lunes, 9 de mayo de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (261)

«Sleepy Hollow», Washington Irving
  

Hay sueños machacones, insistentes, repetitivos. ¿No les ha pasado a ustedes eso de soñar lo mismo con alguna periodicidad? Hace años, seis, escribí estas palabras que siguen. Anoche, inquieto y desazonado, las volví a evocar.

Caminé otra vez calle arriba, hacia lo alto. Paré, solitario, ante la misma placa, los mismos cables, el mismo abandono, idéntico descuido… 

«Íbamos paseando calle Palacios arriba,  disfrutando de la fría pero dulce temperatura de la tarde. Habíamos pasado la calle Nevería (que me perdone D. Pedro Muñoz-Seca) y mirábamos hacia la Prioral, que desde esa distancia ya se percibe como nuestro imponente monumento.  Unos pocos metros antes de llegar al cruce con San Bartolomé me acordé de la placa en recuerdo del escritor norteamericano Washington Irving, colocada en la casa en la que se hospedó cuando visitó El Puerto.  Me sentí abatido, la lápida recordatoria estaba rodeada por una maraña de cables de diversa procedencia y propiedad, dos cajas de registro pegadas a los flancos y otra ─más pequeña─ colgando sobre ella, desconchados varios y un luminoso de “chuches” doblado en la base.

No sé por qué ─o sí lo sé─ me acordé de Sleepy Hollow. ¿Recuerdan la película de Tim Burton La leyenda del Jinete sin Cabeza? Washington Irving la escribió. Él mismo está enterrado en el cementerio de Sleepy HollowIrving fue el que popularizó el sobrenombre “Gotham” para referirse a Nueva York, nombre utilizado en el cómic del conocido personaje Batman. Probablemente, si algún joven lee estas líneas, seguro habrá captado ya la importancia de nuestro personaje.  Añadiré que es considerado como el primer escritor profesional célebre de los Estados Unidos y muchas calles y ciudades de los Estados Unidos llevan su nombre.




La leyenda del Jinete sin Cabeza... Sí, sin cabeza estamos; cabeza, cultura y voluntad es lo que nos hace falta a todos para obtener un beneficio de esta suerte patrimonial. Estoy convencido de que no me equivoco al decir que si esa losa ─que aquí tenemos en estado de lamentable dejación─ y esa casa, estuvieran en algún otro país, ahí habría cuando menos un atractivo museo, y seguro que sería un núcleo de interés turístico de primera magnitud.

Miren, casi estoy dispuesto a admitir, con dolor, que haya entre nuestros responsables político-culturales mucha gente sin cabeza ─como en la leyenda─ y que no sean capaces de obtener buenos frutos de todo lo que tenemos; vale, pero ─por favor─ sí les solicito que cuiden, que se esmeren más, con lo poco que nos va quedando.

En ninguna ciudad respetuosa con lo suyo, las autoridades  responsables de la cultura, deberían consentir tamaño deterioro de elementos patrimoniales tan significativos.»

Posiblemente, ni tan siquiera soñaba…
Ignacio Pérez Blanquer
Académico de Santa Cecilia

4 comentarios:

  1. Magnífico, como siempre. Estoy completamente de acuerdo.

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  2. Y creo que como sigan sin cuidarse los monumentos, mis nietos, cuando los tenga, no van a conocer ni la Prioral. Está muy bien.

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  3. alberto boutellier10 de mayo de 2016, 15:39

    Excelente artículo, o mejor, excelente sirenazo de alarma. Ya son muchas las voces que se alzan ante el deterioro progresivo e ineluctable de nuestro escaso patrimonio. Me consta que hay en nuestro Municipio, como lo hubo en la legislatura anterior, responsables sensibilizados con el problema, pero también estoy persuadido de que hay otros, muchos, a los que les importa un pepino.

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  4. Buen articulo que ademas debia decir que muchas placas que hay de personajes del Puerto son ilegibles y están tan escondidas y mal puestas que ni se ven.

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