lunes, 4 de junio de 2018

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (346)

A VUELTAS CON EL TURISMO

El turismo, dicen, se ha convertido en la primera industria del país. No cabe duda, porque es un hecho, que es nuestra principal fuente de ingreso, y es por eso que todos los pueblos y ciudades se empeñan en obras y proyectos para atraer al turista. Algunos (Venecia, Barcelona, Mallorca,…) que tomaron la iniciativa hace ya unos lustros, empiezan a quejarse de los problemas e inconvenientes que acarrea el turismo masivo, por lo que están empezando a poner trabas y restricciones, controles y tasas para tratar que no se despendole – si no lo ha hecho ya -  y traiga más perjuicio que beneficio.
Como dice el refranero español: “nadie escarmienta en cabeza ajena”, pero no estaría de más fijarnos en los que nos han precedido en esta tarea, para aprender de sus aciertos y tratar de no cometer los errores que ahora, costosa y difícilmente, tratan de corregir.
Después de leer el artículo “Ahora le toca al Turismo” de Antonio Ortega Rojas, compañero de tertulia, y lo que dice en él del Plan Director 2015/2022, observo que todas las iniciativas que se describen, referente al turismo, están destinadas a hacer una ciudad más atractiva “para el desarrollo de un turismo sostenible que sea una fuente de recursos para las personas que habitan la ciudad”. Este objetivo que, por sí solo, es acertado y loable, considero que sería más justo y aceptado si se le cambiara el sentido y la prioridad: Hacer una ciudad cómoda, limpia y atractiva para los portuenses, y así conseguir que el visitante se sienta atraído y a gusto, con ganas de quedarse, como cualquier vecino de El Puerto.
El Puerto tiene un atractivo indudable: sus playas, sus pinares, su clima, su río y su puerto deportivo y, por encima de todo esto, su gente. Ésta, su gente, se merece ser tratada, si no mejor, por lo menos igual que el visitante. Para que así se sientan, necesitan unas calles limpias – esta misión es cosa de todos los vecinos -, con aceras suficientemente anchas para que puedan pasear cómodamente sin que se lo impidan los coches aparcados, sin temor a que los arrastre el espejo retrovisor de los que circulan, recreándose para admirar – si se pudiera apreciar la arquitectura y el esplendor de antaño - las fachadas de los muchos palacios y casas solariegas de su casco histórico, empapándose de su cultura. Pasear por la ribera del río, libre de aparcamientos y derrelictos; ver faenar los barcos de pesca y relajarse dando un paseo por la bahía en uno de recreo; solazarse en sus terrazas, disfrutar de su gastronomía y degustar el vino de sus bodegas. Todo esto se lo merecen sus vecinos. Si lo conseguimos, los que vengan nos tendrán tanta envidia que desearán quedarse para disfrutarlo como nosotros.
Cuidemos y mimemos El Puerto. ¡Se lo merece y nos lo merecemos!
Hagamos de El Puerto una ciudad para vivirla y admirarla, no para criticarla negativamente.
Ignacio Pantojo
Socio colaborador de Santa Cecilia

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