Recuerdos de Vejer de la Frontera

Calle José Castrillón 9. Con parte de mi familia en la casa donde nací
 y viví hasta los 22 años. 19 dic. 2025

Hace no sé cuánto tiempo estoy queriendo, -esto debe ser un solecismo vejeriego de lo contrario es una infracción a la lengua española- (Antonio Muñoz), lanzar la siguiente idea: Establecer el título de “Vejeriego MigranteSe concedería a toda aquella persona que se encuentre lejos de su patria chica y haya dado pruebas de estar muy unido a ella en espíritu. Seguro estoy de que este título les haría sentirse aún más vejeriegos. 
Para ello se podrían añadir a los galardones que se conceden cada 24 de octubre con motivo de la Conmemoración del día en que Vejer fue declarado ciudad.  

Para mi Vejer, es un sentimiento permanente en el corazón y, los vejeriegos/as un intercambio de latidos. ¡Cuántas veces soñado! Y sueño con la bondad de sus gentes, bien formadas y con actitud a creer y querer contribuir a su desarrollo . Recuerdo una frase de Paulo Coelho: "La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante".  

Hoy, he vuelto a mi pueblo y he visitado los lugares de mi infancia y adolescencia que, a pesar de visitarlo con cierta frecuencia, me siento un forastero o mejor un fantasma que vivió muchos años y que ahora camina por un mundo que le es ya casi ajeno.  Las casas, las calles, los rincones tan queridos en otros tiempos y la Plaza de la Iglesia ¡Ay! La Plaza de la Iglesia, de tantos recuerdos que, a veces tengo la sensación de haber vivido muchos, muchos años, casi un siglo de historia, o quien sabe si más; ya no me quedan amigos, apenas tres o cuatro, y evoco a los ausentes y creo que camino con ellos, con una tristeza que duele. Pero al menos no han muerto a manos del olvido. Esta sensación de estar fuera del tiempo, no solo existencial sino también histórico agrava el sentimiento de extranjería que me asalta cuando vuelvo, pero que definitivamente siempre me despierta sensaciones inolvidables de amor y cariño con un aviso lleno de nostalgia.

Llegué muy temprano. ¡Ahora! ¡ahora!, iba yo diciéndome con los ojos fijos en la carretera, y al revolver la primera curva, me encontré de golpe con su esplendorosa presencia, no había en el mundo lugar más bonito que aquel  en lo alto de la loma. Hasta entonces el paisaje había sido monótomo y callado y ahora se hacía expresivo y locuaz, . Tenía que recordar tantas y hermosas cosas. Caminé por las calles de mi infancia, de mis juegos: Corredera, Colegio del Divino Salvador, José Castrillón, Arco de la Segur…(lugar mágico de recuerdos y emociones). Evoqué con nostalgia otros tiempos, las oportunidades que la inocencia dejó pasar; y tuve la sensación de que la vida, en realidad, fueron aquellos años fundamentales en que empezábamos a mirar la existencia; la luz de la adolescencia es, en verdad, la que nos acaba iluminando siempre.


Pertenezco a una generación que tuvimos que encontrar nuestro futuro lejos de nuestro lugar de nacimiento, siempre he llevado a Vejer en el corazón y la boca, transmitiendo por todas partes sus valores éticos; valores como la amistad, la lealtad, la generosidad y solidaridad, el compromiso, la humildad... Todo ello aprendido en Vejer, en la casa de mis padres. 
Pero alejarse no es olvidar, porque en realidad el tiempo de los pueblos permite que la vida de unos esté indisolublemente unida a los de otros, quizás porque todos somos uno.
Es un orgullo pertenecer, a este rincón del planeta lleno de historia y de cultura, e invitamos a sus residentes y a la diáspora expandida por el mundo que, lo llevamos como embajadores donde quiera que vayamos, a que encontremos en Vejer ese bello lugar donde merece la pena estar en cualquier época del año.

Qué hermoso resulta para un “migrante” volver a escuchar las voces amigas, volver a oír tu nombre pronunciado por alguien que te recibe con un cálido abrazo, que te hace reordenar ideas y descubrir alguna de las virtudes y secretos de tu mundo interior y saber que la amistad de aquella época sigue vigente setenta años más tarde.

A lo largo de mi ausencia de Vejer, me han preguntado: de dónde soy y siempre he respondido: Corría el año 1943, eran mis primeros recuerdos infantiles, y me veo al lado de mí padre en el Santo (el lugar de mayor altitud de Vejer) lanzando una pandorga. Era una tarde azul. Y me enseñaba a elevarla. Desde entonces sé muy bien cuál es mi patria, mi gente y mi paisaje.

Acuarela del dibujante y arquitecto, Carlos Hurtado Casanova

Rainer María Rilke, poeta austriaco, afirmaba que “La infancia es nuestra verdadera patria, donde nos reconocemos, donde nos encontramos; es un sentimiento positivo, primario y prácticamente inevitable de amor y de justo orgullo a nuestro terruño. 
La ambición humana, la del corazón es la que me lleva a reivindicar mi condición de vejeriego que me honra, que con orgullo, amor y altruismo llevo conmigo desde que nací.
Puedo proclamar que en ninguno de los sitios que he visitado se me ha despertado el más mínimo de los sentimientos como los que experimento cada vez que vuelvo a mi pueblo: Vejer de la Frontera de todas las fronteras, porque las tiene entre mar y tierra, entre moros y cristianos, entre llanuras y montes, entre la realidad y el sueño. 

Orgulloso y altivo, así eres tú.
Y en tu cima de pinos y de piedras
donde el viento es libre y la luna
esparce su argentada aura,
fui aprendiendo a vivir de forma placentera.

Adoré tu belleza, tu luz y tu silencio.
Adoré tu noche intensa y estrellada.
Adoré tu cielo impasible de septiembre,
y te adoré a ti, en la paz de tu mirada.

Te dije adiós un día de noviembre,
y ya en la despedida se me rompía el alma,
por el miedo a no verte eternamente,
y perder esa quietud tan bien amada.

¡Y ahora! ¡Este verano!
Cuando el alba serpentea entre los pinos,
y aparece la luz, y las sombras entrecortadas
dan paso a la mañana,

tú, te perfilas puro
y a contraluz del infinito
tienes aire de cruzado solitario,
donde se oyen rumores, que despiertan,
recuerdos ya olvidados.

Tu silencio,
que llena de sonidos
las calles soleadas y las umbrías,
hacen renacer las esperanzas
de un reencuentro,
entre el que soy y el que ya he sido.

Porque, el volver a ti,
después de tanto tiempo sin tenerte
¡Después de una búsqueda infinita,
de un lugar que pudiera parecérsete!
es encontrar de nuevo una mirada,
de gozo de amor y de ternura.
De un embrujo que te hiere y que te mata,
y que a su vez, te ofrece su hermosura.

Ya si puedo esperar pacientemente
El momento en que al fin todo es resuelto.
Pues mi alma feliz es nuevamente,
y el amor que puse en ti, me lo has devuelto. 
Javier Díaz Arbolí 1982

Vejer es uno de esos pueblos de los que, cada crepúsculo se despide con el inconfesado temor de que, durante la noche, se haya ido volando como un bando de grullas.

Hacer clic sobre la imagen para visualizarlo
       Vídeo de fotos que tomé en un fin de semana de estancia en Vejer en 2013.
           
Gonzalo Díaz-Arbolí
Académico de Bellas Artes Santa Cecilia

28 de julio 2024

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