miércoles, 30 de agosto de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO -XI. Compositores del Romanticismo (2)

Fanny y Félix Mendelssohn (1805-1847) / (1809-1847)
Fanny y Félix Mendelssohn
Cuando Fanny Mendelssohn tenía quince años, su padre le escribió:
<<La música siempre será un complemento, jamás un fundamento de tu existencia y de tu vida>>.
Aunque su padre siempre había alentado su prodigioso talento musical en su niñez, al igual que el de su hermano Félix, alcanzada la adolescencia Fanny debía aceptar su verdadero rol en la vida: el de ama de casa, mientras que su hermano podía continuar su carrera musical. Esa era la actitud normal en su época. De hecho, Fanny Mendelssohn podía considerarse afortunada, pues al menos a ella le reconocían su capacidad.
En 1811, la familia se trasladó de Hamburgo a Berlín, donde los dos hermanos recibieron la mejor educación posible. Fanny, a muy temprana edad, era una pianista de excepcional talento y empezó a componer muy pronto. A los trece años memorizó todos los preludios del primer libro del Clave bien temperado de Bach, una hazaña asombrosa para darle una sorpresa a su padre.
Su hermano Félix, que la adoraba, respetaba sus gustos musicales y acudía a ella en busca de consejo sobre la composición. En 1828, Félix, con el propósito de ayudar a su hermana a evolucionar como compositora, sin contravenir las costumbres sociales, publicó con su nombre algunas canciones – lieder - de Fanny, entre ellos “Italien” que se convirtió en una de las favoritas de la reina Victoria.
 Aunque algunas piezas de Fanny se publicaron durante su vida y después de su fallecimiento, su obra permaneció en la sombra hasta la década de 1980. Entre ellas sobresalen los lieder: compuso más de trescientos, y se caracterizan por el manejo muy audaz del piano, porque reflejan el dominio del instrumento y son más románticos que los de su hermano Félix. Otra obra reseñable es la colección de piezas cortas para piano llamada  Das Jahr (El año), que describe los meses del año y se le considera una especie de segundo diario.



Fanny amó la música toda su vida. Cuando era niña, su madre instituyó unas reuniones musicales dominicales “Sonntagsmusik”, en las que los dos hermanos interpretaban sus propias obras, y las de otros compositores, con músicos profesionales y aficionados. En 1831, Fanny recuperó esa tradición asumiendo los roles de directora y arreglista. Murió a los cuarenta y dos años mientras estudiaba una cantata de Félix para una de aquellas reuniones.

Félix Mendelssohn
            Hermano menor de Fanny e igual de talentoso que ella, su afinidad por el arte los unió toda su vida. Su precocidad no sólo se hizo evidente en su forma de tocar el piano, sino en el dibujo, la pintura y los idiomas - aprendió inglés, italiano y latín -. Félix empezó a componer a los trece años, y a los dieciséis, que ya era un prodigioso pianista,  compuso su Octeto para cuerdas que eclipsaba incluso las obras tempranas de Mozart. En 1825 le siguió otra obra digna de un genio, la obertura del <<Sueño de una noche de verano>>.




            En 1829 Félix y su amigo Eduard Devrient persuadieron al director de la Singakademie de Berlin, una sociedad coral cuyo objetivo era la recuperación del repertorio del siglo XVIII, para que les permitiera la interpretación de una obra que desde niño le fascinaba: La Pasión según san Mateo, de J. S. Bach. El propio Mendelssohn trato de continuar la tradición de Bach interpretando sus oratorios. Los dos conciertos que dirigió a los veinte años, causaron sensación.
Poco después viajó a Inglaterra, y en su primera visita a Escocia compuso la Sinfonía nº3 “Escocesa y se inspiró para escribir la obertura de Las Hébridas, con las que se ganó la admiración de la reina Victoria y de su esposo el príncipe Alberto. Allí, la Sociedad Filarmónica fue la primera entidad oficial que le rindió honores de compositor y le concedió el nombramiento de socio honorario. Desde entonces fue uno de los compositores más apreciados en Inglaterra, hasta el punto de ser considerado inglés.
            En 1831, Mendelssohn volvió a Alemania e inició su carrera musical con el apoyo de su padre. En 1833 fue el encargado de dirigir toda la vida musical de Düsseldorf, y en 1835 se hizo cargo de la dirección de los conciertos de la Gewandhaus de Leipzig, organizó la mejor orquesta de Europa y puso los cimientos del mundialmente famoso conservatorio de Leipzig. Durante los once años que dirigió la actividad musical de la ciudad, Leipzig llegó a ser el centro musical de Europa. Las obras más importantes de esta primera etapa fueron: Concierto para piano en Sol menor, Op.25, y  el primer volumen de las Romanzas sin palabras, breves piezas para piano, de carácter íntimo, que se han convertido en pilares de la literatura pianística.
            La música de Mendelssohn disfrutó de notable popularidad durante la vida del autor y, tal vez, por lo accesibles que son sus obras, se le ha considerado una brillante reliquia del periodo clásico, una especie de Mozart, con quien siempre se le comparaba, para gente sencilla. Roland-Manuel dijo de él:          
<<Es verdaderamente profundo y lúcido de la misma manera que Mozart >>.
Sin embargo era un verdadero romántico a su manera. Su deseo fue siempre el de expresar sus sentimientos y percepciones; de hecho creía firmemente en la capacidad de la música para comunicar lo que ninguna palabra podría decir: lo inexpresable. De no ser así, <<yo, pensándolo bien, dejaría de escribir música>>. Mendelssohn nunca tuvo dificultad para dar una forma clara a su expresión musical. Sus contemporáneos luchaban desesperadamente con la forma, él había nacido con ella. Había sido educado en el respeto a la forma clásica, y su creación, pese a la elegancia de sus modales aristocráticos, siempre era espontánea. En medio del caos del movimiento romántico, Mendelssohn insistía en su derecho a ser elegante, lo cual no le impedía ser maravillosamente sensible.
Mendelssohn utilizó casi todas las formas musicales, y la maestría de su toque y su buen gusto evitaron que nada de cuanto escribió resultara mediocre. Su Concierto para violín en Mi menor Op.64, es una de las pocas obras inmortales de este género. Las Romanzas sin palabras Op.62: “Brisas de mayo” y “Canción de primavera”, podían haberse llamado “dorados poemas” pues son obras de un poeta-orfebre delicado y minucioso, sincero y sensitivo.
Él afirmaba que:
<<La música genuina llena el alma con miles de cosas mejores que las palabras>>.
Curt Sachs describe así su música:
<<Su música no puede decir nada sobre pasión, lucha o desesperación. Posee una serenidad clásicamente aristocrática y la refinada forma de expresión y cultivados modales de un hombre de mundo. Sus obras brotan de un corazón amante, no de un corazón sangrante. No son gigantescas ni violentas, sino claras, puras y felices>>.



Descubre su música:
§  El sueño deuna noche de verano, Op.2 / Op.61
§  Athalie, Op.74
§  Sinfonía nº3 “ Escocesa”, en La menor, Op.56
§  Sinfonía nº4“Italiana”, en La mayor, Op.90
§  Sinfonía nº5“de la Reforma”, en Re mayor, Op.107
§  Obertura “La gruta de Fingal (Hébridas) Op.26
§  Concierto de piano nº1, en Sol menor, Op.25
§  Capricho brillante, en Si menor, Op.22
§  Rondó brillante, en Mi bemol mayor, Op.29
§  Concierto para violín, en Mi menor, Op.64
§  Octeto de cuerda, en Mi bemol, Op.20
§  Romanzas sin palabras para piano Op.62 / 67
Las obras en color pueden escucharlas pulsando en ellas.

Héctor Berlioz (1803-1869)
Berlioz, nacido en la pequeña ciudad de La Côte-Saint André,  describió así su nacimiento:<<No vino anunciado por ninguno de los signos que, en las edades poéticas,  precedían al nacimiento de los personajes notables>>.
Tuvo una infancia feliz en la que aprendió a tocar la flauta y la guitarra, y se empapó de literatura francesa y latina. A los diecinueve años, su padre le envió a París a estudiar medicina, pero su primer contacto con la disección anatómica le produjo tal horror que decidió no ser médico de ninguna manera. En cambio, noche tras noche, acudía a la ópera. Tanta impresión le causó la Ifigenia en Tauride, de Gluck, que de tanto leer la partitura se la aprendió de memoria.  
Antes de entrar en el Conservatorio de París, en 1825, como discípulo de Lesueur,  Berlioz  ya había sido un tenaz estudioso de la música. Ese mismo año tuvo la suerte de tocar su primera gran obra: una Misa en la iglesia de La Roché, con tal éxito que su maestro le dijo proféticamente: <<Usted no será nunca ni médico ni químico, sino un gran compositor, porque es usted un genio. ¡Esta es la verdad!>>.



Estudió armonía y sus frecuentes visitas a la Ópera de París lo llevaron a desarrollar un gusto musical muy específico: elogiaba a los compositores franceses y alemanes, y aborrecía a los italianos. Pronto fue conocido como compositor pero su música poca gente la comprendía y tuvo muchos detractores, entre ellos los italianos Rossini y Cherubini. En 1830 compuso su primera obra maestra: la Sinfonía fantástica, apasionada obra que se la inspiró la actriz irlandesa Harriet Smithson con quien tres años más tarde se casó. En 1834 escribió su sinfonía para viola solista, Harold en Italia, inspirada en un poema de Lord Byron. Poco después, en 1836, el gobierno francés le encargó un réquiem: Gran Misa de los muertos, alternando su composición con la de su primera ópera: Benvenuto Cellini.  El año 1839 compuso la sinfonía coral Romeo y Julieta, y en 1846 estrenó la Maldición de Fausto,  una cantata basada en el Fausto de Goethe que no tuvo una calurosa acogida a pesar de la inserción de su magnífica versión de la Marcha Rákóczy. A pesar de todo, en la última década de su carrera, compuso varias obras trascendentales como: el Te Deum (1849), la trilogía coral La infancia de Cristo (1854), y la gran ópera Los Troyanos, basada en la Eneida de Virgilio.
Además de sus obras musicales, Berlioz publicó sus memorias y un Tratado de orquestación, uno de los mejores libros de texto sobre la orquesta.

Si ser un músico romántico significa unir estrechamente su obra a la propia vida, y tratar de expresar con ella algo más que la belleza musical, no hay duda de que el joven Berlioz lo fue hasta la médula. Todo lo que tocaba parecía inflamarse súbitamente. Su único deseo era airear sus pasiones.
Academia de Santa Cecilia

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