martes, 30 de enero de 2018

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (334)

El valor de una mujer

Ser diferente nunca será un problema, el problema siempre radicará en ser tratado diferente. Así, con esa simple disquisición podríamos entrar en el significado del término prejuicio, que de esta manera se traduciría en una predisposición personal hacia una persona o grupos de personas. Esto, que es conocido por el término discriminación, supone maltratar o limitar posibilidades a personas, por tener características diferenciales que pueden definir su pertenencia a un grupo. Para las personas discriminadas, esto genera exclusión y aumentan las brechas entre los grupos humanos. En el caso del machismo, como discriminación máxima de la mujer en función de la creencia de la supremacía total del hombre sobre ésta, me gustaría relataros lo que oí yendo hace poco en tren, y que me convenció de la verdadera dimensión de lo que debiera convertirse en el eje de las relaciones entre ambos sexos. 
En un tono de voz,  casi imperceptible,  un hombre le pregunta a una mujer: “¿Qué tipo de hombre estás buscando?”
Ella se quedó un momento callada antes de mirarlo a los ojos y le preguntó:
” ¿De verdad quieres saberlo?”
Él respondió: "Sí".  Ella empezó a decir… "Siendo mujer en esta época, estoy en posición de pedirle a un hombre  lo que yo sola no puedo hacer por mí.
Yo pago mis facturas.  Me  encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre y, por lo tanto, soy la que está en posición de preguntar ¿Qué sería aquello tan diferencial y definitivo que tú podrías aportar a mi vida?" 
 El hombre se le quedo mirando y pensó (con la consabida soberbia masculina), que ella se estaba refiriendo al dinero y, anticipándose a lo que él pensaba dijo:
"No me estoy refiriendo a lo material. Necesito algo más.  Necesito un hombre que luche por la  perfección en todos los aspectos de su vida. 
Busco a alguien que luche por superarse, a alguien con quien conversar y que me motive a ser cada vez mejor.   Quiero a alguien a quien admirar y que me admire por mí misma". "Estoy buscando a alguien que luche por la perfección interior, porque necesito compartir mi otra dimensión, la espiritual. Un hombre que me ame, pero que ame a aquello que me trasciende por encima de todo lo demás que yo represento.” 
Existimos ambos sexos para vivir en igualdad de condiciones, para apoyarnos mutuamente.
 Cuándo ella terminó lo miró a los ojos y él se veía muy confundido y con interrogantes. Él le dijo: “Estás pidiendo mucho” Ella respondió: “Yo valgo mucho”, al menos tanto como tú crees que vales.
El machismo es un tipo de violencia que discrimina a la mujer por el simple hecho de ser mujer, durante siglos se le educó para ser sumisa ante el hombre, convirtiendo esa sumisión en un valor positivo.
Hoy las cosas han cambiado, pero no lo suficiente, ni siquiera hemos llegado al punto de poder hablar del machismo como un hecho aislado.
Gonzalo Díaz Arbolí
Académico de Santa Cecilia

2 comentarios:

  1. I. Pérez Blanquer30 de enero de 2018, 13:27

    Una artículo bonito y una reflexión sensata, sin aspavientos.
    Debemos tener muy en cuenta que discriminación de la mujer (o contra) la mujer destroza la de igualdad de derechos y del respeto de la dignidad humana; dificulta su participación en las mismas condiciones que el hombre, en todos los ámbitos de la existencia. Además se alza como un obstáculo para el incremento del bienestar social y familiar, y ─no me cabe la menor duda─ que dificulta mucho el pleno desarrollo de las posibilidades de paz y de evolución positiva para la humanidad.

    ResponderEliminar
  2. Gonzalo, me ha gustado mucho tu artículo.

    Como siempre con discreción y sin estridencias, abundas en definir los prejuicios y la discriminación que existe en las relaciones humanas, entre hombres y mujeres.

    Somos diferentes, pero con los mismos derechos y para conseguir esos mismos derechos, a veces (sólo a veces) hay que aplicar soluciones diferentes.

    ResponderEliminar