jueves, 21 de febrero de 2019

SOBRE EL NOMBRE DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (4º de 10)

 En este 4º capítulo, el autor acude, a las fuentes escritas para ver cómo se ha venido llamando a la ciudad desde hace casi siete siglos y medio.


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En primer lugar conviene que reparemos en el hecho de que el sustantivo no ha sido nunca una clase de palabras sencilla. A nosotros nos lo parecía porque en el colegio y el instituto sólo nos enseñaban la punta del iceberg. Lo cierto es que lingüistas, filósofos y lógicos, tras siglos de investigaciones, continúan teniendo dificultades para definir la naturaleza del sustantivo, las diferencias entre los llamados nombres propios y nombres comunes, las características y las funciones referenciales y significativas de los nombres propios así como sus particularidades morfológicas y sintácticas, las peculiaridades de los topónimos y otras muchas interesantes cuestiones que plantea esta clase de palabras. Esa dificultad que encuentran los especialistas para diferenciar las categorías de nombres comunes y nombres propios llevó a Strawson a decir que los nombres propios son nombres comunes a los que les han salido mayúsculas lo mismo que a los niños les salen dientes.

Llegados a este punto tenemos que observar que nos hemos venido refiriendo principalmente a la escritura. Y la escritura, como sabemos, es la representación gráfica del lenguaje. Pero, el lenguaje es oral y es en este plano en el que tenemos que situarnos para tratar el tema que nos ocupa. Que el artículo del nombre de la ciudad se escriba con minúscula o mayúscula no aclara nada, porque el tamaño de las letras no se pronuncia. Mayúsculas y minúsculas solo existen en la escritura: son marcas ortográficas imprescindibles en este plano para comprender los mensajes y evitar confusiones. El problema es que a veces la escritura no reproduce fielmente el habla. Es lo que viene sucediendo con el nombre El Puerto de Santa María: en la tradición diplomática, literaria, epistolar e incluso contable es frecuente que la mayor parte de los autores empleen, en tan sólo unas pocas líneas de un mismo escrito, distintas formas nominales y marcas ortográficas para referirse a esta ciudad. Este aspecto no ha sido objeto de preocupación y observancia hasta hace muy poco tiempo. Por eso, lo importante, insistimos, es que con mayúscula o minúscula el artículo se ha empleado comúnmente como parte integrante del nombre de la ciudad.

Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Sª: Mía en anno de 1500
Ahora que hemos recordado que el tamaño de las letras no se pronuncia, podemos acudir, y es imprescindible que lo hagamos, a las fuentes escritas para ver cómo se ha venido llamando a la ciudad desde hace casi siete siglos y medio. Rafael Alberti dice que nació “en uno de esos blancos puertos que se asoman a la perfecta bahía gaditana: el Puerto de Santa María”. Pedro Muñoz Seca dedica su obra El roble de la JarosaAl Puerto de Santa María...”. Federico Rubio, Isaac Peral, Dionisio Pérez, Pedro Antonio de Alarcón, Javier de Burgos, Mariano López Muñoz, José Navarrete y otros muchos autores han hablado también de “El Puerto de Santa María”. Washinton Irving le agradecía al matrimonio Bölh de Faber-Larrea las atenciones recibidas “durante mi estancia en el Puerto de Santa María”. Simón de Roxas Clemente señalaba en 1807 acerca de la uva Palomino que se extendía mucho “su cultivo en Xeres y en el Puerto de Santa María”. En Las dos doncellas, de Cervantes, se dice de un personaje “que venía del Puerto de Santa María”. En un documento suscrito en 1561, el vicario Martín de Radona indicaba que “... la yglesia antigua era de la advocación de nuestra señora, por donde se llamo esta villa el Puerto de Sancta Maria.”. A principios del siglo XVI, Hernando Colón escribía en su Cosmografíae fasta puerto real ay tres leguas (...) e a la mano derecha queda el puerto de santa maría”. En la mayor parte de los mapas antiguos, nuestra ciudad aparece como Puerto de Santa María, lo cual era normal al tratarse de un rótulo o etiqueta meramente identificativa. Por eso resulta destacable que en algunos mapas figure como topónimo El Puerto de Santa María. Son los casos, entre otros, del denominado Hispalensis Conventus, fechado en 1579 y obra de Hieronimus Chiadas; y del mapa de Andaluzia, de Petrus Schenk, realizado en Amsterdam hacia el año 1690. Pero la referencia cartográfica más significativa y vacilante al mismo tiempo, dado que en el rótulo aparece el topónimo sin artículo, es la leyenda que figura en el cuello de una de las cartas de navegación más importantes del mundo: “Juan de la Cosa la fizo en el puerto de Sª: Mía en anno de 1500”. En 1302 el nombramiento como notario de Alfonso Pérez recogía “escribano público de la villa del Puerto de Santa María”. Las referencias podrían ser interminables. Éstas son sólo algunas de las más significativas. Queda así patente que el artículo está presente, incluso en sus formas contractas al y del, en la mayoría de los casos en que se cita el topónimo.
Academia de Santa Cecilia

3 comentarios:

  1. El nivel de “prostitución” lingüística alcanzado con “LA IMPOSICIÓN OFICIAL” del nombre del Puerto de Santa María con el artículo determinado "ANEXIONADO, AISLADO y ANTEPUESTO", llega a tal extremo de atrevimiento, que incluso no hay el más mínimo pudor en modificar (sólo por llevar razón) los textos de Rafael Alberti, y del autor que se tercie; véase, tanto en la introducción por parte de la Academia como en el inicio del artículo, la “reproducción” hecha de unos párrafos de “La Arboleda Perdida” y compárenla con el texto original. Alberti, en su libro, no dice “En la ciudad gaditana de El Puerto de Santa María”; dice: “En la ciudad gaditana del Puerto de Santa María” ("del" contraído, como no podía ser de otra manera). Tampoco escribe R. Alberti lo que se reproduce arriba al final de la cita: “… lugar de retamas blancas y amarillas llamado La arboleda perdida”, sino: “lugar de retamas blancas y amarillas llamado la Arboleda Perdida”. SIC. Nótese la diferencia entre mayúsculas y minúsculas.

    Nos preguntamos el porqué de esa obsesión compulsiva. ¿Cuesta tanto admitir o comprender la verdad histórica y la simpleza de su razón gramatical de ser?. De verdad, os aseguro, que es de una simpleza tal, que sólo a “los sabios” complica. A ver si va a resultar verdad lo que sostenía Paulo Cohelo: “las cosas simples son las más extraordinarias y sólo los sabios consiguen verlas”.

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  2. Al igual que en la 3ª entrega sobre este asunto, el autor, en su larga y enrevesada parte primera de ésta su 4ª entrega, se pierde por “Los Cerros de Úbeda”, hablando de extrañas dificultades halladas, durante siglos, por filósofos, “lógicos” y de no sé quiénes más, y también de las escaseces en la enseñanza básica y secundaria que recibió, en relación a los nombres propios y comunes. No lo entiendo; yo, francamente, nunca detecté la existencia de tan sutiles y profundas dificultades y escaseces.

    En su segunda parte el autor SE DELATA, inconscientemente, y MANIFIESTA cual es su error de base, por el cual llegó, hace ahora más de cuarenta y ocho años, a la conclusión, EQUIVOCADA, de que el nombre de nuestro Puerto, era “El Puerto de Santa María”. Sostiene Javier Maldonado que “el artículo es parte del nombre de la Ciudad”, y que “el artículo se ha empleado comúnmente como parte integrante del nombre…”.

    (1) “Que el artículo del nombre de la ciudad se escriba con minúscula o mayúscula no aclara nada …“ SIC., y:

    (2) “con mayúscula o minúscula el artículo se ha empleado comúnmente como parte integrante del nombre de la ciudad” SIC..

    Ambas cosas son inciertas, ni es “el artículo del nombre de la Ciudad”, ni “comúnmente se ha empleado como parte integrante del nombre de la Ciudad”.

    Si, según declara ser su intención, está tratando de ejercer de historiador o de notario aséptico; de buscar, investigar y poder establecer la verdad empírica de si el nombre de nuestra Ciudad es “PUERTO DE SANTA MARÍA”, o “EL Puerto de Santa María”; esto es, si el artículo determinado (El) es (según los datos existentes, su estadística abrumadora a lo largo de los tiempos, etc.) parte integrante, o no, del nombre, ¿cómo incurre en la contradicción de sostener, subjetivamente, que “tiene artículo”?, y qué el artículo se ha empleado COMUNMENTE COMO PARTE INTEGRANTE DEL NOMBRE DE LA CIUDAD”.

    Parece ser que el autor no desea aceptar la historia ni su testarudez, que no está dispuesto a admitir los incontestables datos, a millones, en contra de sus tesis. No podemos admitir, que todos los que pasaron por nuestro Puerto antes que el autor, durante setecientos cincuenta años, no importa su erudición ni su reconocida valía, estuviesen equivocados (que eran unos lerdos). Habría que dejar el orgullo propio un poco al margen, y dejar paso a la verdad; sería aconsejable la admisión del error. Aceptar, humildemente, que el uso histórico hecho, de los contextos distintos, dentro de los qué aparece el nombre de nuestro PUERTO DE SANTA MARÍA, han sido siempre los correctos; tanto en el lenguaje oral como en el escrito.
    ...sigue en el comentario siguiente ...

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  3. … viene del comentario anterior …

    Un nombre propio y el contexto en el qué se inserta, son como un pie y su calzado. Vamos a ver un ejemplo para “ir haciendo boca”.
    Nombre propio: “Conde de Osborne”.
    Contexto en el qué lo vamos a insertar: “Pedro trabaja en su casa”
    Introducimos el pie en distintos tipos de calzado (contexto), y nos quedarían expresiones como las que siguen:

    “Pedro trabaja en la casa del Conde de Osborne”. “El Conde de Osborne es el empleador de Pedro”, “el Conde es quién le paga su salario”. “Pedro le dedica al Conde de Osborne ocho horas diarias”, y el Conde de Osborne le paga a Pedro por su dedicación 2000 € al mes”. Al pié de la nómina mensual de Pedro, el Conde de Osborne, hace constar: Firmado, Tomás Osborne Gamero-Cívico, e inmediatamente debajo “Conde de Osborne”, porque “CONDE DE OSBORNE” es su título nobiliario. Dice Pedro, que él no cambia a su Conde de Osborne por ningún otro patrono, y su esposa añade: “estamos encantados con nuestro Conde de Osborne, es un patrono excelente”. “Este Conde es mucho Conde” añade con desenfado, etc.

    Así ha sido tratado gramaticalmente, siempre, en lenguaje oral o escrito el nombre de nuestra Ciudad. Según el contexto (extenso o corto, anterior o posterior), puede ir inmediatamente precedido de artículo determinado (opcional, según dónde y cómo), artículo y preposición (contraídos siempre), adjetivo demostrativo o adjetivos posesivos, pero el nombre propio es inmutable, es su entorno, su contexto, el cambiante.

    De idéntica forma se tratan todos los topónimos y nombre propios compuestos, unidos por “de / del / de la / de los-las”, en los qué el primer nombre es sustantivo común; estos nombres propios, reciben, en cuanto a la posibilidad de anteponérsele el artículo determinado, con o sin preposición, por similitud, el tratamiento propio del caso posesivo aunque no sean casos posesivos reales, sino falsos genitivos.

    Ejemplos:
    Castillo de San Marcos. Avda. de los Cisnes. Banco de Andalucía. Banco de España. Cerro de los Mártires. Academia de Bellas Artes de Sta. Cecilia. Instituto de Fomento. Gerencia de Cultura. Patronato de Turismo. Comisaría de Policía. Barrio de la Macarena, Palacio de la Zarzuela. Casa de la Moneda. Plaza de Isaac Peral. Plaza de la Iglesia. Palacio del Congreso. Cámara de Diputados. Patio de los Leones. Picos de Europa. Conde de Osborne. PUERTO DE SANTA MARÍA. Línea de la Concepción. Camino del Águila. Hijuela del Tío Prieto. Camino de los Enamorados. Plaza de la Noria. Plaza de Colón. Plaza de los Caídos. Isla de León, etc., etc., etc. la lista se haría "INFINITA".

    Le pregunto al autor, y a cuantos compartan sus ideas: ¿Qué hacemos?, ¿les anteponemos a todos esos nombres propios, y a sus congéneres "PARA LLEVAR RAZÓN", sus correspondientes artículos determinados, aislados y con mayúsculas, sea dónde sea?, ¿o nos bajamos de una vez del burro?.

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