendero más enderezado. Tal es la importancia de este mítico o histórico topónimo, sobre el que  han surgido  hipótesis sobre la situación geográfica de la capital de este antiguo reino hispano, y que la arqueología va despertando con su perseverante metodología de investigación. Durante mucho tiempo el interés sobre Tarteso se centró sólo en la búsqueda de una ciudad, o región, mencionada en textos griegos y romanos, faltándonos alusiones en la lengua fenicia, como hubiésemos deseado. Muchos han escrito soñando con la ciudad de Tartessos en su propia ciudad de residencia o yacimiento antiguo cercano. Ahora queremos conocer sus entrañas, su vida material, social, política, económica, funeraria, religiosa, poética. Todo.

Pero el interés en la búsqueda de Tarteso se asocia también a una enigmática palabra bíblica, Tarsis, y a la ecuación Tarsis-Tarteso. Si esto es así, la ciudad o país formaría parte de la geografía e historia bíblica, su referencia más occidental en el confín del mundo conocido. Pero no siempre se ha interpretado esta “palabra” como un topónimo o lugar. En el Génesis -10, 4/5-, Tarsis es un antropónimo y aparece como uno de los hijos de Yaván, mientras que en Ezequiel -1,16- es una piedra preciosa, y en el Libro de los Reyes I -10,22- se refiere a la flota de Tarsis, o sea, a unas embarcaciones que navegaban a larga distancia. En ocasiones, en Crónicas II -20/36- Isaías -66,19- Ezequiel -27,12 – y Jonás -1,3-, el término alude a un país o ciudad concreta. E incluso en el Salmo 72,100, una colección de poesías de carácter lírico, se alude al régimen monárquico de la ciudad en los siguientes términos: “Los monarcas de Tarsis y las Islas / ofrecerán tributos”. Todas estas menciones a Tarsis se datan entre el año 1000 y el 500 a.C. Es lógico que muchos investigadores hayan asimilado la Tarsis bíblica con la ciudad de Tartessos occidental. Una tentación irresistible.

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Existe una amplia literatura en las fuentes grecorromanas referentes a Tarteso.  Extraña, no obstante, que el término no aparezca ni en Homero ni en Hesíodo, del siglo VIII a.C., momento en que debió tener su mayor auge. El poeta de la Odisea, se refiere sólo a los mercaderes fenicios que navegaban hasta Occidente, y Hesíodo, en la Teogonía, menciona la existencia de Eritía, una isla en el extremo del Mediterráneo –posiblemente Cádiz. ¿Por qué no mencionan Tartessos?. Quizás porque se trataba de ocultar esta región tan rica en la producción de plata, por razones de competencia comercial, o no tenían noticias de ella –cuestión improbable- o el topónimo aún no existía. Sin embargo, Estesícoro de Himera, que vivió entre los siglos VII y VI a.C., escribe que Gerión, un rey tartésico, nació frente a Eritía, junto a Tarteso, rica en plata. Y el poeta Anacreonte, hacia el 530 a.C., menciona explícitamente a Tarteso. Otros autores, de fines del siglo VI a.C., sitúan a Hércules y a Gerión en la región tartésica. Poco después, a mediados del siglo V a.C., el historiador Herodoto relata los viajes griegos, samios y focenses, a la ciudad de Tartesos y da a conocer a su rey longevo Argantonio y habla de su generosidad. A partir de aquí las noticias son muy escasas y no las voy a mencionar.

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Las referencias recientes más utilizadas, y que más acogida han tenido para la localización de Tartessos, proceden del largo poema “Ora Maritima”, escrito por R.F. Avieno en el siglo IV d.C. que se sirvió de escritos muy antiguos y de un libro de viajes griego del siglo VI a.C. Su interés reside en que someramente, y por primera vez, describe el paisaje donde se ubicaba Tartessos. El autor menciona al rio Tartessos, que fluye del Lago Ligustino y ciñe a la isla donde se alzaría la ciudad; pero este río no discurre por un solo cauce, pues en su margen oriental posee tres bocas mientras que “con dos veces dos bocas baña” la parte meridional de la ciudad. Por encima de la marisma –que es lo que se describe-  se levanta el monte Argentario, o de la plata, desde el que el río arrastra el rico metal a las murallas de Tartessos. Todo este paraje lo flanquean, como guardianes, la fortaleza de Gerión y el Cabo del Templo. Así queda descrito el paisaje tartésico que ha constituido el fundamento geográfico y económico de la búsqueda de la ciudad. Y de aquí, las diversas opiniones sobre su ubicación. Sólo había que buscar un lugar que se adaptase al texto de Avieno. Un acertijo, con datos volátiles, como el de la esfinge y  Edipo, pero sin el castigo irremediable de la muerte en caso de no acertarlo.

Y una incesante búsqueda, con estos parcos y confusos datos paisajísticos, surgió desde los siglos XV-XVI hasta la actualidad, por diversos motivos. Me voy a referir sólo a las hipótesis más actuales del siglo XX, que tuvieron como objeto la identificación de la ciudad y las características geográficas descritas por Avieno.  Para resumir diré que A. Schulten, junto a Bonsor, la investigaron con denuedo y sin ningún éxito en el Coto de Doñana, en el Cerro del Trigo, Chocomeli, Pemán y Esteve Guerrero la situaron en Jerez, en las Mesas de Asta, Arenas, García y Bellido y Luzón Nogué en la isla de Saltés o en la propia Huelva, Carriazo Arroquia en la colina de El Carambolo o en algún lugar del Aljarafe sevillano, y otros en la Algaida, en la desembocadura del Guadalquivir. Una bibliografía amplia la identificó con Cádiz, como muestra un pasaje de la Ora Marítima de Avieno. Sobre ello hablaré en otro artículo. Y la duda continúa más atenuada, pues la arqueología va cercando con paciencia el enigma de este importantísimo topónimo occidental, en su comprensión textual y realidad material e histórica.

La tesis onubense tiene bastante sentido para la localización aquí del topónimo Tartessos, según los vestigios arqueológicos. Huelva se halla entre dos ríos –Tinto y Odiel-, en una suerte de isla, ceñida al norte por el arroyo del Anicoba, las aguas del Tinto llevan al punto neurálgico de extracción de plata de Riotinto, pero no el único. La arqueología desvela una gran ciudad, tumbas principescas en su necrópolis de La Joya, abundante material griego foceo del siglo VI a.C., como menciona Herodoto, y desde hace unos años los restos más antiguos fenicios y griegos de Eubea, e incluso de Cerdeña, de la segunda mitad del siglo IX a.C. Las posibilidades de hallar en estos cerros onubenses el núcleo neurálgico de Tartessos son muchas y de peso. Pero Tartessos es algo más que una ciudad. Quizás un territorio de estructura más compleja. Quedemos, por ahora aquí, aguardando. No está todo dicho. La esfinge ha preguntado y Edipo piensa la respuesta.

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5 comentarios:

  1. Josefa Ávila Acosta11 de diciembre de 2015, 5:58

    Me encanta la historia sobre todo de españa

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  2. Magnífico articulo para quienes nos apasiona la Historia.

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  3. Pero Diego; nos vas a dar una solución? Porque no se nos puede dejar así.

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  4. Interesante y educativo estudio. Narrado o escrito estupendamente.

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  5. Será mucho mas que una ciudad, pero por los textos que se citan parece lo que yo hasta ahora no creía; es una ciudad.

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