jueves, 5 de octubre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAP. XII (2) Música y Nacionalismos en el siglo XIX

                   CAPÍTULO-XII (2)- Música y Nacionalismos en el siglo XIX

La música refuerza la idea de pertenencia a una nación, fortaleciendo el sentido de lo nacional mediante un himno, independientemente de lo marcial o monótono que pueda ser. Exaltar el nacionalismo y el patriotismo fue una de las características más notables del Romanticismo Nacional.
Bohemia:
            El país ahora llamado Checoslovaquia, comprendía las regiones de Bohemia, Eslovaquia y Moravia, fue el que más condiciones poseía para haber accedido al primer puesto musical en Europa. Ya en el último tercio del siglo XVIII, la enseñanza musical se impartía en todas las escuelas de los pueblos de Bohemia, y en la mayoría de sus casas se tocaba el violín. A principios del siglo XIX, Bohemia formaba parte del Imperio Austriaco y la lengua oficial y obligatoria era el alemán. Aun así, Praga, su capital, se había convertido en todo un centro musical, con series de conciertos bien programados y un conservatorio de música; todo ello impulsado y dirigido por Smetana, primero; y luego por Dvorák.
            Bedrich Smetana y Antonin Dvorák, ambos nacidos en Bohemia, fueron los primeros en componer ópera en su lengua, y son los máximos representantes de la música nacionalista checa.
            Ma Vlast (Mi Patria), de Smetana, es un brillante homenaje a su país natal, donde se revela como un maestro de la “pintura sonora”, pues describe el curso del río Moldava: en su nacimiento, en la selva de Bohemia, con las flautas el rumor de sus aguas saltarinas; con clarinetes y oboes saluda su anchuroso caudal; y con los instrumentos de cuerda se entrelaza y se abraza al Elba para que lo lleve hasta el Mar del Norte.
            Smetana, orgulloso de ser bohemio, dijo:
<<Aunque hable mal, no me avergüenza responder en mi lengua materna, y me siento feliz de poder demostrar que mi patria significa, para mí, más que cualquier otra cosa>>.
            Antonin Dvorák, al regreso de EE. UU. (1895), aceptó el puesto de director del conservatorio de Praga. En sus últimos años fue honrado como uno de los grandes hijos de su patria, recibiendo el título de doctor honorario de la Universidad de Praga.
De él, Paul Stefan, decía: <<Es un verdadero músico que parece arrancar directamente del riquísimo tesoro de la música checa >>.
Siempre fue un espíritu jovial, recto y sencillo que se definía a sí mismo: <<Soy lo que soy: un humilde músico bohemio>>.

Bedrich Smetana (1824-1884)
          
Compositor checo, nacido en Litomysl, Bohemia, fue el primero de los músicos de su país que compuso música netamente nacional. Para cursar los estudios de secundaria lo enviaron a Plzen, otra ciudad bohemia. Para completar su formación, como era costumbre en las familias acomodadas de Bohemia, fue educado en Alemania y muy pronto manifestó sus excepcionales dotes musicales. En 1841 compuso la que se considera su primera obra auténtica: Tres impromptus para piano. En 1844 volvió a Praga para comenzar a estudiar composición. La obra clave en su formación musical fueron las Seis piezas características para piano, que envió a Liszt con la esperanza de que el compositor aceptara su dedicatoria y le ayudara económicamente. Aunque Liszt no pudo ayudarlo en este aspecto, sí lo hizo convirtiéndose en uno de los partidarios más leales de Smetana.
Pianista brillante, en 1847 emprendió una gira de conciertos para recaudar fondos con la intención de crear una escuela de música en Praga. Tres años después obtuvo un puesto fijo, como pianista, en la corte del ex emperador Fernando de Austria-Hungría. Entre los años 1856 y 1861 dirigió la orquesta de la Sociedad Filarmónica de Götteborg (Suecia), pero la dejó por la inauguración del Teatro Lírico Nacional dedicado a la promoción de la música checa.


            De vuelta a Praga comenzó a dar impulso a la vida musical de su país al ponerse al frente de la sección musical de la nueva Sociedad de las Artes, fue nombrado director de la Sociedad Coral Hlahol, y participó en la fundación del Teatro Lírico Nacional. En 1866 fue nombrado director de la orquesta del Teatro Nacional de Praga, entablando una fuerte amistad con Dvorák que formaba parte de ella. Para este teatro compuso varias óperas: Los brandemburgueses en Bohemia  y, la que tal vez sea su obra más conocida, la ópera  La novia vendida.
            En el año 1874 se vio obligado a dejar sus cargos profesionales, debido a que se estaba quedando sordo, pero siguió componiendo el bellísimo ciclo de poemas sinfónicos que denominó: Ma Vlast (Mi Patria), un brillante homenaje musical a su tierra. Aunque consta de seis poemas sinfónicos, cada uno es una pieza autónoma. El segundo: Vltava (el Moldava), es el más conocido. En él, Smetana se revela como un maestro de la “pintura sonora”: las flautas imitan el ruido del agua, el clarinete indica que el río se va ensanchando, y se llega a la parte principal del poema, donde se hace más caudaloso, con los instrumentos de cuerda.
Los dos célebres cuartetos de cuerda De mi vida, compuestos ya cuando padecía la sordera, describen su vida y se permite bromear con su enfermedad, diciendo: << la nota larga e insistente del “finale”, es el zumbido fatídico en mis oídos que me anunció el inicio de mi sordera>>.





Antonín Dvorák (1841-1904)

           Nació en Nelahozeves, una aldea checa sobre el río Moldava, donde su padre tenía una posada. La familia era numerosa y los recursos escasos, pero el padre era aficionado a la música y pronto se dio cuenta de las dotes de su hijo. Dvorák recibió lecciones de un maestro de escuela que, según dice, tocaba algún instrumento y le enseñó las primeras nociones; así que cuando contaba sólo ocho años, ya acompañaba a su padre a tocar en la orquesta del pueblo.
            A la edad de doce años, Antonin fue enviado a casa de un tío suyo, que vivía en Zlonice, para que aprendiese alemán y continuara su formación musical, pues las oportunidades eran mucho mayores que en su pueblo. Allí encontró un excelente maestro, Antonin Liehmann, rector y organista que le enseño a tocar la viola, el piano y el órgano; y cuando vio las extraordinarias facultades del muchacho, le inició en los estudios de armonía y contrapunto. Entre 1857 -1859 asistió a la Escuela de Órgano de la capital bohemia -Praga- donde pasó los exámenes pero no con excelencia, pues aunque era un intérprete hábil en la práctica, nunca fue amante de la teoría ni llegó a dominar el contrapunto. Decía que le gustaba aprender de los pájaros, de las flores y de los árboles que poblaban las riberas de su río:  el Moldava. Como era un buen intérprete de violín y de viola, entró de violinista en la recién creada Orquesta Nacional de Praga, dirigida por Bedrich Smetana, y allí permaneció hasta 1871.
            Dvorák compuso sus primeras obras en la década de 1860, entre ellas dos sinfonías, un concierto para violonchelo, música de cámara y un ciclo de Lieder: Cipreses, dedicado a su alumna Josefina Cermáková, de quien estaba enamorado. Su primer gran éxito (1873) fue su cantata Los herederos de la montaña blanca, himno patriótico para coro y orquesta, un sencillo tributo al pueblo checo que causó una gran impresión. Ese mismo año envió a Viena unas composiciones, causaron tal impresión que fue contratado por el gobierno austriaco. Conseguida la seguridad económica se casó con Anna Cermaková, ya que la pasión por su hermana Josefina, su alumna, no fue correspondida.




            Con la ayuda de Brahms, que admiraba su obra, Dvorák contactó con el editor Simrock para que le publicase sus Duetos moravos, las tres Rapsodias eslavas para orquesta, y la primera colección de Danzas eslavas, todas ellas con un marcado carácter nacional checo. También compuso, por fin, una ópera: Dimitrij, bien recibida por el público bohemio y en el extranjero. Pero la obra más importante de este periodo fue el Stabat Mater, escrito en 1789, a raíz de la muerte de su hija. Cuando se presentó en Praga (1880), produjo tal impresión que, poco tiempo después, en Londres, gustó tanto que le abrió camino para visitar Inglaterra.
            Su popularidad en Inglaterra fue en aumento.Recibió invitaciones para dirigir diferentes orquestas y, en total, realizó nueve giras artísticas por Inglaterra. Compuso música por encargo de sociedades de Birmingham y Leeds. Las Sinfonías 7ª y 8ª las creó para la Real Sociedad Filarmónica. La Universidad de Cambridge, en 1891, le concedió el doctorado honoris causa. A raíz de esos éxitos recibió, de la filántropo Jeannette Thurber, una invitación para ir a New York como profesor y director del Conservatorio Nacional de Música. Desde septiembre de 1892 hasta mayo de 1894 estuvo al frente de este centro musical. Su estancia en EE.UU. ejerció gran influencia en su música, en parte porque en contacto con otros medios de expresión, y en parte porque al encontrarse lejos de su patria, adquirió más conciencia de su nacionalidad. Sus composiciones de esta época muestran por ello un nuevo acento y un mayor sentimiento de su tierra natal.




Poco después de un año regresó a su país para aceptar el cargo de director del Conservatorio Nacional de Música de Praga. En sus últimos años, Dvorák, fue honrado como uno de los grandes hijos de su patria, recibiendo el doctorado honorario de la Universidad de Praga, y siendo el primer músico que ocupó un asiento en el Parlamento austriaco.
Algunas de sus obras:
Óperas: El diablo y Kate; El Jacobino; El aldeano astuto; Rusalka.
Orquestales:
§  Serenata en Mi mayor Op.22.
§  De violonchelo, en Si menor, Op.104; de violín, en La menor, Op.53. Carnaval, obertura, Op.92.
Música de Cámara:
§  Cuartetos de cuerda, nº3 y nº6, Op.51 y Op.96.
§  Quinteto piano y cuerda en La mayor, Op.81.
§  Violín y piano, Humoresques, Op.101
Sinfonías:
§  En Re menor, Op.13 (1874), “Inglesa”(sin nº)
§  Nº2, en Re menor, Op.70 (1885)
§  Nº4, en Sol mayor, Op.88 (1889)
La Sinfonía “Inglesa”, en Re menor, Op.13, es la que lleva el sello de la verdadera personalidad del compositor. Es la más checa de todas donde muestra la tendencia hacia la música de programa. Es un poema musical sobre la vida de una aldea bohemia, en el que se puede oír el piar de los pájaros y una orquesta campesina.
La Sinfonía nº1, en Re mayor, Op.60, fue dedicada a Hans Richter, su amigo. Éste, al darle las gracias, dijo que después de Brahms, Dvorák era el músico mejor dotado del momento. Deems Taylor la describe como
<<una pequeña obra alegre y melodiosa, con una atractiva atmósfera de canto popular y un sorprendente tercer tiempo en ritmo de danza>>.
La Sinfonía nº2, en Re menor, Op.70, denominada como “Trágica”, fue escrita en una época <<llena de dudas, amargura, dolor silencioso y resignación>> debido a la muerte de su madre. Los críticos la compararon con las sinfonías de Beethoven y Schubert. Tovey siempre ha sostenido que la colocaría junto a la Sinfonía en Do de Schubert y a las cuatro de Brahms.




La Sinfonía nº5, en Mi menor, Op.95,denominada “del Nuevo Mundo”, es la obra más conocida de su estancia en EE.UU. Estrenada el 15 de diciembre de 1893, en el Carnegie Hall de New York. Después de la primera audición se desarrolló, en la prensa, una viva polémica. Algunos sostenían que la sinfonía se había nutrido de melodías negras; mientras que para otros la obra representaba la “mórbida añoranza” de los checos. Dvorák se limitó a decir:
<<Sólo he tratado de escribir música en el espíritu de las melodías nacionales norteamericanas>>.
David Ewen escribe acerca de la Sinfonía del Nuevo Mundo:
<<Dvorák  no incorporó realmente espirituales u otros cánticos negros en su sinfonía. Lo que hizo fue modelar su propio material temático según el idioma de la canción negra, pero con tal autenticidad y destreza, que a veces nos inclinamos a pensar que sus melodías son de origen norteamericano>>.
      En su libro sobre Dvorák, Alec Robertson, elogia la hábil orquestación de sus sinfonías:
<< Cualquier instrumentista dirá que tocar una sinfonía de Dvorák es un placer, porque distribuye todas las cosas buenas y no piensa sólo en los músicos de los primeros atriles; también en la segunda flauta, el segundo oboe y los segundos violines destacan. Dvorák también proporciona siempre un buen caudal de contra-melodías…>>

Academia de BB. AA. Santa Cecilia

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