miércoles, 30 de noviembre de 2016

MÚSICA CLÁSICA EUROPEA: LA ÓPERA (30) Un ballo in maschera

Un ballo in maschera  (Un baile de máscaras)
Ópera en tres actos
Música: Giuseppe Verdi (Roncole de Busseto, 10-10-1813 / Milán, de 27-01-1901)
Libreto: Antonio Somma (Udine 29 de agosto, 1809 - Venecia, 10 de agosto de 1864) tomado de Gustave III ou Le bal masqué de Eugène Scribe
Primera actuación
Teatro Apolo, Roma 17 de Febrero de 1859
Personajes:
Ricardo: Gobernador de Boston (tenor)
Renato: Secretario de Ricardo (barítono)
Amelia: Mujer de Renato (soprano)
Ulrica: Adivina (mezzo)
Oscar: Paje de Ricardo (soprano)
Silvano: Un marinero (bajo)
Samuel: Conspirador (Bajo)
Tom: Conspirador (Bajo)

Es una ópera ambigua, bella y complicada, donde no se distingue un personaje principal que destaque del resto, siendo un trabajo muy italiano tampoco renuncia al modelo francés, lirismo y brillantez mezclados en fondo y formas.

La ilusión de un amor más sufrido que vivido, la amistad y la traición, la risa y el llanto, el adulterio y la pasión, la superstición y el destino, el sentimiento de culta o la utopía del buen gobierno son los hilos con los que se teje esta obra.
Acto I.   Palacio del Gobernador



El preludio nos marca, desde la primera nota, la diferencia entre el clamor de los gentilhombres y el aire de conspiración que se vive en la corte. En escena se ve, con el telón levantado, a los leales oficiales y a la gente de confianza de Riccardo que ensalzan al conde mientras esperan a que llegue éste a la sala de palacio ("Posa in pace"..."Descansa en paz"). Mientras tanto, en una esquina, una serie de "conspiradores" muestran un odio anhelante de venganza ("E sta l'odio che prepara il fio"... Y está el odio que prepara el castigo). Llega el Conde a la sala de recepciones, anunciado por su paje, Óscar; mientras que el conde recibe de la gente presente todo tipo de peticiones, el paje le entrega las lista de invitados para la fiesta del día siguiente, entre la que se encuentra Amelia, lo que nos permite disfrutar de un aria que ya, en el preludio, se percibe claramente: "Là rivedrà nell'estasi". En cierto sentido, tenemos aquí la prueba del amor que siente Riccardo por una persona que el destino convertirá en protagonista de lo ocurrido. Se queda solo y ensimismado con el pensamiento de esa mujer cuando aparece en escena Renato, leal secretario y marido de Amelia, desconocedor de esa relación y que acude para revelar los peligros que acechan al trono. Calmado el conde porque el secretario desconoce la relación citada, rechaza todo temor a lo que Renato apela a que la seguridad del país dependen de él ("Alla vita che t'arride"...Tu vida que te sonríe). Óscar regresa a escena anunciando a un juez que desea el exilio a una hechicera; el paje, a cada acusación, replica a favor de aquélla ("Volta la terrea"). Riccardo avisa a todos los cortesanos sobre cuál será su intención: comparecer disfrazado de pescador en la cueva donde la hechicera tiene su morada ("Ogni cura si dona al diletto"). Es quizás una de las escenas de esta ópera que más populares se han hecho con el paso del tiempo; en ella se puede comprobar los diferentes grupos que se perciben: el conde y Óscar por una parte, Renato se mantiene firme en su convicción de que es peligrosa la acción mientras los conspiradores ven una interesante opción de golpear.

Escena Segunda: Cueva de Ulrica





El compositor inicia este cuadro colocándonos en posición de observar a una bruja: una música entre misteriosa y tenebrosa nos permite vislumbrar el ambiente, por no hablar de que bien se acertó al colocar a una mezzosoprano más cercana a contraalto para este papel tan corto como fundamental: ella dirige todos los acontecimientos posteriores como así la defendió Óscar en su aria del primer acto. Tras invocar a los poderes del abismo ("Re dell'abisso, affrettati"...Rey del abismo, acude) responde a un marino al servicio del conde que solicita saber su futuro; Riccardo, que estaba oculto entre la gente observando a la sibila, responde a los vaticinios de ésta concediendo al marinero lo que ésta profetizaba. Un siervo de Amelia pone en tensión al conde; la presencia de su amada le turba: quiere olvidar el amor que tanto daño le acerca y busca una cura. Ulrica, que previamente había dispersado la sala, le indica como lograr las hierbas que le liberaran del dolor en un lugar "funéreo"(Acto II). Cuando todos irrumpen en la sala tras marcharse Amelia es la ocasión de hacerse presente el conde con su disfraz y porte de pescador. De dicha presencia destaca esa barcarola("Dì tu se fedele"....Díme tu si es fiel....) preciosa y que dejará buen sabor de boca en quien inicia este mundo de la ópera. La hechicera lee la mano del conde (recordemos que ella desconoce que es Riccardo) y se estremece al ver las líneas de la mano: "pronto morirá...a manos de un amigo"; el conde se mofa de dicho vaticinio ("È scherzo od è follia"... ¿Es una broma o una locura...?) mientras Óscar se muestra afligido ante tal destino a pesar de los esfuerzos del conde por no hacer creíble dicha amenaza. Riccardo le pide saber quién será el asesino, a lo que ella responde: "el primero que te estreche la mano"; todos no quieren darle la mano...salvo Renato que no estaba presente y que aparecía en ese momento preciso. El conde se tranquiliza pues es una mano fiel y le entrega a la sibila una bolsa de monedas pero ésta insiste en su vaticinio: había quizás más de un traidor en ese lugar. El final coral es emotivo en su cuerpo principal: el afecto del pueblo hacia el conde y que nada le hace temer a éste ("O figlio d' Inghilterra") mientras otros se muestran preocupados (Renato), molestos con la multitud que impide golpear (conspiradores); entre los personajes, la hechicera deja última constancia con ese terrible comentario en que se resume este cuadro: "se ríe de mi presagio pero tiene un pie en la fosa".

Acto II:  Campo solitario a las afueras de Boston





Un preludio intenso en el que se nos hace ver la llegada de Amelia al lugar indicado por Ulrica es el inicio de este acto, en el que también se percibe las notas del encuentro anterior con la sibila. El aria de Amelia ("Ma dall'arido stelo divulsa"... Cuando he cogido la hierba) recuerda a otras arias de soprano verdianas por la profundidad de sentimientos que encierra en una relación que desea finalizar. Riccardo aparece para dar lugar el gran dúo de esta ópera ("Non sai tu che se l'anima"...Tú no sabes que si el alma). Amelia desea que la relación se rompa mientras que el conde insiste en amar y ser amado. Al final, ella acaba rendida ante el ímpetu amoroso del soberano ("Oh, qual soave brivido/Oh sul funereo letto") en un dúo que llena de insólita alegría el ambiente funéreo en el que está ambientado este acto.

Ella observa que llega alguien que les puede sorprender; en efecto, Renato aparece para salvar al conde de cierto grupo de conspiradores que intentaba caer sobre él, instándole a huir. Amelia, que iba tapada con un velo para no ser reconocida por su marido, apoya a Renato en el intento de convencer al conde de la necesidad de escapar ("Odi tu come fremono cupi"... "oye como tiemblan...") en un trío en el que ambos van tratando de convencerlo de marchar mientras el soberano acepta la marcha "culpable de amor". Una vez juntos, Renato trata de guiar a la mujer que estaba con el conde cuando, en ese punto, llegan los conspiradores liderados por Sam y Tom. A unas palabras provocadoras, Renato empuña su espada pero Amelia no lo acepta y desvela su identidad ante la sorpresa de su marido y la incredulidad de los demás asistentes ("E che baccano sul caso strano"...Y que jolgorio el caso extraño). Aquí observamos el paso que dará Renato de fiel y leal servidor de Riccardo a solicitar la presencia de los conspiradores en su casa percibiéndose un enojo creciente. Cuando todos han marchado y vuelven a quedarse solos, el tono de Renato hacia Amelia ya es una evidencia de lo que ocurrirá mientras, a lo lejos, sigue comentándose el jolgorio que habrá en la ciudad por el extraño caso. 

Acto III:  Escena Primera: Casa de Renato




La orquesta da clara evidencia de que las tornas han cambiado. Renato llega junto a Amelia a la casa que ambos comparten, todo lleno de ira y enfado hacia su mujer y el conde ("Sangue vuolsi e tu morrai") mientras que ella intenta convencerle de que no hubo ninguna deshonra; el no acepta ninguna disculpa pero acaba aceptando una "última voluntad" de ella: abrazar a su único hijo ("Morrò, ma prima in grazia"...Moriré, pero una gracia antes). El aria es cautivadora, no por el tema sino por el modo de afrontar una petición: primero con una calma asombrosa en quien morirá; después más desgarradora (Morrò- ma queste viscere...). La petición también ha frenado en Renato el ímpetu de sangre hacia su mujer: todo el golpe se lo ha de llevar el conde ("Il sangue tuo...Eri tu"). Al igual que la soprano, el barítono cuenta aquí con otra opción de lucirse antes de que llegue el final de la ópera: El "Eri tu" es un aria de diferentes matices argumentales: ira hacia el conde, recuerdos de un pasado feliz con su mujer-una parte más melódica-, y, por último, el regreso a ese odio letal hacia quien sirvió lealmente hasta un día antes. Sam y Tom acuden ante el secretario como éste les pidió la noche antes; Renato les revela que desea compartir con ellos el objetivo de matar al conde pero pidiendo, a su vez, que sea él quien lo mate. Ambos han quedado sorprendidos por el cambio de aquél a quien consideraban fiel y dudan de si es cierto ese cambio; Renato les convence con la mejor garantía: su hijo. Ya está decidido que el fin de Riccardo será la muerte ("Dunque l'onta di tutti sol una"). Aceptan de buen gusto que Renato se una al grupo de conspiradores pero no así que sea él quien asesine al soberano; el secretario les ofrece la opción de que sea la suerte quien decida el asesino; Amelia, que irrumpe en la sala para indicar que ha llegado Óscar con un mensaje del conde, es la mano inocente que decide el nombre del magnicida: como si el azar quisiera imponerse, el nombre de Renato aparece en la hoja elegida. Entra el paje con el fin de anunciarles para esa misma noche un baile de mascaras (Ah! Di que fulgor,che musiche!). En este quinteto inolvidable asistimos a una música alegre (el paje ignora cuánto ocurre en la casa) pero, también, ciertos toques angustiosos (Amelia, consciente de que es su marido quien tratará de asesinar al conde) y tenebrosos (los tres conspiradores que ven en las máscaras una oportunidad a tener en cuenta para el crimen). Al final, se nos revela como vestirán los tres para reconocerse entre tantos disfraces mientras Amelia trata de pensar como avisar al conde.
Escena Segunda: Despacho del conde en el Palacio


Está el conde, unos instantes antes de la fiesta, cavilando que lo mejor es separarse de Amelia; desconocedor de lo ocurrido después de su huida y suponiendo que el secretario había cumplido su promesa, considera que ya ha hecho demasiado daño a ella y a su marido. El aria "Ma se m'è forza perderti" ya es un canto de despedida una vez que ha firmado el decreto que hará que Amelia marche junto a Renato; con un tono melancólico siente en su interior que el volverla a ver será como si fuese la último hora de amor. Unos acordes recuerdan que en otra sala del palacio está a punto de iniciarse el baile; el paje entra en la sala y le entrega una nota donde se le avisa al conde el intento de asesinato pero él no hace caso y se dispone a disfrutar.

Escena Tercera:  Sala principal del palacio donde se celebra el baile




Con una música animada da inicio al baile ("Fervono amori e danze"). En un aparte se percibe a Sam, Tom y Renato vestidos de forma igual. Óscar, que está disfrutando de la fiesta, trata de jugar con Renato pero él actúa de forma fría. Con la excusa de querer hablar de asuntos de estado, Renato le insiste al paje de que revele el disfraz del conde, información que logra a duras penas puesto que Óscar, en un principio, no tiene intención de decirlo ("Saper vorreste"). En otro aparte, Amelia, disfrazada, ve al conde que ha hecho caso omiso del anónimo y se le acerca recriminando el peligro que acepta; ambos entablan una conversación en el que ella insiste en que se vaya del baile mientras él niega toda petición de salvación, revelándole posteriormente los planes que tiene para ella y Renato. Los tres conspiradores se acercan a la pareja y, en el momento en que se despiden, Renato apuñala a Riccardo ante el estupor de los invitados. Detienen al secretario, le quitan la máscara y todo el mundo grita el nombre del magnicida: el vaticinio de Ulrica se había cumplido de principio al final. Riccardo, que aún no ha muerto, pide que lo suelten para que Renato pudiera coger el decreto que tenía el conde en la manga -en él se indicaba que hubiera sido ascendido a nuevo cargo y destinado a Inglaterra con su mujer-; asimismo, le decía que el amor que se profesaban era puro, sin intención de hacerle daño al honor de Renato; arrepentido, el secretario lamenta el error al que le ha llevado la "sed de venganza" mientras el resto de asistentes al magnicidio muestra su desolación("Cor sì grande e generoso") ante la despedida de un herido de muerte en sus últimas palabras ("Addio, miei figli").

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