lunes, 29 de septiembre de 2014

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (186)

EL VAPOR-CITO.

           De siempre, al ahora llamado “Vaporcito” se le llamó “el Vapor”.  Alguien, en Cádiz y que Dios lo haya perdonado, se le ocurrió en exceso de cariño familiar –hay cariños que matan- llamarlo “Vaporcito”, y se le quedó. La motonave Adriano, conocidísimo barco de pasajeros del Puerto a Cádiz y viceversa, siempre ha sido referido como el Vapor; el Vapor del Puerto, sin el “cito”. Nada de “Vaporcito”.
Dicen, que un día, un grupo de amigos, sentados en la terraza del Bar Lucero de Cádiz, estaban muy desocupados viendo pasar a la gente.  Ocurrió que uno de ellos le dijo a otro: “ahí viene tu amigo Manolo”.  Un segundo apostillo: “si, Manolito”. Y así se le quedó. Pues igual ocurrió con el Vapor. Uno de los amigos comentó: “estoy viendo llegar al Adriano, esto es, al Vapor del Puerto”. Y otro, amigable, amorosa y generosamente, lo completó: “Si, el Vaporcito del Puerto”.  Y también se le quedó el nombrecito. Luego pasó a ser el Vaporcito, sin más connotaciones geográficas; porque Cádiz siempre ha sido así de cariñoso y prohijador.

     Yo admito con reticencias lo del diminutivo benevolente. Siempre me ha parecido lleno de sentimiento cariñoso pero algo conmiserativo, el llamarlo el Vaporcito. De toda la vida se ha hablado del Vapor; del Vapor del Puerto, de esa Ciudad,  envejecida,  que sigue siendo la muy Noble y Muy Leal Ciudad del Gran Puerto de Santa María; por mucha anciana y respetable decadencia en su Centro, que le quieran criticar algunos.


     El Vapor, en su delicada situación actual, en la UCI de su varadero,  sigue aspirando a cruzar la Bahía, a desdén de Ponientes y de Levantes.  Yo me permito creer que desea que lo sigan añorando y llamando el Vapor, con su rotundo nombre de  modesto orgullo de siempre.  También, que Pepe, Eduardo y Juan –en su descanso eterno- se sentirán confortados  con la actualización de su nombre, en espera de que sea transitoria la muy delicada y difícil situación actual de la motonave.

    Nada más grato para la gente del Puerto si volviésemos a oír su ronco característico pitido de salida. (Avisando a los rezagados que lo escuchaban, corriendo todavía por las Cuatro Esquinas. Pepe esperaba). El Vapor siempre salía pero siempre esperaba.

     Todos los portuenses deseamos añorantes ver navegar de nuevo, bajo su imperecedera silueta –elevada hoy estérilmente a icono turístico-, al Vapor. (Sin el “cito”).
José López Ruiz
Académico de Santa Cecilia

3 comentarios:

  1. Bonito artículo de D. Jose Lopez, como todo lo que el escribe sobre su gran pasión, es decir, El Puerto de Santa Maria, espero que la Academia algun día haga una recopilación de todos sus artículos.

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  2. Pues sí, EL VAPOR. Así lo hemos llamado siempre.
    José María

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  3. Sí señor, D. José: Está sonando "el Vapor de la una" .... creo que sonaba antes, como es lógico, "el Vapor de las nueve" ... y creo había un tercero, "el Vapor de las tres"; puede que me equivoque en laguna de las horas, pero el reloj más "sonado" del Puerto fue siempre el del Vapor, conjuntamente con otra señal horaria local que era "la sirena de Terry".

    Enhorabuena, D. José.

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