¿Dónde
estuvo la ciudad de Tartessos? (I).
Diego Ruiz Mata / Catedrático de Prehistoria y Académico de Sta. Cecilia.
A Heika,
C. Klauss, que animó a muchos con su entusiasmo.
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Con Tartessos ocurre como con muchos temas de relevancia de
nuestra Historia Antigua. Se conocen por otros y no por nosotros. Hay numerosos
ejemplos. Y está muy bien en el terreno de la ciencia y de la investigación,
donde no debe haber fronteras, ni temas cerrados de nadie, ni nacionalidades,
pero tampoco dejación. He de indicar que escriben de ella, desde hace siglos,
eruditos españoles, humanistas notables y con sentido histórico, desde la
creación y unificación de España en época de los Reyes Católicos, pero con
menos resonancia y rozando el olvido. Razones que explicaremos en otra
ocasión. Sin embargo, la historia de
esta ciudad es conocida por la labor de A. Schulten, un profesor alemán de la universidad de
Erlangen, filólogo excelente, historiador y arqueólogo –en realidad, arqueólogo
poco aventajado-, quien escribió en 1921 un libro titulado “Tartessos. Contribución a la historia más antigua de Occidente”,
en una primera versión en alemán y poco después en español. Un título atrayente
y afortunado. Y excava en su hipotética ubicación, porque Tartessos debe ser
localizada en un espacio concreto, G. Bonsor (1855-1930), pintor agradable,
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arqueólogo eficaz e historiador, francés de Lille y nacionalizado inglés, que
vivió e investigó en Carmona gran parte de su vida. Escribió, en 1921, un
librito sobre Tartessos, y de 1922 a 1928 los resultados de sus excavaciones en
el Cerro del Trigo, en el Coto de Doñana, donde situaba la ciudad con Schulten.
Con ellos comienza la verdadera historia de la investigación arqueológica sobre
Tartessos. Ambos constituyeron el acicate, que a veces nos falta y necesitamos,
para emprender una investigación seria e importante. Y los investigadores
españoles de hoy, retomando el tema con ahínco, han dado un vuelco sustancial a
estas antiguas teorías, respetables, originando las que más se acercan a su
realidad histórica, que ahora desvelamos con datos materiales. Las
excavaciones, congresos, monografías y numerosos artículos así lo muestran.
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Pero hay que ser justos, reconocer y agradecer a A. Schulten su
interés por Tartessos y por sus fuentes antiguas, como iniciador de la serie de
las Fontes Hispaniae Antiquae -una obra ingente de recogida de
textos griegos y romanos-, y haber
espoleado una investigación de tanta trascendencia histórica y arqueólogica. Y
lo hizo muy bien al comenzar su famoso y leído libro con los siguientes
conceptos: “La pequeña ciudad de Troya ha
llegado a poseer, por obra del gran poeta, uno de los más ilustres nombres de
la historia. En cambio, Tarschisch-Tartessos, la primera ciudad comercial y el
más antiguo centro cultural de Occidente, después de haber sido destruida por
la envidia de los cartagineses, quedo envuelta en las sombras de una tradición
desfavorable y cayó en el más profundo olvido”. Aquí no falta nada en tan
poco espacio escrito. Frases y conceptos de impacto que conducían a Tartessos
al olimpo de las ciudades históricas más importantes de la Historia Antigua. Tartessos
como ciudad de la categoría y nobleza de la Troya homérica y más importante
incluso. Así lo expresa claramente. También tuvo su poeta, R.F. Avieno, no tan
famoso ni tan recordado como Homero. Su asimilación y ecuación con la
Tarschisch bíblica. Es decir, la Tartessos hispana es la Tarsis mencionada en el Antiguo
Testamento en época de Salomón e Hiram de Tiro en los albores del primer
milenio antes de Cristo. En realidad, es lo que despertó el mayor interés en el
Occidente cristiano, su introducción en la historia de la Biblia y del mundo hebreo,
el pueblo elegido. Más tarde, el interés y las navegaciones griegas samias y
foceas, de carácter económico, hacia Tartessos y sus relaciones diplomáticas y de
intercambios con su rey Argantonio. Y después, el drama, la envidia que despierta
Tartessos a su rival Cartago, que llevó a cabo la alianza con los etruscos para
su derrota y su muerte. La tragedia histórica de la rivalidad y de la envidia.
Y finalmente, el olvido, el castigo más terrible de vivir en la nada, de
permanecer soterrada en el algún lugar del suroeste peninsular o más distante.
Como las fuentes son parcas y confusas, las teorías de su ubicación han sido
diversas. Y juntos, Schulten y Bonsor, se sirvieron de las fuentes y de la
arqueología que comenzaba a aportar información sin saberlo. No era el momento
de hacer otra cosa, en realidad. Así se inicia la historia de su investigación,
con los datos escritos sobre la mesa y la búsqueda del lugar en el suelo que
ofreciera alguna posibilidad arqueológica de hallar la ciudad.
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Tartessos es un tema siempre recurrente, de actualidad y obligado
para el arqueólogo, del que todos hemos escrito y opinado alguna vez sobre su
localización o interpretando las crípticas y parcas descripciones que
provienen, con preferencia, de R.F. Avieno, quien describió en el siglo IV d.C.
toda la costa de la Península Ibérica de tiempos tartésicos, con ciudades que nunca
vió, y sirviéndose de textos antiquísimos y desaparecidos, entre los que se
hallaba el nombre de Tartessos y su dudosa ubicación. Otros autores más
antiguos y posteriores se han referido a él como ciudad, como un reino, como un
país, han escrito de sus reyes y alabado sus riquezas, y en un tiempo
impreciso, que el arqueólogo pacientemente va desvelando y precisa cada vez con
más acierto. Porque como decía un gran aficionado alemán, K.Clauss, cónsul
honorario que fue de Huelva, Tartessos es un problema de pico y pala, de excavación. Y de chanza creó una
frase, bien acogida en el Congreso Internacional de Jerez de 1968, que decía “déjate de Avieno y husmea el terreno”,
un reclamo directo a investigar en el campo. Su padre colaboró con Schulten y
él siempre mantuvo la tesis, sustentada en el deseo, de una Tartessos en Huelva,
husmeando cada cabezo, cada solar en el que se efectuasen obras. De ahí han
salido materiales inestimables.
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¿Dónde se halla la ciudad?. Es la pregunta que durante siglos
numerosos estudiosos han pretendido responder y se continúa debatiendo, pero en
el sendero más enderezado. Tal es la importancia de este mítico o histórico
topónimo, sobre el que han surgido hipótesis sobre la situación geográfica de la
capital de este antiguo reino hispano, y que la arqueología va despertando con
su perseverante metodología de investigación. Durante mucho tiempo el interés
sobre Tarteso se centró sólo en la búsqueda de una ciudad, o región, mencionada
en textos griegos y romanos, faltándonos alusiones en la lengua fenicia, como
hubiésemos deseado. Muchos han escrito soñando con la ciudad de Tartessos en su
propia ciudad de residencia o yacimiento antiguo cercano. Ahora queremos
conocer sus entrañas, su vida material, social, política, económica, funeraria,
religiosa, poética. Todo.
Pero
el interés en la búsqueda de Tarteso se asocia también a una enigmática palabra
bíblica, Tarsis, y a la ecuación Tarsis-Tarteso. Si esto es así, la ciudad o
país formaría parte de la geografía e historia bíblica, su referencia más occidental
en el confín del mundo conocido. Pero no siempre se ha interpretado esta
“palabra” como un topónimo o lugar. En el Génesis -10, 4/5-, Tarsis es un
antropónimo y aparece como uno de los hijos de Yaván, mientras que en Ezequiel
-1,16- es una piedra preciosa, y en el Libro de los Reyes I -10,22- se refiere
a la flota de Tarsis, o sea, a unas embarcaciones que navegaban a larga
distancia. En ocasiones, en Crónicas II -20/36- Isaías -66,19- Ezequiel -27,12 –
y Jonás -1,3-, el término alude a un país o ciudad concreta. E incluso en el
Salmo 72,100, una colección de poesías de carácter lírico, se alude al régimen
monárquico de la ciudad en los siguientes términos: “Los monarcas de Tarsis y las Islas / ofrecerán tributos”. Todas
estas menciones a Tarsis se datan entre el año 1000 y el 500 a.C. Es lógico que
muchos investigadores hayan asimilado la Tarsis bíblica con la ciudad de
Tartessos occidental. Una tentación irresistible.
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Existe
una amplia literatura en las fuentes grecorromanas referentes a Tarteso. Extraña, no obstante, que el término no
aparezca ni en Homero ni en Hesíodo, del siglo VIII a.C., momento en que debió
tener su mayor auge. El poeta de la Odisea, se refiere sólo a los mercaderes
fenicios que navegaban hasta Occidente, y Hesíodo, en la Teogonía, menciona la
existencia de Eritía, una isla en el extremo del Mediterráneo –posiblemente
Cádiz. ¿Por qué no mencionan Tartessos?. Quizás porque se trataba de ocultar
esta región tan rica en la producción de plata, por razones de competencia comercial,
o no tenían noticias de ella –cuestión improbable- o el topónimo aún no existía.
Sin embargo, Estesícoro de Himera, que vivió entre los siglos VII y VI a.C., escribe
que Gerión, un rey tartésico, nació frente a Eritía, junto a Tarteso, rica en
plata. Y el poeta Anacreonte, hacia el 530 a.C., menciona explícitamente a Tarteso.
Otros autores, de fines del siglo VI a.C., sitúan a Hércules y a Gerión en la
región tartésica. Poco después, a mediados del siglo V a.C., el historiador Herodoto
relata los viajes griegos, samios y focenses, a la ciudad de Tartesos y da a
conocer a su rey longevo Argantonio y habla de su generosidad. A partir de aquí
las noticias son muy escasas y no las voy a mencionar.
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Las
referencias recientes más utilizadas, y que más acogida han tenido para la
localización de Tartessos, proceden del largo poema “Ora Maritima”, escrito por R.F. Avieno en el siglo IV d.C. que se
sirvió de escritos muy antiguos y de un libro de viajes griego del siglo VI
a.C. Su interés reside en que someramente, y por primera vez, describe el
paisaje donde se ubicaba Tartessos. El autor menciona al rio Tartessos, que
fluye del Lago Ligustino y ciñe a la isla donde se alzaría la ciudad; pero este
río no discurre por un solo cauce, pues en su margen oriental posee tres bocas
mientras que “con dos veces dos bocas baña”
la parte meridional de la ciudad. Por encima de la marisma –que es lo que se
describe- se levanta el monte
Argentario, o de la plata, desde el que el río arrastra el rico metal a las
murallas de Tartessos. Todo este paraje lo flanquean, como guardianes, la fortaleza
de Gerión y el Cabo del Templo. Así queda descrito el paisaje tartésico que ha
constituido el fundamento geográfico y económico de la búsqueda de la ciudad. Y
de aquí, las diversas opiniones sobre su ubicación. Sólo había que buscar un
lugar que se adaptase al texto de Avieno. Un acertijo, con datos volátiles,
como el de la esfinge y Edipo, pero sin
el castigo irremediable de la muerte en caso de no acertarlo.
Y
una incesante búsqueda, con estos parcos y confusos datos paisajísticos, surgió
desde los siglos XV-XVI hasta la actualidad, por diversos motivos. Me voy a
referir sólo a las hipótesis más actuales del siglo XX, que tuvieron como
objeto la identificación de la ciudad y las características geográficas
descritas por Avieno. Para resumir diré
que A. Schulten, junto a Bonsor, la investigaron con denuedo y sin ningún éxito
en el Coto de Doñana, en el Cerro del Trigo, Chocomeli, Pemán y Esteve Guerrero
la situaron en Jerez, en las Mesas de Asta, Arenas, García y Bellido y Luzón
Nogué en la isla de Saltés o en la propia Huelva, Carriazo Arroquia en la
colina de El Carambolo o en algún lugar del Aljarafe sevillano, y otros en la
Algaida, en la desembocadura del Guadalquivir. Una bibliografía amplia la
identificó con Cádiz, como muestra un pasaje de la Ora Marítima de Avieno. Sobre ello hablaré en otro artículo. Y la
duda continúa más atenuada, pues la arqueología va cercando con paciencia el
enigma de este importantísimo topónimo occidental, en su comprensión textual y
realidad material e histórica.
La
tesis onubense tiene bastante sentido para la localización aquí del topónimo
Tartessos, según los vestigios arqueológicos. Huelva se halla entre dos ríos
–Tinto y Odiel-, en una suerte de isla, ceñida al norte por el arroyo del
Anicoba, las aguas del Tinto llevan al punto neurálgico de extracción de plata
de Riotinto, pero no el único. La arqueología desvela una gran ciudad, tumbas
principescas en su necrópolis de La Joya, abundante material griego foceo del
siglo VI a.C., como menciona Herodoto, y desde hace unos años los restos más
antiguos fenicios y griegos de Eubea, e incluso de Cerdeña, de la segunda mitad
del siglo IX a.C. Las posibilidades de hallar en estos cerros onubenses el
núcleo neurálgico de Tartessos son muchas y de peso. Pero Tartessos es algo más
que una ciudad. Quizás un territorio de estructura más compleja. Quedemos, por
ahora aquí, aguardando. No está todo dicho. La esfinge ha preguntado y Edipo
piensa la respuesta.
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Me encanta la historia sobre todo de españa
ResponderEliminarMagnífico articulo para quienes nos apasiona la Historia.
ResponderEliminarPero Diego; nos vas a dar una solución? Porque no se nos puede dejar así.
ResponderEliminarInteresante y educativo estudio. Narrado o escrito estupendamente.
ResponderEliminarSerá mucho mas que una ciudad, pero por los textos que se citan parece lo que yo hasta ahora no creía; es una ciudad.
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