13.FENICIOS, TARTESIOS Y GRIEGOS EN OCCIDENTE
La Atlántida de Platón: el nacimiento de un mito (1).
Diego
Ruiz Mata / Catedrático de Prehistoria / Académico de Santa Cecilia.
Pulsar imagen para ampliar |
Conocemos
infinitos mitos de todos los tiempos y lugares. Y pocas veces ha habido uno que
haya originado tantas páginas impresas, interpretaciones, expectación durante
siglos, y que aún perdure sin respuestas
convincentes. Se constatan más de 2.000 libros referidos a la isla-ciudad que
describieron Critias y Timeo en los diálogos platónicos, hacia el 360 a.C.,
denominada Atlántida -isla o continente-, y en todo caso, de una superficie
mayor que Libia –el norte y centro de África- y Asia juntas. En ellos cuenta
Platón, a la edad de sesenta y siete años experimentados, la historia de una
civilización floreciente, de 9000 años de antigüedad, situada “más allá de las columnas de Heracles”,
esa referencia geográfica insistente en el mito griego sin lugar preciso, que
pereció sumergida por las aguas enfurecidas en un solo día. Fantasía o realidad.
La Atlántida es la alegoría de la ciudad deseada y soñada, contemplada desde la
perspectiva de un filósofo que juzga los peligros de los ideales fracasados por
la debilidad y ambición del ser humano, y que culmina en la tragedia y en la
muerte.
Nos informa
Platón en su carta VII, que estos diálogos se escribieron tras su vuelta de
Siracusa, en Sicilia, donde había intentado llevar a cabo sin éxito sus ideales
políticos, junto a su protector el tirano-filósofo Dionisio II, de convertir
ese territorio griego en una República gobernada por la aristocracia y la
excelencia intelectual y la virtud. Y siente la añoranza de un tiempo que no
vivió, que sólo lo conoció narrado, y que parecía perfecto. Y puesto que la
perfección absoluta sólo existe en un rincón de la mente y en el deseo, se
discute en este diálogo el devenir de un cosmos desorganizado y caótico a otro
organizado, la Atlántida, como imagen de un mundo ideal y de una sociedad
bien estructurada.
![]() |
Pulsar imagen para ampliar |
Todo comienza
en el diálogo Timeo, cuando Sócrates, transmitido por Platón, se refiere a la
República y a su organización ideal de gobierno. Hermócrates, uno de los
dialogantes, le dice que Critias le contó una historia que había oído de su
abuelo, de casi noventa años, cuando él sólo tenía nueve, “sumamente extraña, pero verdadera por completo”, “no una mera fábula”, que respondía a las
preguntas de Sócrates. Historia que aseguraba Timeo que se basaba en el sabio
Solón –uno de los siete memorables del mundo antiguo-, que doscientos años
antes la había oído en la ciudad de Sais, en el Delta del Nilo, contada por
sacerdotes egipcios que leyeron libros sagrados muy antiguos. Así se confería
autenticidad y autoridad a lo narrado. Platón pretendía situarla en tiempos muy
lejanos, proporcionando verosimilitud a sus personajes históricos y oída en
Egipto, considerado por los griegos como la cuna de la sabiduría, y transmitida
por sacerdotes del templo y los libros sagrados de la ciudad de Sais en el
Delta del Nilo.
Allí, Sólon
les habla de los mitos antiguos de Atenas, de Foroneo, el primer ser y rey
civilizador que habitó la tierra, de Nióbe, la primera mortal con la que se
unió Zeus, y del primer diluvio y de sus supervivientes Deucalión y Pirras. Les
cuenta, en suma, una historia de creación del cosmos, mítica, la de los
griegos, siguiendo los esquemas orientales mesopotámicos y hebreos. Y le
contestan, para su asombro, que lo que cuenta no es muy antiguo, pues hay
acontecimientos que los griegos no conocen debido a su destrucción por
desastres naturales, y además que Atenas, de 9000 años de existencia, es más
antigua que Sais y la ciudad más eficiente en la guerra, más fiel en el
cumplimiento de las leyes y la más civilizada. Todo ello consta en los libros
sagrados egipcios. Y además que los egipcios han copiado muchas de sus leyes.
Posteriormente se refieren a la Atlántida, una isla de grandes dimensiones
situada en el océano Atlántico, regida por una casta de reyes que combatieron
contra los atenienses. Tras la victoria de Atenas, la isla Atlántida
desapareció en el mar azotada por maremotos durante un día con su noche. La
Atlántida aparece como ejemplo de la ciudad ideal buscada en los diálogos
platónicos, como ejemplo de una sociedad organizada y civilizada.
![]() |
Pulsar imagen para ampliar |
![]() |
Pulsar imagen para ampliar |
Poseidón,
para proteger la colina habitada, la aísla mediante anillos alternos de tierra
y de mar, de diferentes dimensiones: dos de tierra y tres de mar en total, de
tal modo que la colina fuera inaccesible para los hombres. Engendró y crió cinco generaciones de gemelos
varones, dividió la isla en diez partes, encomendó la mejor al primogénito –el
rey Atlante- e hizo gobernantes al resto de sus hijos en cada una de las
regiones. Al primero de los gemelos, que nació tras Atlante, le encomendó la
parte extrema de la isla, desde las columnas de Heracles hasta la zona
denominada Gadirica, dándole en griego el nombre de Eumelo, pero en la lengua
fenicia de la región, Gadiro. La zona y el nombre se relacionan con Gadir y su
fundación fenicia a fines del siglo IX, integrada e interpretada a la mitología
griega. Toda la isla poseía gran cantidad de riquezas, como nunca había tenido
una dinastía de reyes, y producía todo lo necesario para vivir, incluida la
metalurgia, siendo muy escasos los productos importados. Y Platón la describe
con estas hermosas palabras: “La isla
divina, que estaba entonces bajo el sol, producía todas estas cosas bellas y
admirables y en una cantidad ilimitada”.
En la isla levantaron
puentes en los anillos del mar para abrir una vía al exterior y hacia el
palacio real; en el centro, el palacio real y el templo consagrado a Poseidón,
ceñido de un vallado de oro, cavaron profundos canales para las embarcaciones,
dársenas y la muralla exterior, fundida de casiterita. En los edificios de la
acrópolis, paredes, techos y columnas se revistieron de plata, oro y oricalco,
e igual las imágenes. Los guerreros ocupaban el anillo cercano a la acrópolis,
mientras que los espacios exteriores, dedicada a los productores, se ocuparon
densamente con numerosas viviendas. Una isla ordenada, rica, feliz, y bulliciosa, regida por monarcas y rígidas
leyes, bajo la mirada atenta de Poseidón.
![]() |
Pulsar imagen para ampliar |
Por ello,
concluye Platón, la rica y poderosa Atlántida se hundió bajo el mar, tras un
violento terremoto y un diluvio extraordinario durante un día y una noche
terribles. Ha sido el destino de muchos pueblos conocidos y famosos. Cuando se
pierden los valores que rigen un mundo bien organizado y no corrupto, el final
es la destrucción. La Atlántida es su preciso reflejo. Mas, para algunos, yace
sumergida en algún lugar de un mar desconocido. La utopía es aquí su localización
discutida, que veremos en las próximas semanas.
![]() |
Pulsar imagen para ampliar |
Es un placer leer este artículo.
ResponderEliminar¡Qué bien transmite la idea de la necesidad humana, de esa utopía o de ese "algo más" antes y después...!.
Y además aprendiendo.
Me parece estupenda la iniciativa y empezar con este artículo tan interesante todavía más un fuerte abrazo Manolo
EliminarEs admirable la versatilidad de la narrativa platónica: la realidad de transgresiones marinas, la comparativa con situaciones y desencantos coetáneos al autor y la intención moralizante.
ResponderEliminar