Pro captu lectoris habent sua fata libelli

 


La expresión latina "Habent sua fata libelli" suele entenderse como la idea de que los libros tienen un destino propio. Aunque con frecuencia se atribuye erróneamente a Horacio, la frase procede en realidad del gramático latino Terentianus Maurus (siglo III d. C.), y en su forma completa —Pro captu lectoris habent sua fata libelli— significa que el destino de los libros depende de la capacidad o disposición del lector.

Con el paso del tiempo, este sentido original se ha transformado. Hoy la expresión se utiliza para afirmar que cada libro está predestinado a una mayor o menor fortuna —o incluso al olvido— con relativa independencia de su valor intrínseco. Obras canónicas como La Divina Comediala Ética de Spinoza El origen de las especies ilustran bien esta idea de un destino histórico de los libros.

El coleccionista introduce otra lectura. Para él, no son los libros en abstracto los que tienen un destino, sino cada ejemplar concreto. El destino más decisivo de un libro no es su lugar en la historia literaria, sino su llegada a una biblioteca particular, su inscripción en una biografía de lecturas y posesiones. Cada volumen cumple así una trayectoria material y personal, irrepetible.
De este modo, la expresión ha pasado de designar la relación entre libro y lector, a señalar el destino histórico de las obras y, finalmente, el destino singular de cada ejemplar físico.

La traducción de Terentianus Maurus propuesta por Josep Maria Espinàs —«la suerte de los libros depende del espíritu del lector»— resulta especialmente certera. Pro captu lectoris alude no solo a la comprensión intelectual, sino también a la sensibilidad y a la disposición interior. Los libros quedan, en último término, a merced de quienes los leen.
Desde esta perspectiva, la obra de Espinàs revela una calidad extraordinaria. Su escritura, transparente y depurada, se reduce a los sustantivos esenciales y los adjetivos evidentes. Esa aparente sencillez encierra una auténtica proeza literaria, perceptible solo para lectores atentos. Se ha señalado su afinidad con Delibes y, más aún, una cercanía de actitud con Baroja. Basta una frase para advertirlo "era una calle larga y olía a pan".

También su posición ideológica participa de esa naturalidad. Nacionalista por afirmación y no por exclusión, no se siente español, pero ama profundamente otras tierras y gentes de España. Su falta de retórica identitaria constituye, para el autor, uno de sus mayores méritos.
Al recordar el aniversario de su nacimiento (1927), se introduce una matización decisiva: el destino de los libros no depende solo del lector, sino también de la calidad, la honestidad y la actitud del escritor que los entrega.


Otro paradigma: En "Mortal y rosa" de Francisco Umbral, robado a un verso rotundo de Pedro Salinas que exalta con deleite la corporeidad: Estoy oyendo crecer a mi hijo en el silencio de los libros .
Frase que constituye, por sí sola, un capítulo. Con ella tituló Umbral un artículo publicado en 1971: “Anda entre sus trenes sin destino, sus mitologías de trapo". El proyecto se vino abajo por la enfermedad del niño y Umbral lo modificó sobre la marcha. En su versión definitiva, Umbral tomó como título uno de los versos finales de La voz a ti debida, de Pedro Salinas:
...esta corporeidad mortal y rosa 
donde el amor inventa su infinito.

Añade, así, un nuevo diente al engranaje, ya que “la voz a ti debida” procede, a su vez, de un verso de Garcilaso (Égloga III, 2, 12): 
...mas con la lengua muerta y fría en la boca
pienso mover la voz a ti debida.

Northrop Frye decía que todo poema procede de otro poema. 

Las alusiones al tiempo histórico confirman este proceso de redacción. “Pensiones de sombra, horas perdidas, sillones de cuero sintético en el recibidor, penumbra, flores de plástico, corredores, espejos pentagonales con un trébol grabado en cada ángulo, el mensaje oloriento de la cocina...”,  una floración de olores que nos salían al encuentro, la berza dulce del día anterior (...).nacida de la prodigiosa alquimia léxica de Umbral, artífice de una auténtica cascada de metáforas prodigiosas en cantidad y calidad equiparables a las del mejor Neruda

Mortal y rosa es un libro fronterizo, de imposible catalogación unívoca, aunque algunas declaraciones del propio escritor podrían contradecir esta tesis: “He hecho algún libro que quiere ser todo él puro y mero poema en prosa, aunque los críticos los hayan malentendido como novela. Sobre todo "Mortal y rosa”. Para entender la precisa identidad que en cuanto género tiene el libro conviene analizar con detalle este pasaje: “No quiere uno que entre el lector y él haya trucos de novela, efectos de poema, trampas del oficio, y se apela al diario íntimo. Lo que pasa es que no somos capaces ya de sencillez y resulta que el diario íntimo se llena de lirismos, de lucimientos, de improvisaciones muy preparadas (...) Así las cosas, tengo que resignarme a que mi diario íntimo vaya resultando un poco el poema en prosa de unos graves meses de mi vida.

Gonzalo Díaz Arbolí
Académico de Santa Cecilia

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