sábado, 14 de mayo de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (262)

AUTÓGRAFOS CERVANTINOS

Firmas de Cervantes en el Proceso seguido a instancia de Tomás Gutiérrez contra la Cofradía y Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario….
El reciente redescubrimiento de un documento de 1594 que contiene dos firmas autógrafas de Miguel de Cervantes entre los fondos de la Biblioteca de la Universidad de Sevilla pone de actualidad el hecho, coincidiendo con el cuarto centenario de la muerte del genial escritor, de que no está dicha aún la última palabra sobre su vida y su obra. Por el contrario, a pesar de que sobre Cervantes se han vertido ríos de tinta, todavía es posible encontrar nuevos indicios y documentos sobre su trayectoria vital.

            Se trata de un proceso seguido por Tomás Gutiérrez, posadero en la sevillana calle Bayona (hoy Sánchez Bedoya), antiguo comediante y amigo de Cervantes, contra la cofradía sacramental del Sagrario de la catedral hispalense, que le había negado el ingreso al considerar que no reunía los requisitos exigidos, por su pasada relación con la farándula y por su profesión de mesonero.

            Cervantes declaró dos veces a favor de su amigo, defendiendo la calidad de sus orígenes y la dignidad de los que representaban en el teatro personajes serios, frente a lo despreciable de pantomimos e histriones, que exageraban disfraces y gestos para hacer reír al público.

            El documento fue dado a conocer por Adolfo Rodríguez Jurado en 1914, en su discurso de ingreso en la Academia Sevillana de Buenas Letras, y más tarde su pista se perdió, para reaparecer ahora entre los libros y papeles que conforman el legado que la familia Montoto hizo a la Universidad de Sevilla.
           
Junto a otros elementos –además de las firmas de Cervantes- que le confieren valor histórico, como es el ejemplo del discurso de la reputación que proporciona, tan propio de la segunda mitad del siglo XVI y la primera del XVII, esta singular pieza documental también encierra un aspecto controvertido: la afirmación que el propio Cervantes hace de ser natural de Córdoba.

            La incógnita sobre el lugar de nacimiento del príncipe de los ingenios ya estaba despejada desde comienzos del XIX, cuando se halló su partida bautismal en Alcalá de Henares. Sin embargo, la afirmación reiterada de ser “natural de Córdoba, vecino de Madrid y estante en Sevilla” parece reabrir la polémica sobre sus orígenes.

            No sabemos por qué Cervantes declaró naturaleza cordobesa, cuando en otros momentos reconoció haber nacido en Alcalá. Quizás el hecho de que Tomás Gutiérrez fuese cordobés lo movió a hacerlo, para así dar mayor credibilidad al conocimiento que decía tener de su amigo. De todos modos, parte de la familia del escritor, y en concreto uno de sus abuelos, sí procedía de Córdoba.

            Todo ello, a la postre, es anecdótico. Lo importante es el redescubrimiento, en buen estado de conservación, de un documento perdido que lleva en sus entrañas la presencia, el aliento y hasta la firma del genio de las letras hispanas.

Juan José Iglesias Rodríguez
Académico de Santa Cecilia

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