viernes, 17 de marzo de 2017

MÚSICA CLÁSICA EUROPEA: LA ÓPERA (16) La traviata


LA TRAVIATA
Es una ópera en tres actos con música de Giuseppe Verdi.
Libreto de Francesco María Piave, basado en la novela de Alexandre Dumas (hijo) La dama de las camelias.
Estrenada en el teatro La Fenice de Venecia el 6 de marzo de 1853.

ARGUMENTO:

Se abre con un  breve Preludio que podemos asociar con la agonía de Violetta, ya nos augura la gran frase de la heroína en la escena primera del Acto II, ¡Amami, Alfredo!


La trama de la ópera, basada en "La Dama de las Camelias" de A. Dumas, fue considerada por sus contemporáneos una afrenta a la moral vigente y a las buenas costumbres. En realidad, sólo se trata de una mujer enamorada y dispuesta al sacrificio. El drama comienza en París, donde la bellísima Violetta Válery da una brillante fiesta para sus amigos. Entre los muchos admiradores que han acudido a casa de Violetta, está Alfredo Germont, que siente por la fascinante dama un amor secreto y sincero. En la mesa, Alfredo revela sus sentimientos con un apasionado Brindis y Violetta le responde con un canto de celebración al amor despreocupado. A Violeta, minada ya por la tuberculosis, le sobreviene un repentino malestar y trata de alejarse para estar sola, pero Alfredo se reúne con ella, y después de reprocharle dulcemente la vida frívola que lleva, le declara su amor. Violetta reacciona con la alegría desenvuelta de una mujer de mundo, pero queda fascinada por un amor sincero.

Han transcurrido tres meses: Violetta vive feliz con Alfredo, lejos de toda mirada indiscreta, en una casa de campo a las afueras de París. Para prolongar su felicidad junto a su amado, poco a poco va vendiendo todo su patrimonio. De regreso de una partida de caza, Alfredo se entera casualmente por la criada, Annina, de que Violetta , para sostener los gastos ha tenido que desprenderse de sus caballos y del mobiliario de su suntuosa mansión parisiense. Dolido, el joven corre a París a procurarse dinero. Durante su ausencia, su padre, Giorgio Germont, se presenta ante Violetta para obligarla a que deje en paz a su hijo, que él cree arrastrado a la mala vida por una mujerzuela. Ofendida Violetta le enseña los documentos que prueban la venta de todas sus propiedades. Germont comprende que la pasión de la mujer es sincera y entonces hace una llamada a la nobleza de sus sentimientos: le confía que tiene una hija cuyo prometido se niega a casarse mientras dure el escándalo de Alfredo. Violetta desearía no renunciar a su apasionado amor, pero al final cede, y para alejar a Alfredo decide volver a su vida disipada.

De regreso a París, Violetta se muestra en sociedad acompañada del Barón Douphol, su antiguo protector, y con él asiste a una fiesta en casa de Flora, otra mujer de vida frívola que es amiga suya. Allí la encuentra Alfredo. Aparentando indiferencia, el joven desafía al barón a una partida de cartas, primer asalto de un enfrentamiento mortal que continuará luego en otro lugar. El desafío es aceptado. Violetta lo comprende todo y le ruega a Alfredo que abandone la fiesta. Y él pone una condición: se irá, pero con ella. Violetta no puede hacerlo: ha prometido a Giorgio Germont que rompería los vínculos con su hijo para siempre y, para hacer honor a la palabra dada, anuncia a Alfredo que está enamorada de Douphol. Esta confesión desencadena la furia del joven. Cegado por la ira y los celos, llama a sus amigos, les revela que Violetta se ha sacrificado por él hasta el punto de haberse arruinado financieramente y, por último, lanza a los pies de la joven una bolsa con monedas de oro, como pago por los favores recibidos. El gesto suscita la indignación de todos; Giorgio Germont, que acaba de llegar, reprocha a su hijo su comportamiento y el barón lo reta a duelo.

Otra vez París, en el frío mes de febrero. Violetta está al borde de la muerte en el dormitorio de su casa. La enfermedad le ha robado sus últimas fuerzas. El médico trata de animarla en vano, con mentiras piadosas, pero la tuberculosis no le va a conceder más que unas horas de vida. Desde la calle llegan alegres canciones de Carnaval, y Violetta, pensando en los que sufren, manda a Annina a llevar dinero a los pobres. Conocedora de su situación, se desespera ante la perspectiva de que Alfredo no llegue a tiempo para darle el último adiós. El propio Giorgio Germont le ha escrito: Ha habido un duelo entre Alfredo y Douphol, y éste ha resultado herido; pero Alfredo conoce ahora toda la verdad, que su padre no ha podido callar. Conmovido por el sacrificio de Violetta, y angustiado por la injusticia cometida, el joven se presenta en su casa para implorar perdón. Pero ya es demasiado tarde. Por un instante, la felicidad devuelve las fuerzas a Violetta. Quiere vestirse, salir, vivir y amar de nuevo. Pero la ilusión se derrumba muy pronto y llega el final, dulcemente le regala a Alfredo un medallón con un retrato suyo y muere en sus brazos.

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