miércoles, 8 de junio de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (265)

CÁDIZ NO ESTUVO SOLA

Colean todavía las secuelas del Bicentenario de la Pepa y, con ellas, la del sitio de Cádiz por los franceses. Y existe una cierta reiteración en afirmar que fue el único lugar de la España peninsular no hollado por los invasores napoleónicos. Pero se trata de una simplificación, acrecentada por el hecho de la duración del asedio y de que fuese en Cádiz donde se refugiase la Junta Suprema cuanto tuvo que abandonar Sevilla tras la derrota de Ocaña.  La realidad es que la larga guerra de la Independencia (1808-1814) fue un continuo tejer y destejer territorial como lo prueba el hecho de que el rey intruso José I tuvo que abandonar Madrid en tres ocasiones: la primera, tras la batalla de Bailen que obligó a los franceses a situarse al norte del Ebro hasta la intervención de la Grand Armée; la segunda en 1812, cuando la derrota de los Arapiles le obligó a evacuar Madrid y refugiarse en Valencia; y la tercera y definitiva un año más tarde en que hubo de retornar a Francia, abandonando incluso el botín del saqueo del patrimonio nacional tras la batalla de Vitoria.

En el continuo vaivén de tan larga guerra casi todas las localidades peninsulares fueron objeto del terror como arma de guerra, según instrucciones de Napoleón, y el pillaje, pues los invasores fueron inmisericordes incluso con las ciudades que se rendían sin resistencia. Pero junto a Cádiz hubo tres ciudades en las que los franceses no pudieron nunca entrar: Alicante, Cartagena y Tarifa. Los franceses carecían del dominio del mar y eran ciudades marítimas…

Las tropas francesas se rindieron ante los cañonazos lanzados por la resistencia española
En las tres ciudades citadas el ejército francés intentó su asalto, sin éxito. En el caso de Tarifa, con muy frágiles defensas, fueron 17 días de batalla hasta que el 5 de Enero de 1812 los sitiadores desisten, pese a haber abierto brecha en las débiles murallas, ya que la encarnizada resistencia y los refuerzos enviados desde Gibraltar exigían pagar un precio muy alto.

La resistencia  de Alicante y Cartagena se basó en la colosal fortaleza de sus defensas. Los alicantinos aprovecharon los primeros tiempos de la guerra, en los que, tras Bailen, los franceses no se dejaron ver por levante, para reforzar el famoso Castillo de San Fernando y cuando la Grand Armée aseguró el control de la hoy provincia de Alicante no pudo, sin embargo, extenderlo a la ciudad y los defensores consiguieron rechazar definitivamente al enemigo el 16 de Enero de 1812. Por lo que se refiere a Cartagena, al ser capital del departamento marítimo contaba entre su guarnición con la pericia de los artilleros de la Armada y éstos, desde la no menos famosa Torre de la Atalaya, disuadieron con su puntería a los franceses el 23 de Enero de 1812.  El curso por entonces de la guerra haría que, al igual que se levantó el sitio de Cádiz, los franceses desistieran definitivamente de tomar ambas ciudades. 
José Luis García Ruiz
Académico de Santa Cecilia

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