Acto Solemne de entrega de títulos a los Socios de Honor en este año 2025, año de celebración del 125 Aniversario de la Academia.
Yo llegué muy tarde a conocer en profundidad a Ramón. Es cierto que toda mi vida, porque yo nací en la calle Larga cerca de la imprenta Bollullo, había conocido a Ramón, pero simplemente yo como cliente y él como comerciante que trataba con exquisito trato a todos.
Fue a raíz de mi entrada en la Academia en el equipo directivo, cuando empecé a conocer de verdad a la persona. Ramón era discreto, callado, pero que siempre se notaba cuando él estaba, su sola presencia era como un imán o una luz que todo el mundo podía notar.
Era una persona que sabía escuchar, hablaba poco, pero cuando lo hacía siempre acertaba, educado hasta el extremo y por encima de todo, una buena persona.
Muchísimas horas de su vida las dedicó a la Academia, cualquier mínimo problema que surgía en el edificio, ….ahí estaba Ramón…hasta tal punto era su voluntad de cooperar, que no se si os acordáis la llamada que hice a todos para ayudar a remozar el edificio antes incluso que nos cedieran los cuartos del Museo… pues ahí estaba Ramón, y estamos hablando de 2023, solo un año antes de que nos dejara. Pues en esos días no conseguí que se bajara de una escalera, a más de 3 metros de altura…claro que no me separé de la escalera hasta que él bajó.
Ramón nos dejó, pero aquí seguimos teniendo a la bellísima familia que sigue con nosotros, su mujer que personifica la dulzura y la bondad y que tiene que seguir uniendo al resto, sus tres hijos, a los que ambos transmitieron la honradez, la bondad, y la rectitud en su vida.
Por último, quiero hacer mías las sentidas palabras que nuestra querida Carmen le dedicó en su artículo In Memoriam:
No hemos conocido a nadie tan discreto como Ramón. Amable, generoso, educado y siempre con una sonrisa en la boca y en los ojos. En la Academia, a la que le dedicó tanto tiempo de su vida de forma altruista, era una pieza indispensable. No se dedicaba a lo más público, a lo que salía en las noticias. Su trabajo era de puertas adentro. Controlaba todo lo que se necesitaba para funcionar, los imprescindibles, pequeños arreglos, organización de eventos, colocación de cuadros, exposiciones, … Era fácil verle subido a una escalera de 4 metros para descolgar un cuadro, o trasladar un lienzo por la calle Pagador desde la Prioral para su restauración. Sin embargo, nunca le vi subir la voz, ni enojarse con nadie. No solía hablar el primero, había que preguntarle qué opinaba para luego escuchar una respuesta sensata que casi siempre era la acertada. Disfrutaba de una copa de vino con los compañeros, cuando después de una conferencia o un concierto, un rato de charla nos relajaba. Discreto y sencillo, Ramón era un hombre bueno, además de un buen hombre.
Por todo ello, y como agradecimiento a muchísimos años de su vida dedicado a la Academia, nombramos Socio de Honor a título póstumo a D. Ramón Bollullo Altamirano.
Recoge el diploma que lo acredita sus hijos Ramón, Juan y Margarita.
Cierra el acto el presidente:



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