martes, 31 de enero de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (295)

Ciudadanas invisibles

En la Asamblea General de las Naciones Unidas se diseñó las Reglas Estándar para la Igualdad de Oportunidades para las personas con discapacidad cuya regla nº.9 insiste sobre «la necesidad de garantizar (por parte de los gobiernos) el acceso de las mujeres con discapacidad y de sus familias a la información y los servicios disponibles en el ámbito de la violencia contra la mujer».

Dado la importancia de este tema, resulta revelador que el colectivo de población de las mujeres con discapacidad no aparezca reflejado, o lo haga escasamente, en las estadísticas generales y en las que se publican sobre malos tratos específicamente desde las instituciones públicas. Esta falta de datos se puso ya de manifiesto en el Foro Europeo de la Discapacidad (1997) donde se llegaron a denominar “ciudadanas, invisibles”, al no ser considerada su presencia como miembros de la sociedad.

A pesar de que existen escasas cifras precisas que no alcanzan relevancia estadística significativa en nuestra sociedad, hay evidencias que nos permite afirmar que las mujeres con discapacidad padecen violencia de género y realmente el fenómeno existe, simplemente no se presta la debida atención.


La violencia de género hacia las mujeres con discapacidad no se  conoce o se conoce poco, y mucho menos, una parte importante de la población no es sensible al hecho de que, las personas con discapacidad motriz, sensorial, cognitivo-intelectual, psicosocial, también sufren injusticias sociales, y violencia de género. Hablar de mujer con discapacidad es, hablar necesariamente de una “repetida marginación”. Son mujeres “doblemente” golpeadas por muchas de las injusticias sociales por determinados sectores de la población. De un lado,  por ser consideradas tradicionalmente como “discapacitadas” como sucede en el trato de inferioridad en los puestos de trabajo, aunque es poco habitual que lo tengan, en las percepciones salariales, niveles educativos...y, por otro,  las propias por el hecho de ser mujeres, llegando a padecer violencia física, psicológica y sexual.

Además se encuentran en una situación de mayor riesgo a la hora de sufrir comportamientos violentos, dado que sus posibilidades de defensa ante un agresor potencial, muchas veces su cuidador, están limitadas, padeciendo un fuerte temor a denunciar la agresión por miedo a perder determinados vínculos de afecto y atención "qué hago yo sin un hombre al lado, por lo menos cuando él me maltrata, ya sé hasta dónde llega...me ha hecho daño, pero más daño es no verlo...", testifica una persona afectada.

Jineth Bedoya, periodista colombiana, defensora de los derechos de las mujeres víctimas de la violencia sexual en su país a la que con 26 años, tres alimañas secuestraron, violaron y la torturaron, afirma que "Se puede cambiar el mundo. Se puede cambiar el mundo de una mujer, necesitamos hombres y mujeres que crean en estas mujeres"

Para que esta realidad cambie debemos conseguir que las ciudadanas invisibles, se sientan  visibles y partícipes de una sociedad justa y asumir que se trata de un problema social que nos afecta a todos. Así se logrará que se adopten medidas por las distintas instituciones, que refuten todas las formas de explotación, violencia y abuso. Si ha llegado hasta aquí, siéntase implicado, y reflexione en torno a lo que se puede hacer para erradicar la violencia de género de modo que, con su contribución, se puedan obtener los apoyos necesarios que permita mejorar su calidad de vida.
Antonio Leal Giménez
Académico de Santa Cecilia

1 comentario:

  1. Siete mujeres han sido asesinadas en lo que llevamos en mes de enero. Esta lacra ningún gobierno ha sido capaz de erradicar. Muchos artículos como este hacen falta publicar.

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