jueves, 14 de diciembre de 2017

De lo que el viento no se lleva

Son estas fechas muy proclives para recordar a todos esos portuenses ─ya de corazón, ya de nacimiento─ que se hallan en obligada diáspora. Silvia Fernández Mulero es una portuense de adopción. Lcda. en Medicina por la Universidad de Barcelona, doctora por la Univ. Auto. de Madrid y ejerciendo en un lugar, tan lejano y exótico, como Abu Dhabi en los Emiratos Árabes Unidos. Ella sueña y sueña, sueña al calor de aquellas arenas con inviernos olvidados, sueña con pasear al frío por la calle Larga y la calle Luna, sueña con ver Cádiz desde la playa…   

Lo realmente difícil, y realmente asombroso,
es dejar de intentar ser perfecto
y empezar la tarea de convertirte en ti mismo.
Anna Quindlen


Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón,
porque quien mira hacia afuera, duerme
y quien mira hacia dentro, despierta.
Carl Jung

De lo que el viento no se lleva
El viento del tiempo se lleva muchas cosas. Se lleva personas, se lleva emociones, se lleva recuerdos… a veces hasta parece que se lleva parte de nuestro concepto de nosotros mismos, nuestra autoimagen.
Pero siempre queda un núcleo de lo que verdaderamente somos, al que podemos y necesitamos volver. Esto último se nos olvida con frecuencia. Y tenemos que recordarnos que estamos ahí. Que somos nosotros los protagonistas de nuestra vida.

Somos la concepción, la planificación y la ejecución de nuestras ideas. Por eso hay que ser cuidadosos con nuestros pensamientos. Debemos darnos tiempo para pensar en lo que nos es vital, apartándonos conscientemente de los problemas cotidianos que nos impiden llegar a lo esencial. Sucintamente, evitemos que el árbol no nos deje ver el bosque.
Personalmente no tengo demasiada paciencia para la meditación. Pero sí me ayuda referenciarme a momentos pasados más felices. No de una manera nostálgica, sino para observar mi vida de entonces y analizar cuáles eran los elementos de mi felicidad. Y siempre encuentro el mismo elemento común. Eliminar lo que sobra. Hacer que mi vida sea lo que yo quiero que sea. Olvidarme de la lista de tareas. No cronificar una situación de falta de control o al menos dejar de hacer cosas con las que no estoy de acuerdo. Porque esos pequeños actos a “contracor” pesan. A esos, leñe, no se los lleva el viento, no.
Silvia Fernández Mulero

1 comentario:

  1. Bonita reflexión que me viene muy bien en estos momentos, gracias doctora.
    Esperamos más escritos suyos desde ese oriente remoto de Abu Dhabi, remoto y tan moderno.

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