jueves, 22 de febrero de 2018

El MUNDO DE LA MÚSICA Cap.XVIII. Dirección de Orquesta

Dirección de Orquesta
         
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Algunos historiadores de la música creen que la dirección de grupos instrumentales con la ayuda de una batuta, un rollo de papel pautado o, sencillamente, con la mano, se practica desde el siglo XV. Pinturas antiguas parecen confirmar esa teoría. En esa época la música escrita no se dividía en compases y no era necesaria una mano directora para coordinar a los músicos. Hoy, a los amantes de la música clásica, la imagen del director de orquesta, de pie frente a los músicos, guiándolos con gestos suaves o apasionados, les resulta familiar, pero en el siglo XIX, de cuando data el oficio tal como hoy lo conocemos, el concepto de un director visible para toda la orquesta, batuta en mano, era novedoso.

        Antes, el tempo se indicaba golpeando en la tarima del suelo con un bastón. Se cuenta que Jean Baptiste Lully, compositor de la corte francesa del siglo XVII, se dio, con el bastón, un golpe en el dedo gordo del pie mientras dirigía una cantata. La herida se le gangrenó y le ocasionó la muerte ese mismo año (1687). A principios del siglo XIX, Carl María von Weber, compositor alemán, prefería un precursor de la batuta menos peligroso que el bastón: un rollo de papel. Se cree  que fue Louis Spohr (1784-1859), el primero en dirigir un concierto con batuta en mano, en Londres (1820).  Lo mismo hizo Félix Mendelssohn en Leipzig en 1835.

Las primeras batutas se hacían de hueso o marfil con mango de madera de ébano; en la actualidad pueden ser de los más diversos materiales, desde plástico hasta fibra de carbono.

        La posición del director de orquesta ha ido cambiando con el transcurso de los tiempos. Al principio se sentaba en el centro de la orquesta e indicaba el compás en el clavicordio o el órgano, tocando con una mano y dirigiendo con la otra. Su partitura consistía en un bajo cifrado o figurado – sistema de notación utilizado para clave u órgano -. Juan Sebastián Bach escribió:
<<El bajo figurado es la base musical más perfecta. Se ejecuta de manera que la mano izquierda toque las notas prescritas, en tanto que la mano derecha recurre a consonancias y disonancias…>>

        Beethoven fue uno de los que muchas veces dirigió así la orquesta, aunque también fue de los primeros en utilizar la batuta.
<<Si el director utiliza una batuta, ésta debe convertirse en algo vivo, cargarse de electricidad que la haga un instrumento capaz de obedecer su más mínimo movimiento…>>. (Leonard Bernstein)

        A finales del siglo XVIII, el primer violín – el Concertino – era quien llevaba la dirección de la orquesta  pero como, generalmente, se colocaba en pie, frente a la concha del apuntador y de espalda a los músicos, tenía escaso contacto con la orquesta y difícilmente podía transmitir sus órdenes a los músicos. La primera vez que un director se colocó frente a la orquesta y de espalda al auditorio, fue en la inauguración del teatro wagneriano de Bayreuth, en 1876.

La creciente complejidad de las obras orquestales ha hecho necesario que la dirección orquestal experimente un rápido desarrollo. Al igual que los solistas virtuosos llevaban sus instrumentos al límite, los directores empezaron a establecer nuevos estándares de precisión y brillantez en las interpretaciones orquestales.

        La dirección orquestal constituye hoy un verdadero arte, en el que la pericia técnica, los conocimientos musicales y la perspicacia psicológica del director son factores importantísimos. El director moderno no sólo indica el tempo y el ritmo, sino que también trata de penetrar en el pensamiento y conocer la intención del compositor para transmitírselos a la orquesta.

        El compositor francés Charles Gounod, en una ocasión describió así al director de orquesta: <<El director no es más que el conductor del carruaje del compositor: debe detenerse o acelerar el ritmo a su demanda. Si no lo hace bien, el compositor tiene derecho a bajarse y seguir a pie>>.

Héctor Berlioz, en la introducción de su tratado de dirección orquestal, destaca varias cualidades de un buen director: vigor, conocimientos de composición y una buena comprensión de los instrumentos de la orquesta. Pero también añade:

<<Un director debe poseer otros dones indefinibles, sin los cuales no se puede establecer la conexión invisible entre él y aquellos a los que dirige>>.

        Cuando directores como Wagner o Berlioz dirigían obras de otros, no se limitaban a seguir las indicaciones del compositor, sino que interpretaban de acuerdo con sus propias impresiones de la obra. Hans von Bulow sostenía que la dirección orquestal era una interpretación subjetiva más que una lectura precisa  de la partitura, y variaba los tempos a su antojo. Otros como el director austríaco Félix Weingartner, director de la Filarmónica de Viena, criticaba la subjetividad extrema del enfoque wagneriano, abogando por la fidelidad a la partitura y a las indicaciones del compositor. También se opuso a la teatralidad exagerada en el podio y a la gesticulación excesiva. Los puntos de vista de Weingartner sobre la interpretación han influido a numerosos directores y sus grabaciones constituyen un valioso testimonio de sus convicciones. El estilo de dirección de Weingartner era muy eficiente. De hecho, desde la perspectiva del público, daba la impresión de que estaba inmóvil.
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia

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