martes, 19 de abril de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (259)

EL ESQUILÓN

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Me gusta más el esquilón que la campana. El esquilón o esquila es… como el trasunto de un poema modesto, a veces un simple verso, un desahogo del alma. Es una campana pequeña, como la que se abriga en la espadaña de los conventos, cuya cima la preside el nidal con sus cigüeñas. También, en menor tamaño, lo es el cencerro grande que pende de los cuellos de las reses y es como la certidumbre de su presencia física, aunque no se las vea. Ambos instrumentos, de apagado sonido, apenas sin eco, sin brillo de bronce, de dulce mensaje, íntimo, que no solivianta, que recorre el trecho justo ahormado en los brazos del aire, que transporta hasta el rincón donde precisa que alcance su tañido, casi como el sonido de un yunque, que sueña y suena como un martinete al compás de hierro sobre hierro. No le apremian las grandes distancias, su mensaje es corto y para unos pocos escogidos: en el convento  convoca a la plegaria y en el campo le recuerda al pastor sus cotidianos deberes. Su badajo no es estridente, no precisa tañer en  arrebato ni anunciar grandes catástrofes ni repicar jubilosa e impávidamente ante el revoloteo de las palomas ni transmitir pesar anunciando el abandono de la vida de algún preboste.  Su mensaje sale del corazón a la espera de alcanzar su destino y allí, anidar, como un bálsamo para las heridas, un regazo donde restañar desesperanzas, un soñar con utopías y con quimeras y soñar…y soñar…Tal vez eso sea, para muchos, un poema.

Sin alardes, sin grandes pretensiones, huyendo tal vez del énfasis, de la pomposidad y de la afectación que lo aleje de la moderna sensibilidad, cuarenta y dos autores deciden compartir sus sentimientos; se desnudan públicamente, aventan sus abiertas o cicatrizadas heridas o quizá, en un clamoreo de socorro, demandan complicidad  al lector, que ve, a través de un espejo sin azogue, la constatación de su propia experiencia vital y le llega, le emociona y le hace vibrar.

Esto pretende ser la aventura que hoy comienza a caminar como entusiasta precursora del Día mundial del Libro.
Alberto Boutellier
Socio colaborador de la Academia


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