viernes, 22 de marzo de 2019

EL GENTILICIO DE LOS CIUDADANOS DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (3 de 8)


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La curiosidad llevó a los eruditos de los siglos XV y XV Ia intentar saber cómo eran conocidos sus conciudadanos en sus orígenes, cuáles eran sus valores naturales y humanos, recurriendo, principalmente, a las obras de Pomponio Mela y Plinio. Pero no fue hasta el siglo XVIII, como afirma la profesora García Gallarín, cuando se dispuso de suficiente información que acreditase el proceso de integración de las formas cultas, época que coincidió con la derrota del latín frente a la lengua castellana. Es en este siglo, en el XVIII, cuando los gentilicios populares se adelantan a las voces eruditas, camino que se iría afianzando y consolidando a lo largo del XIX. La mayoría de los orígenes de los numerosos gentilicios germinan en este periodo, no existiendo, salvo rarísimas excepciones, referencia anterior a los siglos XVIII y XIX.

En el Diccionario de Autoridades (1726-1739) no se definen los gentilicios, aunque el que fuera gran lexicógrafo y escritor español Sebastián de Covarrubias, en su monumental diccionario de la lengua castellana publicado en 1611 en el periodo comprendido entre el diccionario español-latín de Nebrija y el Diccionario de Autoridades de la Real Academia Española, incluyó el gentilicio de los naturales de Burgos, denominándolos burgaleses y burgueños.

Lo expuesto es suficiente para servir de introducción al tema fundamental que nos trae, el del gentilicio de los habitantes de El Puerto de Santa María; pero antes de pasar a él, voy hacer referencia a algunas afirmaciones de las personalidades tan doctas en la materia que con anterioridad he citado. Afirman:

1º) Que entre el español de América y el peninsular se aprecian ciertas divergencias en los gentilicios de base homónima. En ellos ha existido algo parecido a lo que suele llamarse cantes “de ida y vuelta”, de ir y algo después regresar. En la segunda mitad del siglo XIX, emigrantes de los puertos marítimos y montañosos españoles marcharon a ciudades costeras del conocido como Nuevo Mundo, llevando su gentilicio de nacimiento que compartieron con los compatriotas que allí ya se hallaban y con los nativos.
Estos, los naturales de aquellas tierras, a su vez, en una contaminación lingüística y cultural, se lo trasmitieron a los suyos, pasando a ser un gentilicio puramente castellano como uno americano. Años más tarde, al regresar a las tierras de sus orígenes,arrastraron consigo el gentilicio que solían usar en aquellas tierras marítimas,el que habían adoptado de porteños de los puertos de Cuba, Colombia, Argentina, Chile, y de otros lugares.

2º) Bien es verdad que la suerte de los gentilicios, debido aun encadenamiento de sucesos fortuitos o casuales, puede cambiar bruscamente por la inclinación de algunos lugareños a inventar otras deformaciones diferentes, basándose en aspectos lúdicos, renovadores, de realce, o en un sentido erróneo, tomando como base de partida una antigüedad inexistente, que como veremos no es nuestro caso.

3º) Estas circunstancias hacen que sea normal que para un mismo topónimo existan varios gentilicios que hayan tomado sufijos diferentes. Por ello, si un topónimo tiene dos, tres o más gentilicios, la tendencia general es que uno de ellos, sea el popular, el de uso común, el reconocido en general, el adaptado por la mayoría de los vecinos, y que los demás sean utilizados por una minoría, o grupo de personas que lo han importado de otra zona de características parecidas, bien geográficas, o bien fonéticas.

4º) Debemos también prestar una especial atención a no confundir gentilicios con apodos colectivos, utilizados por un reducido colectivo dentro de una comunidad. Don Gregorio Salvador Caja, filólogo, lexicógrafo, escritor y miembro de la Real Academia Española, a instancias del también escritor nicaragüense Carlos Alemán Ocampo, definió a los primeros como “aquellos que designan características geográficas, étnicas, políticas y religiosas”, y los segundos, los apodos, de acuerdo con la Gramática Descriptiva, como “nombres que indican una nota particular de un individuo, o grupos de individuos que pueden ser más o menos numerosos”. Estos no tienen el aspecto morfológico requerido para que gramaticalmente conformen las reglas establecidas y se integren como un gentilicio.
Los naturales de la bella ciudad de Oporto, en Portugal, de los que hablaremos más adelante, tienen por gentilicio el de portuenses, no obstante tienen el apodo de tripeiros ya que durante la conquista de Ceuta en 1415 los habitantes de la ciudad enviaban para las fuerzas expedicionarias la mejor carne, quedándose ellos solamente con la tripas, por cierto que éstas han dado origen al plato más renombrado de su gastronomía.

5º) En aquellas ciudades, o núcleos de pobladores, donde hubo el nombre latino, ese nombre ha permanecido como gentilicio y frente a éste, otro popular raramente se ha instaurado por otras minorías.

6º) De todos los sufijos que recoge el diccionario de Julio Casares, solamente tres de ellos, los terminados en ENSE, EÑO, AÑO, ocupan casi el 60 %, y el primero, ENSE, la cuarta parte de todos.No es de extrañar, pues España es medio marítima y medio montañosa, y sus pueblos y ciudades están ubicados en puertos, ya marítimos, ya de montaña.

7º) Por último, para finalizar estas anotaciones, fundamentalmente en base a los estudios de la profesora García Gallarín, cuando el gentilicio acaba en EN, o ENSE, caso de portuense, es el gentilicio usual, y lo normal es que sea el único para este topónimo. Volviendo a Casares, de los 138 topónimos que tienen algún gentilicio que acaba en ENSE, 119 sólo cuentan con ese único gentilicio. Por cierto que su acreditada obra se publicó en 1942, y a partir de entonces se han realizado repetidas reediciones por sus herederos, quienes en una de ellas incorporaron el diccionario de gentilicios, agregando el de despectivos y apodos.
Academia de Santa Cecilia

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