lunes, 19 de diciembre de 2016

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (290)

La cultura de la ceja alzada

       De un tiempo a esta parte, el concepto de cultura se ha vuelto tan generoso que abarca muchas disciplinas. Ya no solo son las artes clásicas de toda la vida sino que acoge fiestas y costumbres populares, modas y hasta extravagancias siempre que tengan un cariz "artístico" o que hayan sido bendecidas por un crítico con prestigio en el negocio cultural.

 Escultura clásica griega - Museo del Louvre                                Los burgueses de Calais-A. Rodin

       Puede que no sea importante definir el término e incluso que no sea necesario establecer límites, es decir, que cada uno elija aquello que le llena intelectualmente, enriquezca y le haga evolucionar. Pero lo que sí parece necesario es que se fomente lo que los anglosajones ─que disfrutan como niños con clasificaciones, jerarquías y apartados─ llaman la cultura de la ceja levantada sin desmerecer con ello a la de ceja alicaída y a la cultura popular. Esta alta cultura se diferencia del resto en la dificultad de comprensión y asimilación de las obras. Un ejemplo característico es el Ulises de Joyce, libro complejo donde los haya, donde han naufragado muchos lectores ávidos y entusiastas.

       ¿Qué hacer? ¿Olvidar al autor y a sus libros? ¿A Dante, Pushkin y a Cervantes? ¿Arrinconamos en el olvido la música culta, con Bach a la cabeza? ¿Qué hacemos con los cuadros del Bosco, exponerlos sin despertar la curiosidad por lo que se esconde detrás de cada escena o personaje? Y por supuesto tendremos que enterrar el expresionismo alemán, ese "tostón".
Tríptico del jardín de las delicias- El Bosco
       Hay que alabar la democratización de la cultura, que se encuentre al alcance de todos. Pero nunca aceptar la debilitación y degradación de la calidad. La Humanidad se ha desarrollado gracias a la ciencia y a la tecnología pero también a la cultura que alimenta el alma, despierta la imaginación y activa el cerebro. Nos ayuda a entender a la persona que tenemos enfrente y a nosotros mismos, nos desvela nuestros más íntimos pensamientos y nos obliga a seguir pensando. Pensar, ese peligroso ejercicio mental que cada día tiene menos adeptos.

       Por ese motivo, como protectoras de la cultura en general y de la alta en particular, las instituciones culturales tienen que fomentar, de manera atractiva, el acceso a los genios de las distintas artes. Es una tarea ardua, no es fácil convertir la cultura en un elemento de consumo habitual en un tiempo donde Internet ha cambiado las costumbres, donde una imagen vale más que mil palabras... y hasta que cien mil palabras. Ahora hay que utilizar las nuevas tecnologías y con pequeñas dosis o píldoras informativas hacer germinar la pasión por aprender más. Más de la Grecia Clásica y sus filósofos, del Egipto Antiguo y sus pirámides o de Kafka y de Borges. Hay que poner de actualidad a la gran literatura, a la ópera, a la escultura... en fin, a la Alta Cultura.
Rocío Pérez izquierdo
Colaboradora de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia


El Aire para la cuerda de sol  es una adaptación hecha por el violinista Alemán August Wilhelmj (1845 – 1908) a finales del siglo XIX del “Aire”, que es el segundo movimiento de la Suite Orquestal No. 3 en re mayor, BWV 1068, de Johann Sebastian Bach

2 comentarios:

  1. Formidable escrito, muy interesante la reflexión sobre el abandono de la alta cultura cambiándola y/o siendo sustituida por algo más superficial y 'light' que dan, sobre todo, en las televisiones.

    ResponderEliminar
  2. Desde luego hoy a cualquier cosa se le llama concierto y a cualquier cosa exposición, y hasta en los museos famosos se ven desatinos. Estupendo artículo que nos pone delante de una realidad que nadie quiere ver, debe ser por eso de lo políticamente correcto.

    ResponderEliminar