miércoles, 29 de noviembre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. Cap. XV. La música española siglos XIX y XX (2)

Ópera Nacional:
Más ardua resultó la creación de una ópera nacional, a pesar de los esfuerzos de  Felipe Pedrell y Tomás Bretón.
Felipe Pedrell (1841-1922)
Las condiciones en las que podría darse la ópera en España fueron  motivo de profundos estudios por parte de Felipe Pedrell, compositor y musicólogo español, que se esforzó en revalorizar a los maestros antiguos y las fuentes folklóricas de la música española. De tales fuentes habría de surgir el teatro verdaderamente español. Si Pedrell no consiguió su aspiración máxima la creación de la ópera nacional y ser el Wagner español -, la música y la cultura le deben la creación de la musicología moderna, la edición de las obras maestras de nuestra música clásica - a él debemos la publicación de las obras completas de Tomás Luis de Victoria -, y la revalorización de la canción popular española. En 1873 fue director adjunto de la compañía de ópera Barcelona, con ella consiguió ver representadas, en el Gran Teatro del Liceo, sus óperas El último Abencerraje  y Quasimodo.

 Ya en Madrid, donde se instaló, escribió una serie de artículos en la revista España musical, publicó su famoso folleto Por nuestra música, los opúsculos Apuntes y observaciones sobre estética musical, y la Gramática musical. Fue nombrado académico de Bellas Artes. Gracias a su labor como musicólogo y a su magisterio como pedagogo en el Conservatorio de Madrid, sus escritos y las lecciones a sus alumnos. Algunos de ellos tan importantes como Isaac Albéniz, Manuel de Falla y Enrique Granados, han contribuido a la creación de la escuela nacional española y a las características distintivas de su música.
Felipe Pedrell aplicó sus teorías en la composición de una trilogía titulada Los Pirineos: Los Pirineos, El conde Arnau y La Celestina, obra en la que funde armonía e instrumentación con los elementos más típicos de la tradición musical española - canciones populares, villancicos, polifonía cristiana y la melopea mozárabe -, con abundancia de recursos temáticos, al modo wagneriano, cuyas características artísticas han sido posteriormente asumidas por Manuel de Falla, fidelísimo amigo y seguidor de sus tendencias, le dedicó un recuerdo emocionado en la Pedrielana de su suite Homenajes.
Con Albéniz, Granados y Falla, la música española logra resonancia internacional. Su música hace acto de presencia en todas las salas de concierto del mundo y, principalmente, la forma pianística desempeñara un papel importante en la fisonomía musical de su tiempo.



Tomás Bretón  (1850-1923)
Fundador de la Unión Artístico Musical (1876), director del Conservatorio de Madrid, de la Orquesta Sinfónica de Madrid y de la Sociedad de Concierto, y académico de Bellas Artes de San Fernando. Su lucha en pro de la consecución de una ópera nacional no obtuvo el respaldo esperado por él, pese al éxito duradero de sus óperas La Dolores y Los amantes de Teruel.
Lo que le pasó a Tomás Bretón ilustra claramente la situación de la música española de su época. La única de sus óperas que consiguió estrenar en el Teatro Real de Madrid fue Los amantes de Teruel. Para que se la aceptaran tuvo que traducirla al italiano. En cambio, La Dolores obtuvo un clamoroso éxito con más  de ciento veinte representaciones en Barcelona, por lo que figura, junto con  La vida breve de Falla, entre las óperas más representadas del repertorio español.

En el terreno de la zarzuela, el acierto de la Verbena de la Paloma, no ha sido superado por ninguna otra.
También en la música sinfónica, en un momento en el que el sinfonismo español era inexistente, ayudo a Barbieri y creó varias composiciones sinfónicas  de un pintoresco nacionalismo que no llega a la altura de Albéniz pero que, en algunas obras como el Concierto para violín y orquesta, se acerca al sinfonismo europeo de su época. En la música de cámara destaca la calidad de su Cuarteto de cuerda nº3, que debería ser de obligado repertorio, al menos, en España.


Otras obras suyas:
§  Óperas:
Guzmán el bueno, Garín, Raquel; El certamen de Cremona; Tabaré;  
Don Gil; La dolores; y Los amantes de Teruel (éstas dos ya mencionadas)
§  Zarzuelas:
Los dos caminos; El viaje a Europa; El bautizo de Pepín; El clavel rojo;
La verbena de la Paloma; El campanero de Begoña; Las percheleras;
El domingo de Ramos.
§  Orquesta:
El Apocalipsis (con coro); Los Galeotes; Salamanca; En la Alhambra;
Elegía y añoranza; Escenas andaluzas; Concierto para violín y orquesta.
§  Música de cámara:
Trío de cuerda; Cuartetos de cuerda (3); Quinteto y Sexteto



Juan Crisóstomo de Arriaga (1806-1826)
           
A principios del siglo XIX, la música instrumental en España registra el nombre de Juan Crisóstomo Arriaga, que se distinguió con sus tres cuartetos de cuerda, una sinfonía y una fuga a ocho voces. Su prematura muerte frustró las esperanzas de un talento prodigioso, verdaderamente  prometedor y español.
Nacido en Bilbao, hijo de un organista, comenzó de niño sus estudios musicales con el violinista bilbaíno Fausto Sanz, en los que demostró una precocidad  asombrosa. A pesar de su corta vida, sólo veinte años, ha dejado una huella imborrable en la música española. En su música, de estilo clásico, se puede intuir alguna ráfaga expresiva que nos haga pensar que, de no haberse producido su muerte tan temprana, su estilo hubiera evolucionado y España hubiera colocado un gran nombre entre los grandes compositores del Romanticismo.
            A los once años ya compuso el Octeto Nada y Mucho para dos violines, viola, violonchelo, contrabajo, guitarra, trompa y piano, que contiene melodías expresivas en sus dos tiempos: Andante mosso y polaca. Un año más tarde compuso un Noneto u Obertura, Op.1, para dos violines, viola contrabajo, flauta, dos clarinetes y dos trompas, obra encabezada por un poema que dedicó a la Academia Filarmónica de Bilbao.
Poco después, sobre un texto del escritor catalán Luciano Comella, Arriaga compuso la ópera Los esclavos felices, representada (1819) con enorme éxito en Bilbao. Obra de la que, en su biografía, Joseph Fetis dijo:
<< Sin tener ningún conocimiento de la armonía, escribió una ópera en español en la que se descubrían ideas encantadoras y completamente originales>>.
Sólo la Obertura ha llegado hasta nosotros y, por cierto, es música bella, inspirada y admirablemente escrita; una preciosa muestra de música orquestal española del clasicismo para colocar al mismo nivel de la posterior Sinfonía.

Después de esta ópera, en 1820, compuso un Tema variado para cuarteto de cuerda, y un quinteto de cuerda: O Salutaris, para tres voces masculinas. Al año siguiente escribió otra obra vocal-instrumental – Stabat Mater -, una Obertura  para orquesta  y La Húngara, tema con variaciones para violín y bajo continuo, firmadas el 4 de agosto de 1821, fueron las últimas obras escritas por Arriaga antes de marcharse a París.
A los quince años de edad, el 26 de septiembre de 1821, marchó a París con la intención de ingresar en el Conservatorio, donde solicitó ser inscrito como alumno de Joseph Fetis en la clase de contrapunto y fuga.  Al año siguiente pidió ser admitido en la clase de violín, primero con Guerin y luego con Pierre Baillot.
Se dice que presentó a Cherubini, director del Conservatorio, el StabatMater compuesto cuando era un adolescente, y al examinarlo exclamó:
<< ¡Asombroso! Tú eres la música misma>>.
Durante su estancia en París, no cabe duda alguna, compuso sus obras maestras:
-Tres cuartetos, en Re menor, La mayor y Mi bemol  (Primer libro de cuatro) a los que Fétis se refirió con estas palabras:
<< Es imposible imaginar nada más original, más elegante, más puramente escritos que estos cuartetos>>.
El musicólogo Ángel Sagardía dice de ellos:
<<Hay que destacar que Arriaga los compuso a una edad que ningún otro compositor escribió tal forma musical, ni siquiera Beethoven. En ellos se aprecian acentos de carácter romántico similares a los que años más tarde imprimió Schubert a los suyos, mostrando así su genialidad y personalidad, pues si bien conocía las obras de Haydn y Mozart, apenas había escuchado a Beethoven y aún menos a Schubert>>.
- Sinfonía en Re menor, compuesta entre 1824 y 1825 inmediatamente después de los tres cuartetos, comparte con ellos el honor de representar lo más acabado y bello que un compositor español aportó al clasicismo.
<<El primer tiempo de la sinfonía comienza con el adagio en Re mayor, seguido por el allegro en Re menor, donde los temas aparecen en la cuerda. El segundo tiempo es interpretado por los violines y completado por la cuerda. Su cambio a Fa menor, le da un aire patético, sombrío, que parece presentir procedimientos de Weber. El andante en La mayor, es de matices tranquilos, delicados, con cierto perfume campesino. El segundo tema posee cierto carácter romántico, como de romanza sin palabras. El minueto es sencillo y gracioso. El último tiempo, Allegro con moto, es verdaderamente inspirado y perfecto de construcción; contiene acertadas combinaciones rítmicas, correcta armonía, sutiles digresiones tonales, interesantes imitaciones y sobriedad en la instrumentación que corona brillantemente la sinfonía>>.


- Obertura de Los Esclavos felices (versión revisada)
- Estudios o Caprichos para piano (tres).
- Edipo, aria para tenor con acompañamiento de orquesta.
- Medea, aria para soprano, tenor y orquesta.
- A la aurora, para tenor y bajo con orquesta
- Erminia y Agar: serie de páginas cantadas, arias o escenas que parecen ensayos de composición teatral u operística. La primera es una escena basada en Tasso, y Agar, la segunda, una escena sobre el pasaje bíblico referido a la esclava de Abraham, de un dramatismo impresionante, tal vez su última composición.
Academia de bellas Artes Santa Cecilia

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