martes, 5 de febrero de 2013

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (100)


ACERCA DEL FUTURO ENERGÉTICO


Aunque sólo sea por curiosidad, ¿le ha dado alguna vez la vuelta a su factura de electricidad para ver el origen de la energía que consume?

Allí aparecen dos estimaciones, la de producción del sistema eléctrico español y la de producción de su compañía suministradora; en ellas encontrará las aportaciones de las distintas fuentes energéticas. Atendiendo al sistema eléctrico español, el aporte aproximado de las distintas fuentes es: carbón (16 %), gas natural (18 %), renovables (30 %), nuclear (20 %) y cogeneración y otras (16 %).

Del carbón hay que destacar su efecto contaminante, en cuanto se refiere a la emisión de CO2, y su bajo rendimiento energético; sobre una base de cálculo igual, el carbón emite un 33 % más de CO2 que el metano, componente fundamental del gas natural, y produce un 40 % menos de energía.

En las renovables deben incluirse la solar, la eólica, la llamada “energía verde” y la hidráulica. La solar y la eólica son fuentes energéticas inagotables pero dependientes de la climatología y no plenamente desarrolladas, siendo su precio real más alto que el de otras fuentes. La “energía verde”, bien en forma de etanol obtenido por fermentación de cereales o de biodiesel obtenido a partir de semillas oleaginosas, aparte de ciertos problemas, requiere un elevado consumo de agua para la obtención de cosechas de alto rendimiento; de esta forma la “energía verde” colisiona con un bien imprescindible como es el agua y con unas fuentes de alimentación como son los cereales y las semillas oleaginosas. La hidráulica, por su parte, está en unos niveles difíciles de superar.

La energía nuclear presenta dos problemas fundamentales su elevada inversión inicial y como confinar sus residuos radioactivos. En su favor hay que destacar que el control de su funcionamiento es bastante seguro y su precio final resulta ser el más barato de todas las fuentes. Cuando se habla de seguridad, hasta hace poco tiempo el ejemplo negativo siempre era el mismo, lo ocurrido en la central nuclear de Chernobyl (abril 1986), acerca del cual hay de resaltar que allí se estaban realizando experiencias encaminadas no sólo a la producción de energía; más recientemente se tiene el caso de la central japonesa de Fukushima (marzo 2011), que en su inicio no fue un accidente propiamente nuclear sino inducido por causas ajenas a la propia central, ubicada en una zona de alto riesgo sísmico.

La humanidad, históricamente, ha cubierto dos etapas, la del carbón y la del petróleo. Ninguna de las fuentes energéticas renovables, ni su conjunto, puede asumir actualmente la sustitución del total de energía primaria. De cara al futuro hay que pensar en el papel predominante que ha de representar la energía nuclear de fisión hasta que, tecnológicamente, la nuclear de fusión alcance el desarrollo que de la misma cabe esperar.                               
Vicente Flores Luque
Académico de Santa Cecilia

4 comentarios:

  1. El artículo de esta semana es ameno e instructivo.

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  2. Gracias, estos son artículos que forman.

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  3. A veces, lo relevante se esconde entre lo técnico. Entre nuestros cálculos obviamos que no hay energía capaz de saciarnos. No hay carbón, gas, petróleo, nuclear ni renovable que pueda garantizar nuestro modelo de crecimiento ilimitado en el que nos obstinamos en seguir instalados. Pero, al menos, ninguna más coherente con la relevancia que las renovables. El conocimiento científico, en su humildad, reconoce que está en continua construcción. La nuclear es una apuesta con efectos a tan largo plazo que debería darnos vértigo. ¿El estado actual de nuestro conocimiento ha perdido tanta humildad que es capaz de argumentar con seguridad por un tipo de energía cuya utilización deja efectos ante los que tendrán que lidiar nuestros descendientes de varios cientos de generaciones? ¿Qué dirá la ciencia dentro de, por ejemplo, quinientos años sobre este asunto?

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