lunes, 5 de junio de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO VI (1)

La música del Barroco (1620-1720)

La palabra  barroco procede del francés “baroque”, que significa irregular, retorcido, asimétrico. Surgió como reacción a las líneas clásicas del Renacimiento, sin embargo, en algunos aspectos, el nuevo estilo, no supuso algo más que una desviación del renacentista.  Se aplicó, en principio, a la arquitectura y a las artes decorativas  donde el espíritu era totalmente distinto. Las líneas rectas, la placidez del espacio y la proporcionalidad del conjunto fueron sustituidas por columnas retorcidas con una intensidad de movimiento, con una expresividad y un sentimiento de autoafirmación individualista.





En música, la relación entre Renacimiento y Barroco es, en cierto modo, la misma que entre el Románico y el Gótico, pero en un nuevo nivel y en otra época. En el periodo de transición del renacimiento al barroco, se compuso música genuinamente barroca. En la historia de la música, se considera que el Barroco comienza a principios del siglo XVII, porque muchas de las características que definen este estilo surgieron en aquella época.
Estas características son: mayor expresividad; creciente protagonismo de   la música instrumental; desarrollo de nuevas formas profanas de danza y poesía,  y una mayor conciencia de la armonía funcional como principio organizador de  la música.
El Barroco surgió en Italia y se expandió hacia el norte, generando una gramática y sintaxis nuevas. La educación musical durante el Barroco se basaba en una tradición oral y otra escrita. La notación musical era más bien parca en detalles, dejando las cuestiones sobre articulación, ornamentación e incluso qué notas se debían tocar, a la experiencia y habilidad del intérprete. Eso suponía conocer las reglas y los gustos musicales, sujetos a los cambios. La improvisación era normal. Los intérpretes añadían todo tipo de efectos no anotados, desde trinos y pequeñas adiciones, hasta pasajes enteros de creación propia.
Este periodo fue la época del gran auge de la música instrumental en el nuevo estilo polifónico para una combinación de varios instrumentos. Estas circunstancias propiciaron el advenimiento de la Escuela Veneciana, que tuvo gran importancia en el desarrollo de la música polifónica instrumental y en las nuevas formas instrumentales. La forma de las obras instrumentales barrocas era la polifónica, que pronto se convertirían en el lenguaje común de la música culta del siguiente siglo y en adelante.
El bajo continuo era fundamental en la música barroca. Consistía en una  voz grave siempre presente que acompañaba a una o más voces agudas, manteniendo un pulso constante, delimitando y apoyando el ritmo. Eso daba a los instrumentistas y cantantes la estabilidad que necesitaban para jugar con la música, pues podían alterar la duración de algunas notas –Rubato-, para luego volver a reunirse con el bajo continuo. Para tocar con bajo continuo se recurría a cualquier instrumento que estuviera disponible. El clavecín era una opción muy apreciada, así como el laúd o la tiorba. Se solía agregar un instrumento de cuerda frotada como el violonchelo o la viola de gamba. El bajo continuo se consideraba un arte, exigía a los músicos un buen sentido rítmico, así como una buena comprensión de la armonía y de la conducción de voces.
En la polifonía instrumental y la monodia vocal con acompañamiento de bajo continuo se desarrollaron simultáneamente, favoreciéndose la una a la otra, además de crear nuevos géneros musicales: el concierto, la cantata, la ópera y el oratorio, se fundaron sobre los principios de la expresión y de la emoción. La ópera representaba la realización del deseo barroco de la expresión diversificada, pues trataba todas las emociones posibles y permitía la oposición de elementos dramáticos, musicales y visuales.
Las formas de composición orquestal fueron las suites, el <<concierto grosso>> y, en conexión con la ópera, la obertura y la sinfonía. También, se escribieron tocatas, variaciones y fugas para órgano; y se componían danzas y otras piezas pequeñas <<canzoni>> para clavicordios y clavicémbalos, que constituyeron los cimientos de un verdadero estilo orquestal. 



Especialmente importante es el desarrollo de la sonata en su forma más antigua, pieza instrumental en oposición a la cantata, cuyos movimientos tenían un marcado carácter de danza; luego evolucionó en otra forma más decidida, en la que sólo se daban indicaciones del<<tempo>> para cada movimiento de las obras instrumentales. Como las suites para orquesta o teclado, la forma sonata sufrió la influencia de los preludios operísticos, que constaban de tres movimientos: uno rápido, otro lento y un tercero rápido –sinfonía -, o al revés: uno lento, otro rápido y un final lento otra vez - obertura francesa.
El concierto surgió a partir de la oposición de dos fuerzas musicales  <<solo contra tutti>> que había abierto la música coral de finales del siglo XVI.  En los <<concerti Grossi>>y otras composiciones orquestales, los matices musicales se obtenían por el contraste de timbre de los diferentes grupos de instrumentos, equivalentes a los claro-oscuros, luces y sombras, típicos de la pintura barroca.
La  cantata  solista, sacra o profana, también se basaba en el principio de las fuerzas opuestas, de la variedad de estados emocionales y de la expresión declamatoria directa.
La fuga procede de la polifonía vocal y es la manifestación técnica y artística más madura y libre de la escritura contrapuntística. Pueden diferenciarse dos grupos: la fuga libre, en las que las imitaciones de las partes se sucedían; y la fuga escolástica, cuya composición es de estructura fija e imperturbable.
La ópera surgió como una ramificación del oratorio sacro, género en el que se representaban historias bíblicas mediante recitativos y arias, diversas formas orquestales y coros dramáticos. La ópera representaba el deseo barroco de la expresión, pues trataba todas las emociones posibles y permitía la oposición de elementos dramáticos, musicales y visuales.
El nacimiento de la ópera se engendró en una academia florentina la <<Camerata Bardi>>, formada por un grupo de compositores, entre los que se encontraban: Giulio Caccini, Vincenzo Galilei (padre de Galileo)  y Piero Strozzi, que se reunían en la casa de Giovanni di`Bardi. Todos ellos entusiastas de la música griega antigua con la que buscaban expresar el tono natural y los acentos del lenguaje hablado, a través de la monodia, en una obra cantada en su totalidad.
 Se dice que, en el seno de este grupo, nació la ópera, pues aquí, en 1598, vio la luz la primera ópera: Dafne, libreto de Octavio Rinuccini y música de Jacobo Peri.
Durante los siglos XVII y XVIII, las escuelas italianas de Roma, Venecia y Bolonia, llevaban la voz cantante. Las escuelas de Venecia y de Bolonia convirtieron a estas ciudades en la Meca para músicos y cantantes.
En Venecia era habitual el mecenazgo y la publicación de obras musicales, ambos aspectos servían de carta de presentación para los músicos de talento. En la ópera veneciana predominaba el canto solista que completaban con escenografía mecanizada y acompañamientos orquestales de unos pocos instrumentos de cuerda y dos clavecines. Uno de los centros de la escena musical veneciana fue la basílica de San Marcos, donde los músicos no estaban sujetos a las imposiciones de Roma y podían desarrollar en libertad el género y el estilo que allí no eran bien recibidos por el Papa.
  En Bolonia, la vida musical se apoyaba en academias dirigidas por músicos profesionales que daban una formación teórica y práctica a sus miembros, en su mayoría jóvenes de la nobleza. Entre todas ellas sobresalió la Filarmónica, fundada en 1661, donde sus miembros se reunían para escuchar y analizar la nueva música. También se distinguió por la instrucción musical práctica, especialmente por el canto.  
Aunque durante el siglo XVIII fue la ópera el género que dominó la escena musical italiana, la música instrumental no dejo de experimentar un desarrollo sin precedentes. El auge de la edición musical en Amsterdam, París y Londres, y las publicaciones musicales, permitían evocar las actuaciones de óperas y conciertos que se abrían cada vez más a sectores de la sociedad, propiciando, a finales del siglo XVII, un cambio esencial en el estatus de la música instrumental.
A principios del siglo XVIII, fue significativo el surgimiento de la ópera cómica<<bufa>>, cuyo origen se halla en Venecia, en la conjunción entre el libretista Pietro Pariati, los compositores Francesco Gasparini y Tomaso Albinoni, y el bajo cómico Giovanni Battista Cavana. La ópera bufa incorporó algunas de las reformas establecidas por la  Accademia dell’Arcadia, en lo referente a la simplificación del argumento, pero sus caracteres se basaban en personajes de la vida real, no en dioses ni héroes, y las melodías eran simples y poco ornamentadas. La ópera bufa más relevante fue La Serva Padrona (1733), de Battista Pergolesi, que con sus personajes falibles y verosímiles se convirtió en el paradigma del tratamiento musical y argumental del género bufo.
Esta fue una época rica en teóricos musicales que proporcionaron  a la ópera una moderna base intelectual y filosófica. Entre ellos, los más relevantes fueron Apostolo Zeno y Pietro Metastasio. Ambos reconocían  la función social de la ópera como proveedora de una cultura “elevada” y el medio para el ejercicio de la crítica social  y, por ende, como instrumento para la transmisión de la educación moral y civil. Los dos pertenecían a la influyente <<Accademia dell’Arcadia>>, que propugnaba la idea clásica de las unidades de tiempo, lugar y acción en el teatro, y ambos decidieron que los argumentos debían estar exentos de elementos cómicos y mágicos, donde la música debía ejercer un papel secundario al servicio del texto. Esos patrones dominaron la ópera seria hasta el final del siglo XVIII.  Albinoni y Vivaldi pertenecen ya a la nueva generación de compositores que los relevó.
La fuerza instrumental de los dos grandes maestros del barroco alemán,  Juan Sebastián Bach y Händel, se combinaba con la pureza y claridad de los compositores italianos y las formas elegantes y cortesanas de los franceses. De las fugas de Bach se pasa a las líneas melódicas de Scarlatti y Haydn, como en la pintura voluptuosa y rotunda  de Rubens al refinado género bucólico de Watteau.




Así se entra en una nueva época: El Rococó
Academia de Santa Cecilia

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