miércoles, 10 de abril de 2019

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (379)


COLON Y EL PUERTO

No debía Colon estar muy contento ese día, 12 de mayo de 1492, cuando viajaba desde Santa Fe, en Granada, hacia El Puerto. No hacía bueno y a él, que era un hombre de mar, nunca le habían gustado esos viajes tan largos a caballo que rompían la espalda. Hacía una pocas leguas que había emprendido el viaje y su ánimo estaba bajo mínimos, después de que la Reina, con su camarilla, le hubiera denegado por enésima vez el apoyo a su proyecto. En su desánimo, pensó incluso en acudir a la corte de Francia, aunque le unía un sentimiento de gratitud hacia el Duque de Medinaceli, Don Luis de la Cerda, bajo cuya hospitalidad y beneficencia llevaba viviendo cerca de dos años.

Sumido en estos pensamientos, casi no se percató de que un jinete, con las enseñas reales, le detenía y le ordenaba volver a Santa Fe por orden de la Reina Isabel. Los consejeros reales, a cuya cabeza estaba Luis de Santángel, querían retomar una vez mas las negociaciones. En esta ocasión se iban a prolongar mas de tres meses, sin que se rompieran gracias a la insistencia de su valedor Fray Juan Pérez.

Finalmente, el 14 de abril de 1492, el acuerdo era total. Básicamente la Corona aceptaba su exigencia de ser reconocido como Virrey y Almirante de cuantas tierras fueras descubiertas en su viaje y se aseguraba una décima parte de las hipotéticas riquezas que pudiera conseguir. Además, la Corona de Castilla le entregaba la cantidad de 1.140.000 maravedís y un mandamiento real por el que se obligaba a la ciudad de Palos de Moguer a poner a su disposición, mediante embargo si fuera preciso, dos naves adecuadas para desarrollar su aventura.

Las crónicas describen que Colón, exultante con el acuerdo alcanzado, partió de inmediato a Palos para concretar los preparativos.

Pero ciertamente, hay que pensar que el traslado no fue tan directo. Porque, en efecto, Colón llevaba viviendo en El Puerto dos años, con esporádicas salidas a Córdoba, Granada, Sevilla y Palos. Pero sus cosas, planos, dibujos, correspondencia y objetos personales, estaban en la vivienda que le había proporcionado el Duque en las inmediaciones del castillo de San Marcos, junto al Guadalete. Tuvo que dirigirse a esta ciudad con premura, pues con el dinero efectivo que llevaba encima, debía fletar una embarcación suficientemente apta para la travesía, contratar tripulantes, acondicionarla y aprovisionarla. En el Puerto encontró lo que buscaba, una embarcación que acababa de llegar del norte, propiedad del marino Juan de la Cosa, con una eslora cercana a los 30 metros, un poco escasa, pero que era lo mejor que había disponible. La Santa María.

Colón pagó el flete, contrató la tripulación y preparó todo lo necesario, abonando por adelantado gran parte del presupuesto y la integridad de los salarios de la reacia tripulación.

No me cabe duda de que con la embarcación contratada, Colón tendría pocas ganas de dirigirse a Palos en otro viaje por tierra, lo que aborrecía. Con toda probabilidad, embarcó en el muelle comercial de El Puerto, situado en un pantalán frente a la Aduana Ducal, donde mas tarde se construyó la Pescadería que aún subsiste. En ese lugar disponía de todo lo necesario para su viaje, sobre todo, agua potable y sal.


Desde El Puerto, salió de la Bahía en dirección a Palos de Moguer, donde con las dificultades que se conocen acabó por hacerse con las dos carabelas propiedad de los hermanos Pinzón.

Por lo tanto, aunque las crónicas cuentan que el viaje al desconocido Nuevo Mundo partió de la ciudad onubense, lo que no se discute, si es cierto que Colón contrató su nave capitana, a aprovisionó y se embarcó en El Puerto para iniciar la aventura que cambió la concepción del Mundo.

Me parece que esta Ciudad vive ajena a estos hechos trascendentales de la historia mundial, o al menos no se le ha otorgado a Colón, Juan de la Cosa, al tripulante portuense Pedro de Villa y a la propia nao Santa María, la importancia y el reconocimiento que merecen.

El proyecto de ampliación y mejora del Museo Municipal en el edificio del Hospitalito, bien podría remediar esa situación,  acondicionar un buen espacio que pusiera en valor estos hechos y nos hiciera recordar, a propios y extraños, lo que sucedió junto al Guadalete hace mas de 527 años.
Guillermo Barquin
Socio de la Academia Santa Cecilia


1 comentario:

  1. Me ha encantado amigo Guillermo, vivan los "paracaidistas" buenos y tu lo eres de verdad

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