ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (301)
A Mariló, María y Salvi.
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Fragmento del cuadro "El descendimiento de la cruz"
de Rogier van der Weyden
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Leyendo en “Pliegos de la Academia”, el artículo que
escribe la Dra. Ana Sofía Pérez-Bustamente, en homenaje a Juan Ramón Jiménez y
su esposa Zenobia Camprubí, con motivo de la traducción conjunta del libro
“La Luna Nueva” de Rabindranath Tagore, experimenté un remolino de emociones que desbordaban
mis sentimientos, al “transvivir” el pasaje que copio a continuación:
¿De dónde vine yo? ¿Dónde me encontraste?’, pregunta el niño a
su madre.
Ella llora y ríe al mismo tiempo, y estrechándolo contra su pecho le
responde: Tú estabas escondido en mi corazón, amor mío, tú eras su deseo.
Estabas en las muñecas de mi infancia; y cuando, cada mañana, yo modelaba
con arcilla la imagen de mi dios, en verdad te hacía y deshacía a ti.
Has vivido en todas mis esperanzas, en todos mis amores, en toda mi vida y
en la vida de mi madre.
El Espíritu inmortal que preside nuestro hogar te ha albergado en su seno
desde el principio de los tiempos.
Te estrecho contra mi corazón, temerosa de que escapes. ¿Qué magia ha
entregado el tesoro del mundo a mis frágiles brazos?
Mientras lo
leía, este remolino me hunde en la penumbrosa zona de desconsuelo y
desconcierto por la que transita mi familia tras la muerte de un ser muy
querido. A mi hermana, inesperadamente, le arrebataron a su hijo de 45 años.
Al mismo tiempo, y también por la misma razón
de una muerte inclementemente anticipada, me vino a la memoria uno de los desolados sonetos al vuelo de la
muerte, al arranque de la raíz más honda de su herencia; que un buen amigo le
dedica en su poemario “Huésped conmigo” a su hija y que como él nos dice en la
dedicatoria: “Al llevarse su risa, me trajo el llanto”:
Transcribo los dos primeros cuartetos de uno de los sonetos:
Un
acero brutal hirió mi frente.
Es el ala infeliz de la locura
que me habita los
polos de amargura
y derrama mis venas lentamente.
Es
un macabro pájaro inclemente,
que hurta a la luz su brillo y su blancura.
Es
una atormentada arquitectura
que me quebró la vida de repente.
Me cuenta el poeta, que el
recuerdo de su hija es indestructible, que no ha desaparecido de su pensamiento
y, que sigue aprendiendo a vivir con ese dolor.
¿Qué sienten los que aquí se
quedan? Las madres ¿A qué se aferran para
soportar tanto dolor? María Luisa, huele la ropa de su hijo y la abraza, se
coloca su chándal y sale a caminar y cree que camina con él. -Cuando esto
escribo no puedo evitar el llanto-. Covadonga que en su casa recuerda a su hija
en cuadros y fotografías y su dormitorio permanece intacto. Merche, que después
de 30 años, aún cree que su hijo volverá de los Estados Unidos de América, Carmen, que le sigue hablando a su hijo, como
si estuviese en casa…
¿Por qué este desorden? ¿Por qué tanto dolor? ¿Es este el precio que
tienen que pagar por amar tanto? No soy
capaz de comprender tanto desajuste.
El amor nunca será dañado, el amor
nunca se irá. Ellos siguen entre nosotros, la memoria que guarda tantos
recuerdos queda inalterable, y el júbilo de que hayan existido y haberlos
conocido nos consuela.
Hola, sobrino. Me emocioné cuando
os vi a todos los primos juntos. ¡Qué satisfacción cuando os conté! erais 27.
Hasta pronto, ahijado. Un abrazo muy fuerte. Te quiero.
Gonzalo Díaz
Arbolí
Académico de
Santa Cecilia
Gracias hermano. Un abrazo
ResponderEliminarEntrañable y emotivo escrito. ¡ojalá! sirva como analgésico para paliar tanto dolor.
ResponderEliminarEmocionante relato, Gonzalo. Transmite todo tu dolor y el de tantos como perdieron, antes de que la ley natural lo exigiese, a sus seres mas queridos.
ResponderEliminarMagnífico, querido amigo. Pero yo diría que esa presencia es más que una memoria, mucho más. Un abrazo. No sabía de esa pérdida y lo siento enormemente.
ResponderEliminarEse dolor es muy grande, pero es verdad, ¿que hace que sigamos adelante y no vayamos con esa persona que se fue? El ser humano es mágico en ese sentido. En mi caso, es mi apoyo a mi madre lo que la hace seguir. Un saludo y enhorabuena por el escrito.
ResponderEliminarLeyendo estas palabras, uno no puede contener las lagrimas al recordar, como cada dia, tan dolosa perdida. ayer mirando fotos me quede con una que mando montado en su bicicleta, foto que animo a toda la familia y que nos hizo pensar que ya estaba todo superado, te fuiste, pero tan solo tu fisico, pues no pasara dia sin que todos te recordemos y te tengamos junto a nosotros. Un fuerte beso querido primo, que nos diste tanto sin pedir jamas nada a cambio.
ResponderEliminarUn artículo emocionante. Hay que sentir mucha empatía, para poder escribirlo. Un abrazo
ResponderEliminarUn artículo donde el Académico de Bellas Artes Santa Cecilia, nos muestra su sensibilidad hacia las personas que parten. Un texto que muestra el amor más puro; el amor eterno de una madre. Que supera las fronteras de lo físico para alojarse en aquel recóndito escondite donde se ubican las sensaciones, que ni el propio ser humano entiende. Sentimientos que vuelan en las mentes y que encuentran significado más puro, cuando uno es capaz de materializarlas de maneras como esta.
ResponderEliminarGracias, querido tío, por este texto rebosante de dudas y sabiduría, de dolor y de amor. Un abrazo para toda la familia y recordemos todos una frase de Salvador: "Confía y sé feliz". Os quiero.
ResponderEliminarEste homenaje que haces a las madres, aunque sea desde el dolor familiar que os está embargando, tiene el tono de la sensibilidad que siempre muestras y que, todos los que te conocemos, disfrutamos y te agradecemos. Un fuerte abrazo,
ResponderEliminarMuchísimas gracias a todos; vuestros comentarios ha mitigado nuestro dolor. Un fuerte abrazo.
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