lunes, 25 de marzo de 2019

HOMENAJE AL POETA Y ESCRITOR DE VEJER, FRANCISCO BASALLOTE

Extracto de la Conferencia pronunciada en Vejer por nuestro Académico, Gonzalo Díaz Arbolí.

Dentro de las actividades programadas para el año 2018, en el apartado, conferencias, coloquios y tertulias, la Sociedad Vejeriega de Amigos del país, (pulsar sobre Sociedad...para conocer sus estatutos) ha querido incluir una dedicada a la difusión de la poesía y como homenaje al poeta Francisco Basallote:

Mi propuesta es un acercamiento a su obra desde la palabra poética y desde la imagen, analizaremos el significado de la añoranza mediante el comentario de su obra, y recitaré algunos de sus poemas más conocidos.

Me gustaría decir que, su poesía siempre me ha emocionado, me lo imagino con unos dilatados brazos, que cobijando a Vejer nos contagia  su amor y la nostalgia que revelan sus poemas. Es la razón de la realización de estos 3 vídeos basados en las carpetas publicadas por el poeta, de acuarelas y haikus, esos poemas de alta concentración que forman parte esencial de la tradición literaria japonesa, su métrica de 5-7-5 sílabas es muy aceptable para nuestras lírica. Su belleza unida a cada lámina, es una meditación resuelta en cada poema. No es posible más inspiración en tanta brevedad de palabras. Nuestro poeta pasará a la historia por ser uno de los más reconocidos especialistas.
El haiku debe describir el momento, pensad en este luminoso haiku:..

Tras las espigas / la sierra y los pinares, /el azul del mar.
                                                       
No os parece que el poeta se inspiró en la carretera que une Barbate y los Caños de Meca, cuando casi al final surge de pronto el azul.

En este vídeo que vamos de ver; la fuerza que tienen las  palabras es algo misterioso, tanto que parecen obedecer a un orden interior desconocido. Las 4 carpetas que me envió, y que yo las convertí en vídeos, contienen 12 acuarelas cada una, con otros tantos haikus, son un canto a la sensibilidad.

Poesía, música y sobre todo una gran emoción contenida al evocar la figura siempre presente de un vejeriego que supo contar y expresar de forma inigualable el amor a su tierra. Vejer ha encontrado en sus versos su mejor pregonero. Por ello, Paco Basallote pasará a la historia como el poeta de Vejer, nuestro Vejer.

Su duración es de 9 minutos.
Carpetas: Sendas del aire, Queda la luz, Hilos de luz


Francisco Basallote poeta y pintor.

Recibo la invitación de la Sociedad Vejeriega de Amigos del País, con dos sentimientos que no suelen andar juntos: el orgullo y la gratitud por participar en este homenaje a nuestro poeta Francisco Basallote. La amistad es un don, haber disfrutado de la suya, un verdadero privilegio, que no sé como agradecer, nos conocíamos desde la infancia y estuvo siempre llena de complicidades y confidencias. Por eso, estar hoy aquí, por un lado me abruma y cohíbe y, por otro me hace una gran ilusión porque estoy entre amigos. ¿Cuándo iba a pensármelo yo?

Mi propósito con este encuentro es, recordar, para gloria de Vejer, a un gran poeta y al mismo tiempo resaltar para la memoria colectiva, a uno de nuestros convecinos más querido y admirado y demostrarle  el cariño que le profesamos, especialmente, los que tuvimos la suerte de conocerlo y ser su amigo, y manifestar mi admiración por su poesía y por sus ensayos de crítica literaria.

Me viene a la memoria la editorial del Boletín de Amigos del País, agosto 2015, y que terminaba así:.. Ahora comienza la obra de Francisco Basallote en el alma y en el tiempo de los vejeriegos, y en eso estamos. El poeta siempre aspira a la permanencia de su voz. Cierro los ojos y la memoria me deslumbra.

Los Caños de M. 1954. Por la izq. Paco, Gonzalo, ya hablában de poesía, R. Vite y S.Infante
Iniciado a la poesía desde su primera juventud,  aunque de tardía publicación, Paco era un poeta solitario comprometido con las letras andaluzas, a las que dedicó más de veinticinco años de carrera literaria y, aunque desarrolló el oficio de escritor al margen de grupos, siempre estuvo dispuesto a apoyar y difundir la obra de los nuevos escritores.

Su prolífica obra literaria, con más de 50 libros publicados, le ha valido importantes premios y reconocimientos como el Nacional de Poesía Ciudad de Baeza, Antonio Machado de Sevilla, Orippo de Poesía, o en octubre de 2014 el máximo reconocimiento de nuestro pueblo, «Premio Ciudad de Vejer», que le fue entregado por su alcalde, José Ortiz

Su obra ha sabido enfrentarse con cuestiones como la Naturaleza como inmensa metáfora de nuestro carácter desvalido, la nostalgia de lo que fue pero también de que lo que nunca ocurrió y la reflexión más profunda sobre la verdadera materia de la que está hecho el ser humano, incluyendo su memoria pero también su olvido.
Era un autor conciliador que investigó, obra tras obra, nuevas maneras de expresión poética y de recreación de las diversas realidades en las que nos hallamos sumergidos.  Gracias a su análisis poético renueva lo cotidiano con gran maestría. Era un poeta capaz de crear su mensaje en poemas que conectan con el alma del lector. La poesía evoca diciendo lo máximo con lo mínimo.

La búsqueda de su propia voz poética fue una constante a lo largo de su carrera, logrando ese equilibrio entre pureza, belleza y reflexión que tanto caracteriza a su poesía.  Su elegancia en el uso de recursos, la riqueza de su vocabulario, el requerimiento emocionado de la memoria, la añoranza del tiempo que fluye describiendo la historia. Es la voz de los recuerdos, y sin embargo, la mirada hacia atrás no es nunca para esconderse de forma egoísta sino para buscar y encontrar nuevos territorios.

En la descripción que a continuación pueden leer, vemos la influencia de Vejer en su poesía. Pocas veces un poeta, ha cantado más y mejor a su pueblo natal:


No puedo descender a la memoria sin encontrarme en sus más profundos estratos la presencia de una luz y de un mundo de color que todo lo inunda: Vejer o mejor, mi Vejer infantil, el Vejer de Puerta Cerrada ¡ay!, del Barranco, del Castillo, de Las Monjas, de la Puerta de la Iglesia, de la Plazuela… el Vejer de los patios de mi infancia, el naranjo y el melocotonero de mi abuelo, la celinda, la parra, los geranios… el Vejer de las azoteas  blancas, de los tejados empinados, de su cielo azul, de África, tan cerca desde sus pretiles… el Vejer de las noches serenas, en las que se oía el ritmo de las estrellas, la respiración de la luna blanca, reflejándose en la cal o el terso raso de la oscuridad callada… , el Vejer del levante, como desatada pasión de la tierra o de los suspiros de la Breña, el húmedo Vejer de los inviernos, el cariño marino del vendaval y el verde esplendor del musgo entre las piedras… Y, cómo no, el cariño de quienes me enseñaron a amar a este pueblo, a extraer de entre sus piedras la memoria del tiempo pasado y sus tradiciones.  Precioso. Lo describe exactamente como es.

La profesora, Ángeles Vélez lo ha denominado el poeta de Vejer, añadiría yo, y de la añoranza.  Fue Ulises, el itinerante más famoso de la historia, el que inspiró, sin saberlo, el término nostalgia. La nostalgia es el sufrimiento provocado por el deseo no apagado de volver. Cada vez que leo sus poemas siento la necesidad de regresar a mi paraíso perdido.
Acostumbro a madrugar y  con Alberti digo:

 Yo soy  un hombre de la mañana, comprometido con la luz primera
Me pide el sol que canta en cada aurora, y yo no puedo decirle al sol, espera.

Por lo tanto, y con frecuencia, llego muy temprano a Vejer y al pasar la primera curva vislumbro su esplendorosa presencia, camino por las calles de mi infancia, de mis juegos: Corredera, Colegio del Divino Salvador, José Castrillón, Arco de la Segur…lugar mágico de recuerdo y  emociones. Y pienso, ¡he llegado! La nostalgia me suscita recuerdos de otros tiempos, las oportunidades que la inocencia dejó pasar; y tengo la sensación de que la vida, en realidad, fueron aquellos años fundamentales en que empezábamos a mirar la existencia; la luz de la adolescencia es, en verdad, la que nos acaba iluminando para siempre.

Nos comunicábamos frecuentemente por c.e. En una de sus cartas me decía:
Siempre que escribo de la Segur, te recuerdo, Gonzalo. El grupo de amigos que con tus hermanos en ese círculo cerrado  e íntimimamente conectado que éramos en torno a la Puerta de la Iglesia, esa parcela de cielo de nuestro particular paraíso. Para mí siempre estás presente en ese sitio mágico de Vejer…

A propósito de la adolescencia, me gustaría detenerme especialmente en uno de sus poemas, que leí hace mucho tiempo y que guardo en la memoria, que puso en movimiento dentro de mí una serie de reflexiones, de asociaciones de ideas, de traslación a territorios lejanos donde habitan mis remotos sentimientos. La sonoridad del poema apoya su carácter de elegante nostalgia ante lo perdido.  El punto fundamental del poema es el 2º verso: el tiempo de mi adolescencia, en mi opinión, es una metáfora sinestésica, y por la tanto subjetiva.   
     
Comparto con el poeta, “los hermosos días perdidos de la adolescencia”.

Para siempre perdí el tiempo de mi adolescencia;
y con él, los hermosos días de corazón enardecido
por vendavales de ternura
que solo en su añoranza estérilmente vuelven.

Cito algunos de sus libros:
En su producción literaria destacan obras como «Breve calendario de piscis». A menudo el narrador es testigo en soledad, que con su mirada o su memoria recorre lugares y momentos. Los días de la semana sirven como título y la recreación naturalista sirve como metáfora de otras cuestiones, apreciándose rasgos surrealistas y vanguardismo en su ritmo.


MIÉRCOLES,
Líquido sol multiplicado,
azogue voluptuoso de tus iris,
- en ti libre, pájaro libre, único venablo libre-
omnipresente cenit,
horizonte total.
Ríos de luz de tan profundas fuentes
anegan todos los silencios.
Pleamar de incipientes corolas,
vocero de los dioses,
Mercurio,
miércoles divino,
fluye tan claro de tus involuntarios dedos,
que el mediodía anticipado
triunfa exultante en las cavernas.

En otras obras como  “Retorno a Mellaria” o “Solo el mar” el poeta apuesta más por la descripción de entornos que actúan como llave del recuerdo, la Historia o la reflexión, tomándose con frecuencia lo marítimo como imagen poética que, con la inmensidad del mar, explica mucho sobre el ser humano.





EVOCACIÓN DEL VENDAVAL
Cuánto daría por volver a sentir en la noche oscura de este Callejón de la Monjas el bramido del vendaval.
Y como tantas veces, sentirme protegido bajo un pañolón negro y unas manos queridas que en esta evocación, como en un rito, vuelven.


 RETORNO A MELLARIA 

Con las pupilas llenas de recuerdo, oliendo el aroma de la celinda en los patios nunca olvidados,
con la punzante carga de mis sombras ansiosas de tu blanquísima luz y el corazón oprimido por el llanto,
por la ausencia, de quienes de su sangre, hicieran río para mi destino;
regreso a ti, ciudad de mi niñez.
A ti, ciudad de miel y de dulzura, antiquísima Mellaria, retorno,
para libar el hidromiel vedado, durante el tiempo que, ausente de mí, anduve lejanos senderos de olvido.
Hoy, que he vuelto en mí, he brindado en el cáliz de la segunda y honda memoria, por tu amor y mi destino, inseparables, ciudad de blancura, alta y dulce, amantísima Mellaria.


UMBRAL DE LA TORMENTA (De Solo el mar, 1989)

Más allá de la fronda enjaulada en las crines del deseo embridado,
más allá de la epidérmica frontera de las manos atadas a tu frente
y del espejo que olvida imposibles,
más allá del amanecer, está el umbral de la tormenta.
Sólo el tiempo escribirá la clave sobre el azul,  abierto, 
casi libro para que puedas descifrar el cielo.
Mientras, anuda el cabo a ese noray.


En “Diario y Cábalas de Agosto” el tiempo vuelve a ser protagonista narrativo, en este caso los días del citado mes. Y es que la poesía de nuestro poeta resulta siempre distinta, gracias a su continuo esfuerzo por reinventar la narración para convertirla en vehículo expresivo de lo evocado.

1 DE AGOSTO                                             
El Norte escribe en la nostalgia el frio de la ausencia,
como si el fuego no hubiese existido.
El cielo destiñe su azul en cúmulos y cirros matizados de gris
que enmarcan un celaje claramente invernal. Enero triunfa.

“Hasta el cantil del viento” es la antología definitiva, donde podremos observar la evolución del poeta, recoge su obra desde 1987 hasta 2013. Una obra poética que se sumerge en las inmensas cuestiones existenciales con gran destreza pero también con inmensa valentía y visión de conjunto, en sus propias palabras, «es un acercamiento a mi obra desde mi propia óptica, puesto que yo he hecho la selección, así que tal vez sea la forma más precisa de conocerme como poeta». Recrea nostalgias vividas de un reino extinguido, y se acerca lentamente al gozo de la contemplación del tiempo perdido, junto a la cadencia que alcanza el ansiado sentir en el momento contemplativo rememorado:

El poema “En los grandes ceremoniales” incluido en esta Antología, y que pertenece al libro “Naturalezas muertas”, la prologuista, profesora Ángeles Vélez nos recuerda lo que el propio autor dice: que se trata de “una especie de oración fúnebre por lo que se ha perdido, en el ámbito de la ciudad y de su historia, de su medio ambiente, de su arquitectura y asimismo en parámetros de lo personal, de las emociones de un tiempo perdido para siempre”  
     
El Coro era muy parecido a éste
En los grandes ceremoniales litúrgicos y, sobre todo, en la novena, era nuestro refugio:
su sillería de caoba supo de nuestros sueños mecidos en las fugas celestiales del organista, en los crujidos de sus maderas y
en  los asmáticos  soplidos de sus quebrados tubos.
Recuerdo, al contraluz del óculo multicolor, en las tardes,  
verlo surgir como una mole de madera y plomo, misteriosa.
Mas un día los mercaderes entraron en el templo.
Hoy, la huella de su espacio vacío, entre las góticas columnas,
recuerda una vulgar solería colocada al través y las pilastras restauradas.

Este poema, me trae a la memoria a mi abuelo y a mi padre que, con los sonidos del órgano, sus repetidas melodías y contrapunto, escondido entre las altas bóvedas, nos transportaba a la infinidad de la armonía y nos hacía despertar del profundo letargo a un nuevo amanecer; también tuve el privilegio de tocar ese órgano en algunas ceremonias litúrgicas.

Casi todos perdimos en la batalla del tiempo, tan solo nos salva la memoria
Como ven, amigos, inevitablemente aparece la añoranza y en las altas nubes, Vejer, permanentemente presente en su obra, en la que nos invita a compartir, a descubrir su esplendorosa belleza.

De su libro “Indagación del alba”:
Te quemabas en las dulces candelas de la noche, en el  fuego que arde en los labios incesantes del fulgor de su negrura, en los brillos que enciende el deseo en los ojos que te deslumbran, en la cósmica fuerza que repiten tus latidos.
¡Oh! el fuego veloz de los instantes sublimes de la noche.

Era mi casa en la muralla por la noche
centinela de aquella Puerta Cerrada


De “La sombra de Euclides”
Vuelan los últimos pájaros de la tarde mientras las nubes y los muros se tiñen de rosa,    vira a magenta y violeta el fuego del ocaso y se detiene el tiempo en las campanadas del ángelus.     Dulce muerte del día.


Su último libro “Arcángeles de otoño”, obra de gran calado y hondura, es un acercamiento oculto y constante a la presencia de la muerte. El simbolismo que imprime la elección del título: cuando se acortan las horas de luz, cuando le quedan pocas flores al otoño, se entiende como una invocación al invierno, e inicia una senda en que los poemas de nuestro poeta son precursores y anticipo de la eternidad.


Termina para el álamo el tiempo de su galanura,
el juego con la brisa que no acierta,
 si el haz o el envés plateado es lo que besa el ocaso lento de las tardes de estío
embelesado con la música de sus ramas y el canto  oculto de su sombra.
Termina ya su tiempo y se deshace en oro, en el abrazo de otra brisa
que suave le desviste como la mano de seda de la amada.
Termina para el álamo el jolgorio de los gorriones en las mañanas de sus trinos,
colgados ya de los esquemas verticales de sus desnudas ramas,
prestas a ceñirse de nubes como filacterias escritas  por plumas de nostalgia.


Y cada poema lo acerca al final…

Ese hombre que camina bajo los olmos lleva en su pecho
un reloj que solo marca el tiempo que le queda,
a su paso el aire ensaya el hueco que dejará en la tarde
cuando se cierre el círculo de las horas marcando su nada irremediable.


 Y en este poema, ya casi toca el inevitable acabamiento existencial…

Solo  queda la luz, lo demás, en su ceniza yace, materia inerte de sombra.
Dadme solo el color de los pétalos de la rosa
y la blancura de una cal encendida en el fuego del tiempo,
dejadme los ocasos y sus premonitorios púrpuras
en el lindero exacto de su fin.
Solo quiero esa luz.


 El final…
Ya todo es frio, nuestras manos estrechan todo el hielo en los abrazos
 y palpan la dura estructura que el tiempo ha elaborado con materias de hastío y de rutina…
y en un baile de máscaras simulamos la plácida fluidez de la derrota.

Quiero terminar recordando a Paco con los últimos versos del poema “Elegía”, pero antes: me dan ganas de gritar con Miguel Hernández:

¡No perdono a la muerte enamorada!
¡no perdono a la vida desatenta!
¡no perdono a la tierra ni a la nada!




Ahora sí, PACO, ahora, los últimos versos para ti:

..…Tu corazón, ya terciopelo ajado, 
llama a un campo de almendras espumosas 
mi avariciosa voz de enamorado. 
 A las aladas almas de las rosas...
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas, 
amigo del alma, compañero
.

Con los emocionados latidos de este encuentro. Muchas gracias.
Academia de BB.AA. Santa Cecilia



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