EL ESQUILÓN
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Me gusta más el esquilón que la campana. El
esquilón o esquila es… como el trasunto de un poema modesto, a veces un simple
verso, un desahogo del alma. Es una campana pequeña, como la que se abriga en
la espadaña de los conventos, cuya cima la preside el nidal con sus cigüeñas.
También, en menor tamaño, lo es el cencerro grande que pende de los cuellos de
las reses y es como la certidumbre de su presencia física, aunque no se las
vea. Ambos instrumentos, de apagado sonido, apenas sin eco, sin brillo de
bronce, de dulce mensaje, íntimo, que no solivianta, que recorre el trecho
justo ahormado en los brazos del aire, que transporta hasta el rincón donde
precisa que alcance su tañido, casi como el sonido de un yunque, que sueña y
suena como un martinete al compás de hierro sobre hierro. No le apremian las
grandes distancias, su mensaje es corto y para unos pocos escogidos: en el
convento convoca a la plegaria y en el
campo le recuerda al pastor sus cotidianos deberes. Su badajo no es estridente,
no precisa tañer en arrebato ni anunciar
grandes catástrofes ni repicar jubilosa e impávidamente ante el revoloteo de
las palomas ni transmitir pesar anunciando el abandono de la vida de algún
preboste. Su mensaje sale del corazón a
la espera de alcanzar su destino y allí, anidar, como un bálsamo para las
heridas, un regazo donde restañar desesperanzas, un soñar con utopías y con
quimeras y soñar…y soñar…Tal vez eso sea, para muchos, un poema.
Sin alardes, sin grandes pretensiones, huyendo
tal vez del énfasis, de la pomposidad y de la afectación que lo aleje de la
moderna sensibilidad, cuarenta y dos autores deciden compartir sus
sentimientos; se desnudan públicamente, aventan sus abiertas o cicatrizadas
heridas o quizá, en un clamoreo de socorro, demandan complicidad al lector, que ve, a través de un espejo sin
azogue, la constatación de su propia experiencia vital y le llega, le emociona
y le hace vibrar.
Esto pretende ser la aventura que hoy comienza
a caminar como entusiasta precursora del Día mundial del Libro.
Alberto
Boutellier
Socio colaborador de la Academia
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