lunes, 29 de agosto de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (276)

La dama eterna


Sufrimientos, placeres y vicios del hombre medieval han quedado grabados de forma vívida en la poesía lírica de la Edad Media. La influencia de este  innegable sentimiento de plasmar en papel la profundidad del ser va a tener una influencia en la evolución de la música, que desarrollará hasta su esplendor la canción monofónica.

El origen de la figura del trovador surge entre la región francesa al sur de Loira y al oeste de los valles del río Ródano, tal vez por la relativa paz y prosperidad de la región en conjunto, la riqueza y el lujo que gozaba la aristocracia, la pervivencia de la cultura latina, o el contacto con los musulmanes en España… todas estas causas probables dejan como resultado una rica poesía lírica en lenguas modernas en Europa Occidental de la mano de los Trovadores.

La primera denominación común de las canciones de trovadores en lengua vernácula serán los vers. Esta lengua recibe varios nombres: langue d’oc, provenzal, ambos nombres parten de la existencia de las antiguas provincias del sur de Francia conocidas como Provenza y Languedoc. La canción monofónica en España debe ser considerada una rama directa del movimiento trovadoresco. El contacto entre familias reinantes del sur de Francia y los reyes españoles era asiduo y estrecho. Las grandes comitivas que acompañaban a estos gobernantes en sus muchas visitas mutuas incluían trovadores y juglares. Los trovadores franceses encontraron una pronta acogida en las cortes españolas, y el provenzal se convirtió en la lengua de la poesía hasta que en el siglo XIII la lengua vernácula de la Península Ibérica hará su aparición. Los ejemplos más antiguos pertenecen a las siete canciones de amor de Martín Codax, cuyos poemas eran en galaico-portugués.

El grupo “Riches d’Amour” está formado por: Alberto Barea, Ronda, 1973. Profesor Superior de Lenguaje Musical, especialista en música antigua, en Dirección de Coro y Orquesta bajo la tutela de Laszlo Heltay, en canto con Gilles Schneider, Técnico de sonido por la escuela Microfusa de Barcelona, y compositor. Fundador del grupo “Riches d’Amour”, con el que realiza una labor de investigación centrada en el Renacimiento temprano y.

Carmen Hidalgo, Sevilla, 1978. Estudia en el Conservatorio Superior de Sevilla en la especialidad de Violoncello, y tras poseer conocimientos suficientes se especializa en la música antigua estudiando viella medieval con Alejandro Tonatiuh, Ars subtilior con Anna Danilevskaia y violas renacentistas con Carles Magraner. Recibe clases de canto de Barbara Zanichelli.

Ambos son miembros del grupo “Artefactum”, con quienes participa en la búsqueda de la música medieval en todo su esplendor, tanto vocal como instrumental, investigando los sonidos de los instrumentos propios y buscando el oficio de Trovadores y Juglares a través del tañir de instrumentos de toda índole, de los que cabe destacar el organeto, la viola de rueda, flautas, dulzainas, chirimías y la rota.
Alberto Barea Tejada

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