jueves, 14 de febrero de 2019

SOBRE EL NOMBRE DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (1º de 10)


Por la importancia que, para los portuenses, significó el Discurso de Investidura (28-11-2003) de  nuestro  académico, Javier Maldonado Rosso, titulado: “SOBRE EL PUERTO DE SANTA MARÍA” y, en cómo nos transmitió sus reflexiones y sus convincentes argumentos, que tanto nos concierne por el hecho de sentirnos orgullosos de nuestra historia; comenzamos hoy a publicar una serie de artículos o capítulos seccionados (10), de su lección magistral. 

El tema de este discurso es uno de los muchos que me interesan, pero está entre mis predilectos. Hace años abrí una carpeta a la que titulé “El nombre de El Puerto” y he ido acopiando en ella informaciones e ideas. La carpeta aguardaba, como el arpa becqueriana, el momento para ser desempolvada. Creo que no podría haber encontrado mejor ocasión que ésta para ello.



A medida que iba elaborando este discurso me he ido haciendo más consciente de las muchas dificultades que entraña hablar del nombre de El Puerto de Santa María, porque se trata de reconstruir un hecho lingüístico sumamente complejo a través de siete siglos y medio de historia. Pierre Vilar dijo que un historiador necesita ser  “un poco geógrafo, un poco demógrafo, un poco economista, un poco jurista, un poco sociólogo, un poco etnólogo, un poco lingüista...” Me interesa y me gusta la lingüística, pero mis conocimientos al respecto son insuficientes para tratar adecuadamente este asunto. Cuando me percaté de ello no era posible cambiar de tema. Este trabajo podría, pues, considerarse un “ensayo”, pero yo lo califico como un atrevimiento por mi parte. Ruego, pues, máxima benevolencia con estas reflexiones que voy a compartir con ustedes en voz alta, con la confianza de quien está entre amigos.

Al contrario que tantos otros topónimos, el nombre actual de nuestra ciudad no plantea dudas sobre su significado y su origen es conocido. Hipólito Sancho en los años cuarenta y González Jiménez a partir de los ochenta, del  recién pasado siglo XX, establecieron que el cambio de nombre de Alcanate por el de Santa María del Puerto fue resultado de la incorporación de la aldea musulmana al reino de Castilla en torno al año 1260. La incorporación se realizó de forma pactada, pero bajo la presión del enorme contingente militar que Alfonso X acampó en la aldea con la finalidad de preparar la expedición  marina que arrasó la localidad norteafricana de Salé. Dado el interés estratégico de Alcanate para el éxito de la cruzada africana, Alfonso X solicitaría del alguacil de Jerez la entrega de la aldea al dominio directo de Castilla, y tras el cambio de jurisdicción se llevó a cabo el cambio de nombre. Los hechos posteriores más destacados fueron estos: el repartimiento de las tierras, solares y casas de Santa María del Puerto se efectuó durante el año 1268; entre 1272 y 1280 la villa dependió de la Orden de Santa María de España; la localidad fue arrasada por tropas benimerines en 1277; y el 16 de diciembre de 1281 le fue otorgada carta-puebla por Alfonso X, merced a la cual obtuvo término propio y autonomía administrativa.


Pero, pese a cuanto conocemos sobre su origen y a la trasparencia de su significado, tenemos desde hace mucho la incertidumbre de cuál es el nombre de la ciudad: ¿Puerto de Santa María o El Puerto de Santa María? ¿Forma, o no, parte el artículo del nombre de la ciudad? Es una duda que preocupa, relativamente, claro está, a portuenses de nacimiento y vecindad, y que es objeto de discusión. La controversia se avivó con motivo de que en 1986, a requerimiento de otras instancias oficiales, y sobre la base de un informe de José-Ignacio Buhigas Cabrera, el Ayuntamiento aprobase como nombre oficial de la ciudad el de El Puerto de Santa María. La cuestión no es baladí: uno de los elementos básicos de la identidad de una ciudad es su nombre. Por eso se trata de un asunto sobre el que es preciso reflexionar. Cosa que ya hicieron años atrás mis buenos amigos Enrique Bartolomé López-Somoza, Eloy Fernández Lobo, Enrique García Máiquez y Enrique García-Máiquez López. Este discurso se suma, pues, a sus interesantes aportaciones al respecto.

3 comentarios:

  1. El de Javier Maldonado sobre el nombre de la ciudad fue un trabajo luminoso y esclarecedor, que constituye un referente inolvidable. Es todo un acierto volver a divulgarlo a través de este blog. Javier Maldonado figura, por derecho propio, entre los más destacados prohombres de la cultura portuense contemporánea.
    Juan José Iglesias.

    ResponderEliminar
  2. uy buena idea, es un placer leer el magnifico trabajo de Javier. José L. Lojo

    ResponderEliminar
  3. Apreciado amigo Javier, también "mi carpeta", sobre el uso correcto del nombre de nuestro Puerto de Santa María, siguió acumulando documentos probatorios y notas, pero sin esperanza alguna de que, los hechos que se sucedieron a partir de 1981 y hasta esa, supuesta, aprobación de "El Puerto de ...." como nombre oficial de la Ciudad, y años posteriores, fuesen a ser objeto de reconsideración y de consecuente rectificación. El tiempo me enseñó, que aquello que se expone y se sostiene como "verdad" desde las instancias del poder, ocurra cuando ocurra, es "la verdad inamovible", de nada sirve el razonamiento, de nada sirven las pruebas. Me remito, como ejemplo, al actual "credo independentista" catalán (perdón, ahora tenemos que decir "catalá") . No hay más verdad que la del poder dominante, a la pobre oposición ideológica, histórica, o dialéctica, se le niega la razón y se la condena al ostracismo .... ¿Qué te voy a contar yo, Javier?.
    Quiero, desde aquí, darte mis más expresivas gracias por tu cariñoso recuerdo y dedicatoria; aunque he de decir, que no sólo "reflexioné sobre el tema", aunque haya perdido la esperanza de ver el nombre del Puerto de Santa María, de nuestro Puerto, recuperado, no me he rendido ni me rendiré, nunca haré dejación de mi, bien fundada, convicción. Convicción que, por las mismas razones expuestas, nunca sometería a debate público, pero sí a un honrado coloquio privado si se diera la ocasión. Yo, sin querer, y sin serlo, he hecho de historiador, me he fundado en millones de citas a lo largo de cientos de años, no he elucubrado ni sacado conclusiones propias, me he ceñido y basado en la práctica experiencia, en la observación de "los hechos", he sido empírico; partiendo de mi convicción y no al revés. Mi convicción está refrendada por la estadística, es, históricamente, incontestable; además de tener su "lógica y gramatical" razón se ser.

    ResponderEliminar