viernes, 24 de febrero de 2012

Paseando con un poeta: Carolina Coronado

Créanme, no las tenía todas conmigo desde la anterior, y fracasada, entrevista con el escritor José Cadalso; este encuentro también era en Cádiz y estaba un poco receloso. Llegué a la ciudad bien temprano aunque -por lo poco que había podido saber- la cita tendría lugar sobre las once, en la que ahora es la calle Campo del Sur, con el mar Atlántico delante.  Estuve dando vueltas por allí y me senté en un pretil sobre rocas en espera de su presencia. Pensaba mientras, en los singulares misterios en los que me hallo envuelto. En unos momentos me encontraría en 1848, en mitad del siglo XIX, hablando con la poetisa nacida a finales de 1820. Seguía -en la espera- dándole vueltas a la cabeza compartiendo esa preocupación por el tiempo que nos une a físicos y poetas, concluyendo que no debemos decir nunca que el tiempo es "la" cuarta dimensión, el tiempo es sólo "una" cuarta dimensión, y diferente a las otras tres. Al final de estas disquisiciones siempre se termina considerando que el tiempo es un asunto psicológico; una sensación de duración: es de día, y al cabo de un rato es de noche, uno come y al rato ya tiene hambre otra vez, es así. Tarde o temprano todos nos damos cuenta de que esa sensación de duración también varía con las circunstancias ¿no les parece?

En unos instantes pareció nublarse todo, desapareció toda la circulación, las viviendas adquirieron un diferente aspecto, al igual que la vestimenta de la gente. Una calesa se acercaba viniendo de las cercanías de la catedral. Se detuvo cerca de donde yo estaba y descendió ella. Cruzó con paso lento y mirando con fijeza el mar; quizá en ese momento empezaron a latir estos versos en su cabeza:


Tuve una extraña sensación, observé que las personas que por allí había no se fijaban en mí, como si no me vieran; lo normal es que me mirasen sorprendidos de mi atuendo. Me acerqué a Carolina para observarla de cerca, le hice un saludo lo más cortés que pude y me di cuenta que algo fallaba, no oía mi voz, no percibía mi presencia. Me quedé admirado de su parecido con el cuadro del Prado, de Federico Madrazo, que sería pintado años después.

Su producción literaria más importante es la poética. Sus poesías se fueron recogiendo, poco a poco, en revistas, y cuando tenía veintitrés años, en 1843, se recopilaron en un volumen titulado Poesías con prólogo de Juan Eugenio Hartzenbusch. Sin embargo, hasta hace pocos años no se ha podido conocer su obra completa. En prosa escribió varias novelas de las que destaca la titulada Paquita. También escribió algunas obras de teatro aunque sólo logró estrenar El cuadro de la esperanza que sí alcanzó bastante popularidad. 

Creí escuchar que musitaba esta estrofa:


Recordé que cuatro años antes, en 1844, se publicó la noticia, falsa, de su muerte. Entonces escribe "Dos muertes en una vida", que se publicaría tras su fallecimiento. Quizás fuese por alguna crisis, Carolina sufría de catalepsia, y durante esos trances quedaba totalmente postrada, dando la impresión de que estaba muerta. El pánico ante la posibilidad de ser enterrado vivo era algo muy extendido en su época, asunto que por otra parte formaba parte del sentimiento romántico. Según relatan algunos de los estudiosos de Carolina, ella no fue nunca una mujer equilibrada, era muy nerviosa y también supersticiosa. Llevaba amuletos a los que confiaba su protección e incluso se desmayó en ocasiones porque decía haber visto el fantasma de su padre. ¿Sería por eso por lo que su poesía llegaba a veces a la fuerza ardiente de San Juan de la Cruz? ¿Por eso sería que su poesía llegaba a las alturas de pureza de Becquer?

De pronto sentí la necesidad de decirle que se marchase cuanto antes, que una afección nerviosa la iba a dejar medio paralítica en Cádiz, le grité. Le grité con todas mis fuerzas, pero mis sonidos no llegaron hasta ella.


No me oía, mis gritos la dejaban impertérrita. Estatua frente al océano, con halo, entre místico y perturbador, que posaba su miraba en esa lejana línea que separaba el mar del cielo.
Ignacio Pérez Blanquer
Académico electo de Santa Cecilia

Post scriptum: 
Me place dedicar este pequeño artículo a nuestra querida amiga María José Carrasco Lozano, que desde hace bastantes años está afincada en esa estupenda población extremeña, Almendralejo, en la que nació la eximia poetisa Carolina Coronado.

7 comentarios:

  1. Me encantan estos paseos literarios.

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  2. D. Ignacio: Es para mí un honor, después de leer sobre nuestra Carolina Coronado, escuchar las olas del mar, sus gritos sin sonidos y ver esa lejana línea que separa el mar del cielo, poder comunicarle que mi querida Abuela Encarna, nacionalista sin duda, gran defensora de las Artes Extremeñas, nos inculcó un amor por los Poetas de su tierra, no pudiendo por menos que agradecerselo implorando a Sta. Cecilia, patrona de músicos, poetas y ciegos, la que cantaba a "Su único Señor en su corazón", junto a Valeriano y Tiburcio, antes de ser sacrificados por la incultura, mal de muchos.
    Por ello mi gratitud y admiracion. ¿que letra le gustaria en la RAE? Un saludo muy afectuoso.

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  3. que emocionante ! sobrecogedor !

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  4. Como siempre espero con impaciencia que llegue el Viernes para leer su paseo con un poeta. Admiro su imaginación. Espero que nos deleite con muchos más paseos.

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  5. Hoy sábado me he levantado y lo primero ha sido venir a la lectura de 'paseando', hoy descubierto a una nueva poeta de la que sólo conocía el nombre. Me ha gustado mucho, gracias.

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  6. Maravilloso paseo el q he dado entre mi gran amigo Ignacio y nuestra ahora amiga común Carolina, a la q no tenía el gusto de conocer, y gracias a él ya nunca olvidaré.
    Espero como muchos de nuestros amigos, poder seguir paseando todos los viernes con Ignacio y otros de sus tantísimos amigos Poetas. Gracias por compartirlos.

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  7. Pecioso Ignacio ese gran "Paseo", me ha gustado mucho conocer la biografia de Carolina Coronado!!!!!Eres un extraordinario escritor!!!!Muchas gracias...y esperando el viernes!!! Un abrazo nuestro para todos!!!!!

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