martes, 7 de marzo de 2017

CINE. Los negros en el cine americano

“LOS NEGROS EN EL CINE AMERICANO”
(A propósito de  “Moonlight” y “Fances”)


                                                  
            Hace unos quince días, os ofrecía un artículo -que no crítica-, sobre dos películas que se proyectaban simultáneamente en nuestros multicines, “LOVING”, de Jeff Nichols y “FIGURAS OCULTAS”, de Theodore Melfi y os decía que, aunque a mi no me interesaban demasiado las películas que se vanaglorian de estar basadas en hechos reales, a veces, sin embargo, os decía,  tenía  que reconocer, que había películas en las que contarnos hechos reales ocurridos,  estaba plenamente justificado y cumplía un papel social importante a la vez que servía para corregir errores de la justicia o enmendar actitudes y silencios injustificables y entonces sí, estas películas, aparte de sus méritos artísticos, que también los pueden tener, como era el caso de las dos películas a las que entonces me refería, podría servir para devolver el honor que se quitó a ciertas personas, para restituir y sacar a flote méritos ocultos o escondidos por motivos ruines y falaces como el color de la piel o el sexo.

            Curiosamente ahora se están proyectando en las pantallas de nuestros multicines, otras dos películas ambientadas también en el mundo de los afroamericanos de Estados Unidos.

Una es la reciente ganadora del Oscar a mejor película, “MOONLIGHT”, de Barry Jenkins, una película aparentemente menor, pero que el Oscar la ha situado en primerísima línea de interés para críticos y aficionados. 

La otra es “FANCES”, de Denzel Washington, que él mismo protagoniza junto a Viola Davies que ha obtenido el Oscar a mejor actriz secundaria aunque para mi deberían de haberle dado el de mejor actriz principal que le dieron incomprensiblemente a Emma Stone.

Las dos películas partían de la línea de salida, empatadas a méritos, las dos optaban a varios premios pero el resultado, en este caso junto, ha puesto a cada una en su sitio.

“Fances” es la adaptación cinematográfica de una obra teatral que el propio Denzel Washington, que dirige y protagoniza la película, ya había interpretado sobre los escenarios y eso se nota demasiado. La película tiene la estructura de una obra teatral, no es cine, es teatro y seguramente si yo hubiera visto la obra representada sobre un escenario, me habría encantado, pero el cine tiene sus propias reglas, su propio lenguaje y aquí no están presentes. Todos los personajes, salvo Viola Davies, son personajes teatrales, no creíbles, falsos, sobre todo Denzel Washington, que recita su papel con el tono cansino del que ya lo ha hecho mil veces anteriormente.

En “Moonlight”, por el contrario, todo es cine, vida, naturalidad, verdad.  El barrio Liberty City de Miami, donde se rodó la película, es el escenario de una historia donde vemos como vive la gente, casi toda negra, convertido en un foco de marginalidad, donde el crimen y las drogas han imperado durante décadas.   El crack es de uso normal al igual que las armas.  Los chicos, desde muy jóvenes, hacen uso de ambas cosas.  Las familias están desestructuradas, el sexo, banalizado, comienza en los institutos a edades muy tempranas y el machismo, la intolerancia, la violencia y la ley del más fuerte, llevan a que en los institutos, generalmente por motivos de  liderazgo y de mitificación de la virilidad y desprecio a la homosexualidad y a los comportamientos “diferentes”, sea muy frecuente el acoso escolar.

Todo ello está presente en la película y todos los problemas del barrio se materializan en la persona del protagonista al que seguimos en tres edades diferentes de su vida. En la primera parte, en la que es niño, encuentra la comprensión, el afecto y el cariño de un hombre, papel que interpreta el actor  Mahershala Ali., por el que ha conseguido el Oscar al mejor actor de reparto. 

En un momento de la película, este personaje, le dice al niño que se ha ido de su casa huyendo de su madre drogada y no quiere ir al colegio para no ser perseguido y humillado por sus compañeros que se ríen de él por ser “poco hombre”: “No te preocupes chavalín, siéntete orgulloso de lo que eres. Yo soy cubano y negro. El mundo está lleno de negros, nosotros fuimos los primeros que poblamos la tierra”. El hombre le incita a sentirse orgulloso de lo que es, a no tratar de avergonzarse de nada, y le dice que es negro, no “de color”, eufemismo que muchas utilizan para evitar decir la palabra negro como si eso fuera un insulto, dibujando un personaje cercano, lleno de facetas, un narcotraficante que no ha perdido su nobleza y se erige en figura paterno filial de Chiron que en una segunda parte, ya joven, veremos presa de la inseguridad provocada por el bullying, el dolor del desamparo familiar y en la que asistiremos a su primer –y único- encuentro sexual.

No ocurre lo mismo con Naomie Harris que interpreta a la madre y se muestra sobreactuada en todo momento. Nunca fue más cierto aquello de que menos es más.

A buen seguro que la proliferación de películas que abordan problemas de los negros y recuerdan temas como el vergonzoso de la segregación racial, no son gratuitos y tienen mucho que ver con los cuatro años en que estuvo a la cabeza del Ejecutivo norteamericano Barack Obama  y seguro que no veremos más películas  sobre este tema durante el tiempo que ese cargo lo ocupe Donald Trump.

Jesús Almendros Fernández
Crítico de cine, socio colaborador de la Academia

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