miércoles, 16 de agosto de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA, Capítulo X y (3) El Romanticismo

La Ópera en el siglo XIX
La mayoría de las óperas que se representan y seguimos escuchando datan del siglo XIX, cuando el género era muy popular. Tras el mordaz humor de la ópera italiana, la grandilocuencia de la ópera francesa, o la pasión calculada de los dramas musicales wagnerianos, la ópera romántica fue el vehículo perfecto para expresar las ideas románticas más profundas y las más tontas.




La ópera italiana se representaba en todas las ciudades europeas. Italia siguió siendo la fuerza dominante de la ópera decimonónica. A Rossini le sucedió Vincenzo Bellini, cuya ópera Norma tanto se representa aún hoy. Donizetti y su célebre ópera  Lucía de Lamermoor  - basada en una obra de Walter Scott - es otra ópera frecuentemente representada. Pero quien representa el cenit de la ópera italiana, con la profundidad dramática cada vez más realista, es Giuseppe Verdi.
A finales del siglo XIX, cuando Giacomo Puccini (1858-1924), sucesor de Verdi, se inició en la composición, la ópera italiana estaba en franco declive. Desde los esplendorosos días de Rossini, Donizetti y Bellini, se habían producido incontables obras, muchas de las cuales estuvieron sólo unas noches en cartel antes de olvidarlas para siempre. Con las notables excepciones de Mefistófele de Arrigo Boito, y de Verdi que ya componía sus últimas óperas, parecía que los genios italianos de la ópera se hubieran extinguido.
Pero en la década de 1880, Puccini estrenó en Milán Le Villi, su primera ópera que obtuvo un gran éxito. En cambio no ocurrió lo mismo con la segunda Edgar, cuya música era débil, y el libreto de Fontana aún más. Cuatro años más tarde el estreno de Manon Lescaut representó un triunfo absoluto que redimió al autor y lo colocó en el camino hacia la gloria.  A ésta le siguieron, La Bohème, una de sus obras más famosas; Tosca, cuyo aria Recóndita alegría hace que la ópera sólo se recuerde por ella; Madame Butterfly; La fanciulla del West – basada en la obra The Girl of de Golden West de Belasco - presentada el Metropolitan Ópera House de New York,  con Enrico Caruso y Enmy Destinn, causó sensación.
En 1918 completó una serie de tres óperas en un solo acto, conocidas como el Tríptico. Por último, su ópera  Turandot  donde Puccini logró una combinación casi perfecta de melodía y profundidad, y defendió la idea del verismo, es decir, realismo operístico. Turandot contiene una de las arias más célebres y queridas del repertorio: Nessum dorma (que nadie se duema).



En Francia, en la primera mitad del siglo XIX, el estilo de ópera preferido en París fue la <<Grand Opera>>. Constaban de cinco actos y, por lo general, contenían ballets con una coreografía compleja y elaborada. En la actualidad, rara vez se representan por su longitud y por la enorme dificultad de sus partes vocales. A partir de mediados de siglo, compositores como Charles Gounod con Fausto, y Bizet con Carmen, ganaron popularidad y celebridad.
En los países germánicos el <<Singspiel>> - texto hablado combinado con música - seguía siendo el estilo más apreciado. El ejemplo más conocido es, sin duda,  <<La flauta mágica>> de Mozart. <<El cazador furtivo>> de Carl María von Weber, famosa por su riqueza melódica y su orquestación, estrenada en 1821, representó un gran avance en la ópera cantada en alemán, pero es, sin duda, Wagner el máximo representante de la ópera alemana.



Aunque en otros países no se produjeron tantas óperas como en Italia o Francia, si urgieron nuevas tradiciones operísticas donde la influencia de la Europa Occidental se combinó con temas nacionalistas y colores locales. El idioma checo está representado por Smetana y Leos Janácek, quien compuso óperas célebres como “La zorrita astuta” y “Katya Kabanova.

La ópera rusa fue la primera que atrajo la atención en occidente gracias a las obras de Mijail Glinca, quien se basó en cuentos populares rusos para componer óperas italianizantes comoUna vida por el zar” y “Ruslán y Ludmila”. Glinca fue determinante para el surgimiento de la ópera rusa, pues a finales del siglo XIX, casi todos los compositores rusos: Chaikovsky, Mussorgsky, Borodin y Rimsky-Korsakov, contaban al menos con una ópera en su haber.
Academia Santa Cecilia

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